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Historia

Cuando se propuso hacer el Rio Corbones navegable para dar salida al trigo

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En el siglo XVIII, en tiempos de la ilustración los gobernantes buscaban la mejor forma de sacar partido a la naturaleza como el Rio Corbones para beneficiar a Marchena y municipios cercanos, cuya tierra fértil se vería así beneficiada por el riego y la posibilidad de hacerlo parcialmente navegable.

En Francia se había costruído el Canal Du Midi, que atraviesa el sur del país del Mediterráneo al Atlántico, con el fin de permitir el regadío y abrir un nuevo cauce de comunicación fluvial para transportar mercancías. En España se abrió el Canal de Castilla en el XVIII para dar salida al trigo del centro de España, que con la llegada del tren quedó obsoleto.

Canal de Castilla

Fernando Pérez del Pulgar  Marqués de Pozoblanco propuso en Abril  de 1842 en un informe del Ministerio de la Gobernación reunir todas las fuentes y aguas surgentes de la Sierra Blanquilla para duplicar el cauce del Corbones, en sus 177 kilómetros de forma que pudiera usarse para regar en su tramo medio por La Puebla, Marchena y Carmona y así facilitar la navegación hasta su desembocadura en Alcolea. La navegación facilitaría la salida de productos agrarios hasta el Guadalquivir. El proyecto fue publicado por El Eco del Comercio del Jueves 7 de Abril de 1842.

Poco después llegó el tren, por lo que este proyecto quedó en el olvido, sin embargo quedó pendiente el tema del regadío, que se rescató en los años 30, 70 y 90, sin que hasta ahora haya prosperado, salvo por la construcción del Pantano del Corbones.

 Dicho informe iba acompañado de una serie de planos donde se palpaba «la facilidad de su ejecución», trabajo del ingeniero general marqués de Pozo-Blanco en 1747 «para aumentar las aguas del Río Corbones y hacerlo navegable en parte y sacar regadío de él».

El Corbones tiene 177 kilómetros, nace en sierra Blanquilla Pasa por Pruna, Algamitas, El Saucejo, La Puebla de Cazalla, Marchena y Carmona. Desemboca en el Guadalquivir, cerca de Guadajoz, pedanía de Carmona y Alcolea del Río.
En los años 90, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir construyó un embalse a la altura de La Puebla de Cazalla con un coste de 60 millones de antiguas pesetas y una capacidad aproximada de 70 Hm.

 Proyectos para hacer navegable el río en el S. XVIII

Resulta evidenciado que uniéndole a poca costa unos «cimientos inmediatos á Almargen, á cuya villa perjudican, puede acrecentarse el Corbones vez y media más de lo que es actualmente, y que unas lagunas considerables inmediatas á La Puebla, Morón, etc., pueden dirigirse á desaguar á dicho río y constituír depósitos» con un  presupuesto de 1,000 pesetas de la época.

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El informe original está fechado en Sevilla el 9 de enero de 1747 es obra del ingeniero general Marqués de Pozo Blanco y contiene una serie de planos, además de una  enumeración de todos los arroyos y brazos de agua que vierten sus aguas al Corbones, desde Marchena hasta su nacimiento en Almargen, Teba, Málaga. Además enumera el coste y descripción de las obras para reconducir varios arroyos de dicha sierra hasta el río y de los molinos que usan sus aguas.

«A una legua apartada de las orillas del Corbones, está situada la villa de Marchena, muy buena población, y que conseguida la navegación se aumentaría con las conocidas ventajas que a sus habitadores le ocasionaría».

El estudio propone incorporar al cauce del Corbones los manantiales cercanos a su nacimiento «hasta aquí anotados y economizando las aguas que están malvertiendo en el riego de huerta» y limpiando en algunos parajes las cajas de los arroyos a fin de que lleven su cauce natural, se conseguirá dar bastante aumento a dicho Corbones».

«Habiéndose tenido noticia de que en los alrededores de Almargen había copiosos manantiales, se puso a hacer reconocimiento y proyectar darles curso , é incorporarlos con el rio, y en efecto se encontró ser cierto , cuanto espresaron los prácticos como se procura hacer ver por el plano adjunto y descripción de este territorio«.

Al mismo tiempo se propone dar salida al río una serie de lagunas existentes en el curso medio del Corbones cerca de La Puebla.

