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Hermandades

Cuando la iglesia de Santa María fue la parroquia de la Casa Ducal

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Mientras que la Iglesia de San Juan fue la parroquia mayor de Marchena, de la que dependían todas las demás de Marchena y Paradas; la iglesia de Santa María, a escasos metros de la anterior, fue Parroquia bajo la jurisdicción del Duque, al estar dentro de su propio Palacio.  Un palacio que incluía además de la iglesia, dos conventos franciscanos: Capuchinos y Clarisas.

Esta Parroquia era el lugar donde se celebraban las grandes ceremonias religiosas de la Casa Ducal, las bodas y bautizos, festividades y cultos. Por eso tenía un estatus especial. Era obligado que a estas ceremonias acudieran las personas que estaban directamente bajo mando ducal, como el Cabildo, los jueces, los militares, el clero y el pueblo que trabajaba directamente para el Duque, incluyendo las hermandades allí establecidas como la Sacramental, Santa Cruz o la Soledad, que como es sabido es la última institución que pervive de todo el rico y complejo entramado ducal y uno de los símbolos de Marchena junto a la torre de Santa María.

No en vano la Soledad salía tres veces al año, por Viernes y Sábado Santo y en la festividad de la Virgen en Septiembre, siempre acompañada de los más altos cargos de la villa.

El mandato del Duque afectaba a toda la villa pero especialmente a lo que sucedía dentro de sus muros, incluyendo el Cabildo, Plaza Ducal, Palacio, Iglesia de Santa Maria y los dos conventos de Capuchinos, que eran los capellanes del Duque e incluso comían con él, y el convento de la Concepción, Santa María.

Además a petición de los Duques los Papas concedían algunos favores especiales a la Iglesia de Santa María como la bula de Urbano VIII de 20 de mayo de 1627,  concediendo «indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados» a quienes asistieran a la oración de las 40 horas en dicha iglesia  y pidan a Dios  «por la concordia de los príncipes cristianos extirpación de las herejías y exaltación de  la Santa Madre Iglesia».

En «Las 40 horas» del Viernes Santo se adoraba al Santísimo Sacramento de forma continuada durante el tiempo que se cree pasó entre la muerte y Resurrección de Jesús  durante un periodo de cuarenta horas recordando y recreando la muerte y bajada de la Cruz de Jesús, al que solían asistir los altos cargos del Ducado tocados con velo y ropa negra.

La Inmaculada Concepción, de ascendencia franciscana era la gran devoción de los Ponce de León, instaurada por Don Rodrigo, Duque de Cádiz, desplazando a devociones anteriores como San Eutropio, desde que según sus cronistas oficiales Rodrigo vió en sueños a la Virgen y le prometió ser invencible en las batallas contra moros. La Inmaculada estaba en el escudo de Don Rodrigo, en la Puerta de Osuna, o Puerta de la Concepción, y en la parroquia de Santa María, para donde se encargó la talla de la Inmaculada hoy en San Juan.

«Desde tiempo Inmemorial» según Diego de Becerril Vicario de la villa de Marchena en 1525 » había costumbre de decir una misa votiva todos los miércoles de cada semana a la Limpia Concepción de Nuestra Señora en la Iglesia día de la Mota». El Arzobispo de Sevilla «bajo cierta pena obligaba a los curas, clérigos y capellanes a que asistieran a dicha misa acompañados de «la devoción todo el pueblo». Además, Marchena fue uno de los primeros lugares en jurar el voto Concepcionista en septiembre de 1616, como se recordó con la Magna Mariana de 2016.

Los Capuchinos eran los capellanes del Duque; su Palacio y por extensión del templo de Santa María, desde que habiéndole salvado la vida al Duque en Nápoles y Valencia, el propio Duque Don Rodrigo, nieto del Duque de Cádiz, decide construirles el convento de Angeles Custodios dentro de su Palacio, comunicado con éste por una tribuna.

Otra tribuna permitía el paso de los Duques de su Palacio a Santa María para oír misa separados del pueblo, pasando por una galería elevada autorizada en 1599 por el Arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval «por cuánto el visitador Juan de Palacios envía información acerca de que se dé Licencia para hacer una tribuna alta en la iglesia de Santa María, para que en ella oigan misa el Excmo. Señor Duque, de cuyo deseo no se funda daño alguno».

