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Historia

El convento de San Agustín, panteón ducal en Sevilla y Marchena

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El convento de San Agustín de Sevilla fue el primer lugar de enterramiento de la familia Ponce de León en Sevilla hasta Don Rodrigo, finales del siglo XV. A partir de entonces los panteones ducales se trasladan a Marchena.

Dicho edificio está hoy en ruinas pero sabemos cómo era por José Manuel Montero de Espinosa cronista que escribió en 1817 un libro de antigüedades del convento  San Agustín y de la imagen del Santo Crucifijo que en el se veneraba. El convento de San Agustin de Marchena fue contruido a imagen del de Sevilla, es decir como gran panteón ducal de los Ponce.

Tenía pinturas de Murillo, Herrera el viejo, Luis de Morales,  escuela de Rubens y esculturas de Motañés, La Roldana y Roelas. Destruido parcialmente por los franceses, lo que queda del convento, su refrectorio, es hoy usado por la Hermandad de San Esteban.

El Santo Crucifijo o Cristo de San Agustín era la devoción medieval más importante de Sevilla hasta que se talló el Gran Poder, una imagen procesionaba al humilladero de la Cruz del Campo. La imagen medieval fue quemada en la Guerra Civil y se conserva copia en San Roque, de Sevilla.

EL CRISTO DE SAN AGUSTIN

Ortiz de Zúñiga dice que la imagen del Cristo fue hallada en 1314, y tenía una hermandad desde 1380, que era la más antigua de Sevilla después de la Veracruz y hacía estación de penitencia al humilladero de la Cruz del Campo a las tres de la tarde del Viernes Santo y sus cofrades eran los principales caballeros.   En la capilla de este Cristo estaba enterrado Enrique Ponce de León desde 1483. El cristo era sacado en procesión y rogativas cada vez que había sequía o epidemias.

Los agustinos llegaron a Sevilla con el Rey San Fernando en 1249 desde Córdoba y se instalaron en unas casas de la Puerta de Carmona. Una serie de señores entre ellos los Carranza beneficiaron al convento hasta que por fin los Ponce de León se convirtieron en sus patronos principales.

Su altar mayor era de Bernardo Simón de Pineda (1664) por valor de 7500 ducados, la bóveda tenía pinturas de Juan de Valdés, que cobró 9000 ducados.  En el altar mayor había pinturas de Herrera el viejo y esculturas de Montañés.

En el panteón bajo el altar mayor estaban enterrados todos los Señores de Marchena hasta el Marqués de Cádiz, tumbas luego trasladadas a la cripta de La Anunciación, hoy Facultad de Bellas Artes tras la invasión francesa.

Pedro Ponce de León cuarto señor de Marchena  casado con Beatriz de Jérica  hija de Jaime de Aragón nieto del rey de Aragón. Pedro Ponce de León quinto de este nombre y quinto señor de Marchena y el Duque de Cádiz entre otros. Con el dinero que dio Rodrigo se construyó un dormitorio refectorio y enfermería del convento. A partir de Luis Cristóbal Ponce de León  empiezan a enterrarse en Marchena en el convento de San Pedro Mártir

En la capilla del Juicio Final, o de Animas había un lieno de Martín de Vos, alumno de Tintoretto y Bruegel, lienzo elogiado por el mismo Francisco Pacheco. En la misma capilla había una escultura del Niño Jesús de Luisa Roldán. En la capilla del Santo Cristo Cristo de San Agustín

La capilla de San Gregorio de dicho convento era entrerramiento de Luis De Soto secretario de la duquesa Beatriz Pacheco y  en 1516 entro en ella don fray Juan Lasso de la Vega Obispo de Filadelfia y visitador general del Arzobispo de Sevilla.

Dicha capilla guardaba una cabeza de las “Once mil vírgenes” que Bernardino Ponce de León hermano de don Rodrigo trajo de Colonia, Alemania, donde estuvo con el emperador Carlos Quinto. La capilla tenía una cinta o correa del propio santo fundador San Agustín según dice el abad Gordillo en 1632, con gracias concedidas por el Papa.