«A un cuarto de legua del expresado Corbones inmediato al camino que va de la Puebla a Cañete pasado el Castillo se encuentra una laguna que en tiempo de la mayor escasez tiene mil pasos de larga y trescientos de ancho, y su profundidad parece grande; en ella podría hacerse un gran depósito de agua dándole fácilmente salida al Corbones; también pudiera hacerse otro de mas de medía legua cuadrada y de la altura que se tuviese por conveniente debajo del castillo de la Puebla.

Entre los tres lugares de Morón, la Puebla y Arahal hay unos depósitos ó lagunas que parece provienen de manantiales y se necesita hacer en tiempo correspondiente exacto conocimiento para averiguar si son como parecen de notable consideración, y proyectar en este caso como mejor convenga su desagüe al río. Por último se incorpora un cálculo de costes de los trabajos para llevar a cabo el proyecto.

Historia

Una sortija de diamantes de la Virgen de Guadalupe en el Convento de Sta. María

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Guadalupe Láncaster, Duquesa de Arcos, entregó al convento de La Purísima Concepción de Marchena una sortija de diamantes que fue de la Virgen de Guadalupe de Cáceres, para que fuera usada en las bodas de los Duques, sus descendientes según la documentación conservada en el AHN.

Los tesoros que Guadalupe Láncaster dejó en Marchena. 

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 Esta información aparece en el documento del 7 de diciembre de 1716 «Escritura dada ante Juan Álvarez Navarro a favor de Joaquín Ponce de León Lancáster,VII duque de Arcos, por la que el Convento de la Purísima Concepción de Nuestra Señora de Recoletos Descalzas de Marchena (Sevilla) reconoce el depósito de una sortija de diamantes que María Guadalupe Lancáster Cárdenas, IX duquesa de Maqueda, había dejado vinculada al mayorazgo de Arcos». Incluye una carta, de 1824, de la abadesa del Convento informando de la existencia de las razones del depósito de la sortija.

Guadalupe Láncaster dejó esta sortija en depósito al convento «dándose por entregadas a la ley de depósito de una sortija de diamantes que dejó vinculada al mayorazgo de Arcos para que todos los sucesores de la dicha casa de Arcos se velasen con ella y obligándose aquella comunidad a entregarla siempre y cuando fuera para el referido uso». Guadalupe Láncaster está enterrada en una cripta que existe bajo la Virgen de Guadalupe de Cáceres mientras que su marido fue enterrado en el convento de San Agustín de Marchena.

Se trata de una sortija de diamantes «que tuvo muchos años muchos la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y la comunidad de aquel santuario se la regaló en ocasión que presentó a la Virgen un cetro de diamantes». Joaquín Ponce de León fue el primero que cumplió con la voluntad de su madre. La Duquesa pidió «que dicha comunidad la tenga guardada y que no permita se use de ella si no es en las ocasiones que están elegidas para que nunca se pueda tocar ni estorbar reliquia de tanta estimación sino que en todos los tiempos permanezca».

Iglesia

También figura un escrito 1824 donde la madre abadesa Madre Carmen del convento de Marchena reconoce la existencia de dicha sortija de diamantes y cuenta cómo los Duques venían de Madrid con el fin de recoger la sortija para las bodas. «Muchas veces que vinieron de Madrid para este efecto por ella y daban al convento un escrito en que se obligaban a devolverla. Se la llevaban hasta Madrid y luego que servía para la ceremonia del Sacramento la devolvían. Hoy persevera en este convento en esta forma y puesta en manos de una hermosa imagen santísima que tenemos en el coro. De todo esto se le habló a la Excelentísima Señora Duquesa las veces que ha estado dentro de nuestra clausura visitándonos y también se le enseñó la imagen y la sortija que aquí refiero». Documento dado ante el escribano José Medina en 1824.

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Actualidad

Vía Crucis al Cristo de la Salud de Fuentes dentro de la Parroquia por el fin de la pandemia

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Este viernes 23 de octubre tendrá lugar en Fuentes de Andalucía el Vía Crucis extraordinario de rogativas dentro  del templo la iglesia parroquial Santa María la Blanca cumpliendo todas las medidas de seguridad vigentes, siguiendo una costumbre ancestral.

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Los vecinos de Fuentes llevan siglos rezando al Cristo de la Salud cuando hay epidemias.

Un Cristo que vino de Marchena traída por una monja llamada Juana de Vega, que mientras rezaba ante un cristo de marfil de su familia oyó una voz que decía «Hazme grande y seré la salud de este pueblo», según cuenta la tradición y recoge en su blog el Cronista Oficial de Fuentes, Francis Gonzalez.