El 23 de diciembre de 1665 el Papa Alejandro VII concede breve para que la IV Duquesa de Arcos pudiese entrar cuatro veces en cada convento franciscano de Andalucía, con especial mención a los de la Concepción y Santa Clara de Marchena con el visto bueno del superior de los franciscanos andaluces Blas de Benjumea.

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José Gallardo: «Una hermandad del Rocío es un escaparate de su pueblo ante de todo el mundo y una prueba durísima»

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José Gallardo Velázquez rociero, responsable del Plan Romero de la Junta de Andalucía y jefe del departamento de Vías Pecuarias de la Delegación Provincial del ramo de la Junta de Andalucía expresó ayer en San Lorenzo que una hermandad del Rocío es un escaparate de su pueblo ante personas de todo el mundo.

Pero además es «una prueba durísima» afirmando que «el camino del Rocío es cien veces más complicado y más complicado que el Camino de Santiago porque no hay nada que te distraiga. El camino del Rocío es más intenso, tiene la luz, la plata, la copla, las flores, las amistades y la serena compaña de quien no conoces a tu vera», expresó.

El camino tiene que esta pensando para el que menos tiene, «para el que va andando» y dijo que la base de la romería son los que caminan todo el tiempo detrás de la carreta de Simpecado.

«Al Rocío lo mueve la Fé de una persona y eso se refleja haciendo las cosas con autenticidad» expresó. «Cuando las cosas se hacen de verdad con fe y corazón no hace falta explicar nada, cualquiera lo ve, eso llega y eso es el camino» y señaló que detrás de una carreta no deben faltar peregrinos que vayan acompañando la carreta, donde se crea ese «ambiente auténtico».

Otra cosa importante de las hermandades del Rocío, dijo es que vayan sembrando por donde pasen, tal y como indican las reglas, «con autenticidad, organización y fé y confianza en Dios.  El hombre propone y Dios dispone» señaló. «El camino es el camino y para empezar el camino hay que desprenderse de quien uno es, de tu posición en tu pueblo, y pensar en servir que es una faceta importante del camino del Rocío» expresó.   «El servicio es un ejercicio de la vocación de un cristiano y es fundamental ejercerlo. El rociero es el que da los buenos días, darle un cigarro al que no tiene quien lo escuche. El Rocío muchas veces es guardar silencio» señaló.

«El camino del Rocío empieza el día que se ha vuelto de la romería» explicó. «las hermandades del Rocío no se han consolidado hasta que un grupo de peregrinos no sale andando de su pueblo y llega andando al Rocío». Como ejemplo puso la hermandad de El Cuervo que iba con Lebrija y esta no tenía por costumbre llevar peregrinos andando. El Presidente comenzó a ir andando detrás del simpecado, andando desde su pueblo y esto impactó y arrastró más gente andando detrás.

«El sacrificio y el servicio son plantas que dan frutos extraordinarios. El Rocío también es luz. Para que el cirio tenga luz se tiene uno que quemar. Hay que quemarse porque los colectivos están formados por personas. Hay que quemarse porque si no te quemas luz no hay. Y esa luz es el Rocío. La luz de nuestro servicio y de nuestro sacrificio» explicó.  Esa luz es darle un vaso de agua a un peregrino sediento, expresó, o arrimar al peregrino al simpecado o acercarlo a la misa, o darle un romero del simpecado. «Eso es poner luz pero eso necesita que uno se queme. Y tiene uno que agotarse si no, no brilla»,dijo.

Entre las anécdotas personales describió momentos tras la carreta de Simpecado rezando el Rosario, en las horas en que por el calor menos gente hay. Recordó un momento en el que rezando el Rosario y tras cantar la salve improvisaba sevillanas que le brotaban del alma en ese momento.

«La señora que llevaba al lado me puso la mano encima y me dió un apretón y me dijo muchas gracias porque has rezado el Rosario con el corazón, y las sevillanas que has cantado han sido mis ojos viendo el Rocío. Al decir eso, me vuelvo y era ciega, venía haciendo el camino de Antequera. Yo me quedé consternado. Poco después un sacerdote me dijo anda palante que Dios está contigo. Todos los que hacemos el camino debíamos ser los ojos para otros, transmitiendo con claridad los momentos que se te han clavado en el alma y olvidar todo lo malo que pasa que de eso hay en todos lados» expresó.

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