Hermandades

Eloisa Rivera y Patrocinio López, las grandes bordadoras del siglo XIX trabajaron para Marchena

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El 28 de Marzo de 1.863 la bordadora Patrocinio López entrega a la Hermandad de la Soledad factura por el bordado del manto y la saya para la Virgen por un importe de 28.481 reales de vellón y 29 maravedíes, terminándose de pagar el 29 de julio de 1.865, según consta en recibo entregado por la citad abordadora a Don Diego Almeida.

Patrocinio López, una de las grandes bordadoras sevillanas, trabajó durante sus primeros veinte años de carrera profesional para la hermandad de Pasión, de 1852 a 1872, para cuya dolorosa hizo una saya en 1850 que la convirtió en la bordadora más cotizada y contratada, que culminó como el manto realizado en 1864 para la misma Virgen. También bordó para la hermandad del Silencio, Montserrat y las Penas de San Vicente. 

Coetánea de esta bordadora fue Eloísa Ribera, conocida por su manto y palio de la Macarena, bordó entre 1889 y 1892  un palio y manto para la Virgen de la Lágrimas de Jesús Nazareno, y un gran manto, que aparece documentado a partir de las fotos de la colección Azpiazu, y la de Antonio Deza en el Mandato frente a la facha del Palacio Ducal. Este palio se enriqueció y reformó y junto con el manto se vendió en 1962 a la Hermandad de la Amargura de Constantina por 25.000 pesetas.

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En 1963 la hermandad compra por 80.000 pesetas a San Esteban de Sevilla las bambalinas que había realizado Guillermo Carrasquilla  en 1949 y que Elena Caro reformó y pasó a nuevo terciopelo en 1980-84.

El primer palio que tuvo la Virgen de las Lágrimas era de plata y tenía unas letras en plata, y de ahí evoluciona a otro realizado por el platero Olavide en 1862 tal y como publica Juan Rafael Lora en el anuario de Jesús Nazareno 2019.

 

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Actualidad

El Chileno: Un aventurero en la América de los años 20, hermano mayor de La Humildad de Marchena

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Manuel Moreno Jimenez (1892-1979) “el chileno” viajó de muy joven a América, donde fue torero, boxeador, y empresario.

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De vuelta a Marchena se instaló como empresario creando una fábrica de viguetas junto a la Puerta de Carmona y fue hermano mayor de la Hermandad de la Humildad.
Aunque nació en La Puebla de Cazalla, muy pronto se instaló con su familia en Marchena y con 17 años se embarcó rumbo a Chile con su hermano José María Moreno conocido por Moreno Mármol que fue guarda de la Plaza de abastos.

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Justo antes de embarcarse le robaron la cartera con todo el dinero que llevaba para el viaje, la herencia que su padre le había dejado. Así que tuvieron que hacer la travesía como polizones, viajando escondidos junto a los embalajes, y subiendo a la cubierta de primera de clase a la hora de comer, haciéndose pasar por un pasajero más.

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Instalado en Chile tuvo que aceptar todo tipo de trabajos para salir adelante y dado su carácter valiente se hizo torero y boxeador de forma ocasional durante tres años. Toreó en Chile y Argentina en los años 20.

Según cuenta su hija Reyes Moreno Alberti, con el dinero que ganaba haciendo de torero o boxeador hacía negocios comprando y vendiendo las cargas de los barcos del puerto de Buenos Aires, con el respaldo del presidente de la nación Argentina.

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Viajó por todos los países de Suramérica, excepto Brasil, según cuenta su hija y en una ocasión se llegó a perder en la selva durante días.

Cuando ya se le había acabado la comida y el agua, y ya se preparaba para lo peor, encontró una choza en medio de la maleza casualmente habitada por un vecino de La Puebla de Cazalla, que le salvó la vida, según el testimonio de su hija. Llegó a vender a una tribu de indios un falso crecepelos para la barba que vendieron a los indios a cambio de pieles.