Juana de Vega decidió entonces ir a Marchena y encargar a un carpintero un Cristo de tamaño real el cual llevó hasta Fuentes en un carro tirado por bestias y se colocó en la iglesia del convento de San José, de los frailes Mercedarios Descalzos.

Nacida en Marchena en 1586, desde su infancia vivió en Fuentes, y con la llegada de los mercedarios en 1607 se hizo beata del convento de San José, sin ser religiosa.

En 1610 consiguió tomar el hábito de la Merced, y destacó por sus prácticas místicas adquiriendo fama de santa, y falleció  con veintiocho años; el 25 de enero de 1616 y fue enterrada en la iglesia de los mercedarios de Fuentes.

El 2 de abril de 1699 se dispuso se hiciese novenario con sermón y procesión general en el Convento de Mercedarios Descalzos con la imagen del Santísimo Cristo de la Salud, una rogativa por sequía primera de la que se tiene noticia escrita.

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Historia

Cuando las tropas de Marchena y de los Ponce tomaron el Alcázar de Sevilla en 1520

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El 16 de septiembre de 1520 don Juan Suárez de Figueroa, hermano de Rodrigo I Duque de Arcos -enterrado en Santo Domingo de Marchena- levanta sus tropas de Marchena y Mairena del Alcor apelando al movimiento comunero y contra el Duque de Medina Sidonia y su entorno de judeo conversos y toma el Alcázar de Sevilla por 24 horas justo mientras los comuneros toman  Tordesillas e intentan atraer a la
reina.

Un episodio entre los movimientos comuneros de Castilla y las guerras nobiliarias sevillanas de finales del XV entre las casas de Niebla y Marchena. El propio duque de Medina Sidonia acusaba al duque de Arcos de estar detrás de su hermano y de apoyarlo desde sus lugares de Mairena del Alcor y Marchena.

Ese año los comuneros de Castilla cortaron el cuello a sus procuradores en las Cortes cuando descubrieron que, seducidos por sobornos imperiales, habían autorizado la subida fiscal que demandaba Carlos V un rey extranjero que no hablaba español y llenó la corte de flamencos.

Días antes, los rebeldes se habían reunido en el convento dominico de San Pablo de Sevilla, en protesta por las sacas de trigo, la subida de impuestos y la influencia de los judeo conversos en el gobierno de la ciudad, protegidos por los Guzmanes, pidiendo su expulsión según explica Antonio Collantes de Terán. «Yo soy cavallero que no tengo que perder. Yo me alçaré con la comunidad y tomaré al Alcáçar y de allí haremos lo que quisiéremos» dijo Juan Figueroa.

Los dominicos fueron acusados de favorecer el levantamiento comunero dandoles comidas aunque ellos lo negaron.

Eran hermanos del I Duque Pedro Ponce de León, Juan Suárez de Figueroa, Bernardino Ponce de León y García Ponce de León, a quienes en su testamento de 1530 deja ciertas cantidades de ducados, y con otras obligaciones. Todos eran hijos del capitán Luis Ponce de León Suárez de Figueroa Señor de Villagarcía.

Sobre la una de la tarde, don Juan de Figueroa se dirigió al Palacio de
su hermano, el duque de Arcos, en la Plaza Santa Catalina, que estaba ausente convocando a sus criados, familias y partidarios, tomó las armas y artillería allí existentes, e inició la toma del Alcázar de Sevilla siendo las tres de la tarde.

Los sublevados 300 hombres armados y varias piezas de artillería recorrieron el centro de la ciudad dando vivas al rey y a la Comunidad.

En la calle de la Alhóndiga, y plaza de Santa Catalina, varios hombres de Juan Figueroa trataron de arrebatar la vara de justicia al Asistente, invocando la comunidad, echaron mano de sus espadas, provocando una desbandada. Mientras, los Tello, los Guzmanes y las autoridades de la ciudad reunían gente para luchar contra los sublevados.  Los dos bandos se encontraron en la Plaza San Francisco dispuestos a la batalla.

Los frailes del vecino convento de S. Francisco y varios caballeros, trataron de resolver la situación por vía pacífica.  Se llegó a un acuerdo, por el que don Juan de Figueroa devolvería las varas sustraídas a distintas autoridades y se volverían a su casa, pero no sucedió así. Figueroa cañoneó la puerta del Alcázar y entró.