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Antes de la guerra volvió a Marchena, se casó con Asunción Aguilar y se instalaron en la calle San Francisco junto a San Lorenzo. Se dedicó en cuerpo y alma a la Hermandad de la Humildad del que fue un gran benefactor en los años 30, 40 y 50.

Fueron famosas las cacerías que organizaba en Montepalacio a beneficio de la Hermandad de la Humildad con la participación de Ministros de España y Portugal.

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Al mismo tiempo se hizo empresario de la fábrica de viguetas instalada cerca de Santa María junto a la Puerta de Carmona, que duró varias décadas.
Su primera esposa murió sin dejar hijos y se casó en segundas nupcias con Maria Luisa Albertim de 30 años, cuando él tenía 63 y tuvo cuatro hijos.

 

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Hermandades

Los patronazgos ducales en el Convento y Hermandades franciscanas

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Tal y como se dice en las primeras reglas de la Hermandad de Animas del Convento de San Francisco, hoy fusionada con la Veracruz “el excelentísimo señor Duque de Arcos quiere ser patrón de esta sancta Cofradía, que quando se ouire de hazer elección de rector sea con parecer y beneplácito de su excelencia, y en agradecimiento de esta merced se diga vna missa de Requiem cantada, por la intención de su excelencia”.

Esta hermandad tenía limitado su número de hermanos a cincuenta personas y se dedicaban a asistencia y enterramientos mutuos. Aprobó sus primeras reglas el 5 de Diciembre de 1595.

También realizaban una procesión por el claustro de San Francisco cada lunes y quince días antes de Difuntos elegían anualmente a sus cargos. También hubo hermandades de Animas en San Juan y San Miguel sin relación con el Duque.

DE COMO EL DUQUE CONSIGUIO EL CUERPO DE SOR MARIA DE LA ANTIGUA GRACIAS A LOS FRANCISCANOS

Los Duques eran además patronos de los capítulos intermedios de la provincia Franciscana de Andalucía cuyas reuniones se hacían siempre en el convento de San Francisco de Marchena desde 1632, sin que se pudieran hacer en otro convento a petición del Duque.

Para estas congregaciones intermedias el Duque donaba 200 ducados cada vez que se celebrasen y asistía a ellas como un miembro más.

Todos los conventos franciscanos de Andalucía celebraban misas cuando moría alguien de la familia Ponce de León. El Duque buscaba así el acercamiento con los franciscanos para que le apoyasen en el pleito que mantenía por el cuerpo de Sor María de la Antigua.

La definitiva donación del cuerpo de la monja de Santa Clara de Marchena se produjo por la orden franciscana en uno de sus capítulos intermedios celebrado en el convento de San Francisco de Marchena en junio de 1632.

La escrituras de fundación del convento de la Purísima Concepción, incluyendo la cesión del cuerpo de sor María de la Antigua al IV duque de Arcos, Rodrigo Ponce de León, se iniciaron en 1623 pero en el 32 aún seguía el pleito.

La orden franciscana cedió de este modo los “derechos y acciones” que tiene al cuerpo de la madre Antigua religiosa profesa en el convento de Santa Clara de Marchena “que al presente está en depósito en el convento de de Lora  sobre cuya propiedad tiene litigio”.

“Acordó el Definitorio hacer cesión de la mejor forma que de Derecho pueda a su excelencia del dicho cuerpo” mientras se llegase a un acuerdo con el convento de la Merced de Lora.

Al mismo tiempo la orden Franciscana, pocos días después reunida en el Palacio Ducal de Marchena, donde estaba el convento de Capuchinos, acuerda el 15 de julio de 1632 aprobar la petición del Duque de que los Capítulos intermedios de la orden se hiciesen en el convento de San Francisco de Marchena “y no en otro” sin la autorización del Duque, acuerda que en todos los convento franciscanos de Andalucía se dedicasen misas funerales cuando fallecía alguien de la familia Ponce de León.

Comparecieron en esta asamblea los provinciales, definidores y custodios de la provincia de Andalucía de la Orden de San Francisco, Fray Pedro de Ochoa, ministro provincial, fray Juan de Urrutia, Pedro de Almaguera, Fray Mateo Bueno y fray Pedro de Benjumea, custodio.

Explican que tras haber estudiado la petición del Duque “no han visto inconveniente ninguno antes muchas razones de utilidad por estar esta villa de Marchena en medio de la provincia de Andalucía y ser muy acomodada. Es justo pagar a Su Excelencia el amor y afecto con que acude a la Sagrada Religión  Seráfica”.

De esta forma el Duque Don Rodrigo Ponce de León consiguió el cuerpo de Sor María de la Antigua por el cual prometió y fundó los dos conventos de Marchena, Santa Maria y San Andrés.

Además Rodrigo Ponce de León fundó el convento de Capuchinos junto a su Palacio en agradecimiento porque los  franciscanos capuchinos le salvaron la vida dos veces.  la primera cuidándolo de la peste de que se contagió siendo Virrey en Valencia y otra vez en Nàpoles en que lo ocultaron con una capucha para sacarlo de los disturbios de la revuelta de Massaniello. Por esto les dió el titulo de sus Angeles Custodios.

Fuente:  Dos copias de las escrituras de capitulación otorgadas por el padre provincial de la orden de San Francisco y del Convento de Santa Clara de Marchena, sobre la cesión que hicieron a los [IV] duques de Arcos del cuerpo de sor María de la Antigua, monja de velo blanco profesa de dicho convento, y que se encontraba en el Convento de Nuestra Señora de la Merced en Lora. Marchena, a 15 de junio de 1632. ES.45168.AHNOB/1.2.21.7.1//OSUNA,C.171,D.11-29  

 

 

 

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Flamenco

Los gitanos y la Virgen de la Soledad, una historia de amor que nace en el siglo XVII

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En 1565 Loris Hoeffnagel realizó un grabado que muestra la ciudad de Marchena (Sevilla) y que fue incluido en un atlas. Es una de las imágenes de gitanos más antiguas que conocemos.

En ese grabado aparecen cuatro figuras: el padre, la madre, el mocito y el niño/a pequeño en los brazos de la mama.

Los hombres trabajan el hierro mientras la gitana amamanta. Se reconoce que son gitanos por las herramientas, los fuelles (esos fuelles han seguido siendo usados por los gitanos) y por la rodela que luce la gitana. Los gitanos vinieron a Marchena reclamados por los Duques como herreros y expertos en ganado equino en tiempos de la Guerra de Granada según algunos autores.

 El Ayuntamiento de Marchena contrataba para la procesión del Corpus varios grupos de danzantes desde 1578 entre ellos, danzas de gitanos. Maestros de danzas gitanos eran Sebastián García, Beltrán Bustamante, Diego Salguero, Francisco Heredia, Baltasar de los Reyes, Alfonso Nicolás Montoya, y María Parla.

En 1617 el Santo Entierro era portado por clérigos escoltado en los flancos por los armaos de etnia gitana con lanzas y espadas. En la procesión de la Virgen de la Soledad de Septiembre iba acompaña con música de ministriles, una capilla musical y “danzas de gitanos”.

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TRADICIÓN FLAMENCA EN LOS SIGLOS XIX Y XX

Manuel Torre era uno de los asíduos a las fiestas flamencas que se hacían en la plaza en los años 20 cuando se celebraba allí alguna boda o salía bien algún trato o negocio. Además acudían la paradeña de origen trianero Ana Heredia. Cuando ella cantaba Manuel Torre se partía la camisa.

También sentía devoción por El Chindo que cantaba soleares de Joaquín El de la Paula pero con el sello de la Plaza Arriba. También acudía Pepe el de la Flamenca granadino asentado en Marchena.

Melchor de Marchena acompañaba las fiestas con sus toques. La Niña de los Peines venía muy a menudo a aprender de los cantes de La Gilica a la que alabó en muchas ocasiones. En esas fiestas se arrancaba a bailar Manuela Reyes hermana de La Gilica y Juanillero y El Cuacua remataban la faena por saetas a Jesús Nazareno que hacía llorar a todos los presentes.