El Arzobispo Diego de Deza había retenido contra su voluntad al Alcalde de Justicia y Asistente en el Palacio Arzobispal y los militares al servicio de los Guzmanes tratan de convencer al Arzobispo de que los apoyase pero no lo ven claro, y temen que apoye al bando contrario. De modo que deciden retirarse esa noche y esperar al día siguiente mientras que vigilan que por las puertas de la ciudad no entrasen refuerzos para los sublevados desde Marchena o Mairena.

Al día siguiente domingo las autoridades de la ciudad los Tello leales al Rey y los Guzmanes retomaron el Alcázar no sin cierta batalla  dentro de las murallas que lanzaban lanzas y flechas.  Don Juan de Figueroa herido, se defendió, pero Juan Gutiérrez Tello consiguió desarmarlo y hacerlo prisionero y entregarlo a la justicia del Rey.

El Lunes el Duque de Arcos había reunido tropas desde Marchena y resto de sus pueblos para entrar en la ciudad. Cuando le dijeron que depusiera su actitud replicó que dado que en la ciudad no había libertad y que las puertas estaban controladas por gentes de los Guzmanes no podía actuar de otra forma. Los Guzmanes tuvieron el control de las puertas de la ciudad entre el 20 de septiembre y el 7 de octubre.

El Duque de Medina Sidonia trataba de controlar cualquier movimiento en favor de los Ponce dentro de Sevilla hasta el punto de que,  los tenientes de alcalde y alguaciles no dejaron mesón ni taberna de Sevilla por registrar, buscando gente de Marchena y de Mairena del Alcor, y amenazando con penas de azotes a los que los acogiesen.

Se dccretó prisión para Juan de Figueroa, quien pronto logró huir, Juan de Gallegos y la del doctor Neira, teniente de alcalde mayor por don Juan Portocarrero, recluido en las Atarazanas. Se actuó contra caballeros relacionados con el duque de Arcos y contra 200 personas.

Semanas mas tarde su hermano don Juan de Figueroa le recriminó no acudir en su ayuda, mientras Juan de Guzmán salía a buscar unas tropas que estaban en la Cruz del Campo. Pedro Girón, pocos días después del levantamiento, da a entender que el duque no se implicó en el mismo, aunque también alude a su hipocresía.

El duque de Arcos el lunes estaba movilizando a sus gentes pero el miércoles enviaba correos y cartas  diciendo que no sabía nada y condenando la actuación de su hermano don Juan de Figueroa.

Las cartas de don Juan al I Duque de Arcos dos meses después dicen:  “dize vuestra señoría, que partí sin hablalle, ni saber vuestra voluntad. Y a esto digo que bien se acordará cómo aquella noche que hablamos, quedó determinado que vuestra señoría avía de seguir la opinión de los gobernadores». Y me dixo que en todo lo que uviese menester de vuestro favor, lo tenía para en otras cosas, pero que en este negoçio no avía lugar».

 

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Historia

Así era viajar a América en 1600: el caso de Luis de Carvajal, de Marchena

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Las noticias fabulosas del Nuevo Mundo atraen a muchos peninsulares que, en busca de tierras de fortuna, desarrollan una intensa corriente migratoria desde Andalucía a América.

La emigración a Indias afectó la estructura demográfica sobre todo de algunas comarcas,  por la marcha a América de varones adultos en edad de procrear.

El 3 de Diciembre de 1612 se autoriza a Luis de Carvajal, natural y vecino de Marchena,de 26 años  hijo de Cristóbal de Carvajal e Isabel de la Fuente, a Tierra Firme, soltero, y viudo que iba a Perú a reunirse con la familia de su difunta esposa María Jiménez de Alcalá con quien tuvo una hija.

Carvajal como el resto de pasajeros necesitó el visto bueno del Asistente o Alcalde de Marchena y una autorización por escrito del propio Rey además de una declaración donde afirmaba que no era descendiente de conversos ni judíos ni moriscos.

Dice que es hijo de Cristóbal de Carvajal y de Isabel de la Fuente y nieto de Alonso Sánchez de Carvajal y de Mencía de Pedroza, y de Alonso Sánchez Doblado y Clara González. Y que la rama de los Carnaval viene de Carmona y que la de la Fuentes es natural de Marchena sin que tengan que ver nada «con los de Extremadura» ni de otras personas prohibidas de pasar a las Indias.

Un mes antes del viaje el 2 de noviembre tal y como estaba estipulado Carvajal se presentó ante Cristóbal de Ahumada alcalde de Marchena y solicitó licencia de Su Majestad para pasar al Perú. Dijo ser viudo de María de Alcalá, no haber cometido delito ni contraído deudas y ser de sangre limpia. Que el tío de su difunta esposa le había enviado carta pidiéndole que se fuese a Perú para dejarle parte de su hacienda por no tener descendencia.

Sus palabras fueron ratificadas ante el Alcalde por el comisario del Santo Oficio de Marchena Francisco Ponce de León y dijo conocer a toda su familia y al tío de su esposa Antonio de Alcalá natural de Marchena y residente en Perú que lo reclamaba.

De 1561 a 1622 se produjo la época de mayor esplendor de la ruta trasatlántica entre Castilla y sus Indias. Para los maestres de naos, los pasajeros en sus barcos eran un  estorbo, fuente de problemas, siempre dispuestos a quejarse ante las chanzas y robos de los marineros.

Generalmente, los pasajeros debían de hacerse con los servicios de algún barquero para llegar a Sanlúcar desde Sevilla y sufragar los gastos por su cuenta y riesgo.

El interior de los barcos era en un verdadero laberinto de cámaras y camarotes construidos de manera precaria y donde los pasajeros se apiñan con sus familias y sus alimentos.  En 1600,el precio del viaje a Nuevas España estaba entre 15 y 25 ducados. Por ejemplo Juan Bautista Jiménez, maestre de la nao San Jacinto y la Bella, fleta a 18, 20 y 28 ducados,  para Nueva España.

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Deporte

El juego de pelota que estuvo en el Palacio Ducal desde 1541

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Una de las primeras instalaciones deportivas de Marchena y Andalucía estaba en el Palacio Ducal de Marchena.
El Palacio tenía en 1541 un juego de pelota al que el Duque era muy aficionado.
Hay dos documentos sobre este frontón la orden de pago del Duque a su mayordomo Francisco Saavedra «para pago de deudas contraídas en el juego de pelota, al cual era muy aficionado el Duque» «1541-12-3).
El otro es una orden de pago a Juan de Godoy, «por lo que ganó en el juego de pelota contra el Duque» es decir apostaban.  (1545-4-7).

Había dinero de por medio, pues era habitual que los jugadores cruzaran apuestas –el dinero se colocaba debajo de la red–, al igual que los espectadores. En los lugares destinados al Juego de Pelota se jugaba también a cartas o dados, lo que hacía que el deporte tuviera muy mala fama entre los moralistas. Los dueños de las salas en las ciudades alquilaban las pistas, las pelotas y las raquetas y proporcionaban vino y comida para los banquetes que a menudo se celebraban tras el partido.

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En la edad media el juego de pelota era el más popular y se jugaba en toda Europa, especialmente en las cortes nobiliarias y en Francia donde era una moda que salia de los palacios reales. No es hasta finales del XIX cuando se empieza a jugar contra la pared en los frontones tradicionales conservadas especialmente en Valencia, Cataluña y Pais Vasco. El juego de pelota era el precedente del tenis y se practicaba en Egipto, Grecia y Roma.

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Uno de los testimonio más importantes, en cuanto a los detalles, es el de Juan Luis Vives (1493-1540). Vives escribió una comparación entre el jeu de paume (jugado con pelotas duras y raquetas con encordado de tripa) y nuestro juego de pelota (similar al de la pelota vasca o valenciana actual y jugado con «pelotas de viento» golpeadas con la palma de la mano).

Este testimonio de Juan Luis Vives en el que habla del jeu de paume comparando las cuerdas de las raquetas parisinas de aquel juego con bordones de tripa de la sexta cuerda de la guitarra,​ ya que las exigencias de una raqueta de tenis con respecto al encordado determina que las cuerdas de tripa de animal sean muy adecuadas para este uso.

El elemento básico de las pelotas de viento era la vejiga de un animal, a menudo la vejiga urinaria del cerdo. Su superficie externa se revestía con cuero y una vez recubierta la vejiga, se llenaba con aire a presión hinchándola con un fuelle.

Antonio Scaino da Salo (cura, teólogo y literato) escribió una obra muy notable sobre el juego de pelota.​ Con referencia a las pelotas de viento, describió con detalle la forma de la vejiga y del tubo de hinchado y un tipo de válvula antirretorno (o de retención) a base de estopa, que permitía hinchar la pelota con un fuelle adecuado muy parecido a los actuales.