Los críticos flamencos Antonio Torres y Manuel Martín Martín han investigado en profundidad los secretos flamencos de la Plaza Arriba o Plaza Ducal de Marchena.

La Niña de los Peines (Pastora María Pavón Cruz. Sevilla, 1890 - 1969)

LA GILICA
La saga flamenca se inicia en el XIX con La Gilica y su estirpe gitana. María del Carmen de los Reyes Torres, La Gilica (Ecija 1866-Marchena 1942), creó dos estilos de Soleá y se casó en Marchena con Juan Jiménez, tío de Melchor de Marchena. Nació en Marchena el 10 de diciembre de 1866, en el número 60 de la calle Quemada, cuya partida de nacimiento está registrada en la parroquia de San Miguel. Murió en Écija el año 1950. La Gilica inventó en el XIX dos estilos de soleares, considerados entre los Cantes de la Plaza Arriba que luego fueron difundidos por La Niña de las Peines, la Roezna, Meneses, Lebrijano y Antonio Mairena.

Sus hijos, los hermanos Jiménez de los Reyes fueron el Cuacua, los guitarristas Miguel de Marchena, Titi del Quico y María Engracia todos cantaores nacidos en la Plaza Ducal y que dieron origen de “el jaleíllo de la Plaza Arriba” cantado incluso por Antonio Mairena. En 2016 se cumplieron 150 años del nacimiento de La Gilica y por esta razón la Fiesta de la Guitarra se dedicó a su memoria.

LA JOSEFITA
La Josefita era el apodo de Mª Josefa Torres Jiménez, hermana de El Babel y cuñada de La Gilica, más conocida por ser la madre del guitarrista Melchor de Marchena, y transmisora de los cantes antiguos de la Plaza Arriba a una nueva generación.

JUANILLERO DE MARCHENA
Juan de los Reyes Torres, Juanillero de Marchena, hermano de La Gilica fue un excelente cantaor aunque no muy conocido entre el público. Creó un remate del cante por soleá que sigue utilizándose en la actualidad aunque muchos de los aficionados al flamenco desconocen éste dato. Junto con su hermana, es otro de los pilares básicos del cante marchenero de la Plaza Arriba.

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FRASCO CHELES
Frasco Cheles es el seudónimo de Francisco Cruz Vargas, nacido en Marchena, vivía en Paradas desde finales del siglo XIX. Se dedicaba a esquilar ganado y se casó con Trinidad Torres Jiménez hermana de la madre de Melchor de Marchena. Tenía una cuadrilla de esquiladores de Marchena y Paradas que trabajaban en los alrededores de la Plaza y en toda la comarca.

EL TITI
El Titi es el sobrenombre de Manuel Jiménez Reyes nacido en Marchena, principios siglo XX. Hijo de La Gilica y Manuel El Babel. Guitarrista y bailaor. Desarrolló su faceta artística durante los años cuarenta, principalmente por las zonas del Campo de Gibraltar y Málaga. Daba clases de guitarra a los hermanos De Lucía, Manuel Molina y otros.

EL RUBIO DE LOS TEJERINGOS

El Rubio de los Tejeringos es el apodo de José Torres Vargas nació en Marchena en 1888, familiar de La Gilica y Melchor, churrero afincado en Paradas donde conoció al crítico flamenco Antonio Bascón Torres. Casado con con Pilar Torres Jiménez. Su hijo, Juan Torres Torres, fue uno de los fundadores de La Peña Flamenca de Paradas.

EL CUACUA
El Cuacua es el nombre artístico de Juan Jiménez de los Reyes, nacido en Marchena en 1904. Era hijo de La Gilica y está considerado como el mejor y más puro cantaor de la Plaza Arriba marchenera.

EL CHINDO
Apodo de Juan Jiménez Jiménez, primer marido de La Gilica. Chindo, que en caló quiere decir ciego, también fue el apodo de su hermano José María y su sobrino Manuel Jiménez. Este último fue célebre cantaor de la Plaza de Arriba que solía cantar en fiestas privadas con Tomás Pavón y que, según Antonio Mairena, destacó por soleares.

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