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También mencionaba la costumbre de añadir un poco de vino en el interior de la cámara para que las pelotas mantuvieran más tiempo sus cualidades (especialmente su elasticidad)  El sistema de «válvula antirretorno» en la vejiga urinaria comparado con el de las pelotas de viento fue descrito por Juan Valverde de Amusco y fray Luis de Granada.

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Historia

Los Bécquer y Juan Ramón Jiménez en la Alquería del Pilar, el palacete de Antonia Díaz

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La Fundación José Manuel Lara de Sevilla conserva cartas enviadas por distintos personajes de 1856 a 1902 al matrimonio formado por José de Lamarque y Antonia Díaz, el primero empresario y diplomático de Sevilla y la segunda poetisa nacida en Marchena, hija de un médico.

Ruta de los escritores en Marchena el próximo sábado 

De Antonia Díaz trata la investigación «Los límites de la escritura femenina» de Marta Palenque e Isabel Román Gutiérrez ambas de la Universidad de Sevilla.

Así era el palacio de la poetisa Antonia Díaz en la alquería del Pilar de Dos Hermanas

El alma de Antonia Díaz y el paisaje de la Alquería estaban fundidas en una sola según los escritores que participaron en la corona poética encargada por su marido a la muerte de ella de 1892.

Era un jardín romántico, con canales, en cuyo centro había una casa con evocaciones historicistas, levantado por un marido rico como homenaje a su esposa por donde pasaban los mejores escritores de su tiempo como Juan Ramón Jiménez y los Hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Domiguez Bastida más conocidos en todo el mundo como los hermanos Bécquer.

José de Lamarque y Antonia Díaz estuvieron entre los que financiaron la primera edición de las obras de Gustavo Adolfo Bécquer, en 1871. 

Juan Ramón Jiménez como joven pasó por La Alquería viendo al matrimonio Díaz-Lamarque como un anacronismo que pretendía encaminarlo hacia el clasicismo historicista, y que veían el modernismo de Rubén Darío como mera cursilería.

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Juan Ramón Jiménez escribió: «En La Alquería, José de Lamarque y su esposa Antonia Díaz, revivían tiempos pasados españoles, vistiendo con trajes anacrónicos y representando escenas de serenatas trovadorescas. Don José Lamarque me daba siempre consejos y me decía que leyera a don José de Velilla y a su hermana doña Mercedes, a don Luis Montoto y Rautenstrauch, a don Francisco Rodríguez Marín y otros, que formaban la peña poética sevillana del instante parado, y que me dejase de aquellas revistas de Madrid, que no sabían nada de poesía».

Valeriano Bécquer pintó retratos del matrimonio. En el Album ilustrado de Antonia Díaz hay dibujos de un joven Gustavo Adolfo además de textos de escritores españoles y europeos de estilo clasicista como Fernán Caballero a pinturas de Valeriano Bécquer.

En 1846, una joven Antonia Díaz comienza a publicar poemas, artículos y, prosa en la prensa sevillana, a veces en revistas culturales además de las habituales secciones de Literatura, y en los años cincuenta empieza a hacerse famosa en la prensa madrileña como una de las pocas mujeres poetas.  En 1849, Chaves la incluye entre los redactores de El Regalo de Andalucía, junto a Gustavo A. Domínguez Bécquer y escritoras como Carolina Coronado.

En 1877 aparece Flores marchitas, en dos volúmenes, uno de sus libros más interesantes con canciones, baladas y leyendas breves y su primera novela se llamó El precio de una dádiva editado en 1881.

En Poesías religiosas (1889) se refleja el espíritu cristiano de Antonia Díaz quien escribía en una torre de La Alquería sobre una cueva donde había una virgen del Pilar. No tuvo hijos y padeció una enfermedad que la mantuvo en apartamiento y reposo, anemia cerebral a decir de Pineda Novo, y que le trajo una muerte prematura.

Escribió el relato «La mujer sevillana» en la obra Las mujeres Españolas de talante reivindicativo aunque sin extremismos.

José de Lamarque fue cónsul del imperio austrohúngaro, diputado por Sevilla, banquero, propietario del periódico El Eco de Andalucia, dio forma a la Romería de la Virgen de Valme, hermano mayor de la Soledad de San Lorenzo desde 1874 y secretario de la Carretería.

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SUR COMUNICACION.

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