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Cultura

Pocos textos definen como éste el amor eterno plasmado en un libro

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Hoy, día del libro publicamos un texto del blog de Ana Perea Montes, sobre el significado que tiene para ella, el libro que escribió su abuelo, Florencio Montes, “Cuentos para Ana” cuando ella tenía cinco años.  Pocos textos definen como éste el amor de un abuelo y su nieta, que en este caso tuvo alma de letras y cuerpo de papel.

Extracto de Mi Fortuna, de Ana Perea Montes. 

Dicen por ahí que “no es más afortunado el que más tiene, sino el que menos necesita”. Yo sólo necesito este libro. Cuando la rutina agobia, la distancia escuece, los consejos ajenos me aburren y algunas miradas se vuelven asesinas, despliego mis cuentos.

Sus páginas adhieren la forma de un escudo protector y siento todos los besos que mi abuelo no tuvo tiempo de darme. Me siento invencible. Cuando abro la tapa del libro y paso la dedicatoria, me sorprende una aclaración que hoy te adjunto. La he releído tanto, que te la canto en voz alta, como el comienzo del Quijote o de Cien años de soledad:

“Estos cuentos para ti, Ana de mi corazón, no fueron cuentos al principio sino desahogos de cariño que tu abuelo iba trasladando al papel sin imaginar que, pasado el tiempo, se iban a convertir en letra impresa que desembocarían al final en un libro que no es mío, sino más bien tuyo, porque tú eres la protagonista absoluta, el eje sobre el que giran mis palabras, la meta de mi ternura… Tú eres casi todo para tu abuelo, Ana, y eso se nota en estas páginas que espero que releas en el futuro.

Porque pasarán los años –los años que nunca se detienen, que corren uno tras otro desaforadamente, cada uno con más prisa que el anterior- y alguna vez, cuando seas mayor, tu vista se detendrá en el rincón de la estantería donde guardas este librito y comprobarás, al leerlo de nuevo, cuanto y cuanto te quiso tu abuelo. Este abuelo que posiblemente ya no esté a tu vera, porque la vida es así de inexorable, pero no importa, tú no te entristezcas, la vida es bella y merece la pena vivirla. Seguro que al abrir sus páginas sentirás como si te abrazaran, como si una brisa pequeñita se agitara a tu alrededor. Ese soplo, ese revuelo casi inadvertido será causado por mis besos, los que no tuve tiempo de darte, los que se me quedaron dentro, dormidos entre las cuartillas que te escribía, y que ahora se despiertan para rozar tu hermoso rostro en una caricia invisible.

Nunca pensé que se publicara esta brazada de anécdotas, recuerdos y cuentecillos, porque sólo los consideré importante para nosotros. Pero algunos familiares y amigos se empeñaron en llevarme la contraria y me animaron lo suficiente para sacarlos a la luz. Lograron convencerme de la existencia de otros abuelos y otros nietos a los que, quizá, les agrade conocer estos “Cuentos para Ana”, porque acaso si se sientan razonablemente identificados con los mismos.

¿Sabes cómo se crearon sus ilustraciones? Cuando sospeché que el tema de la edición iba en serio, busqué al artista adecuado para que se encargara de las láminas que hermosearan sus páginas. Tengo amigos pintores que seguramente me hubieran prestado con gusto su colaboración. Hasta yo mismo estuve tentado de probar renovando mi antigua afición por los pinceles. Pero un dibujo tuyo me hizo ver la luz y comprender que nunca encontraría mejor ilustradora que la protagonista real de estas historias. Me reí tanto con tus retratos y representaciones coloreadas… ¡Qué gracia tienen los trazos inocentes de los cinco, seis años!…He de reconocer que te portaste como una auténtica profesional y solventaste el lance con un dechado de imaginación y donaire. Nunca me defraudaste.

Así que aquí está el resultado de nuestra obstinada colaboración. Ojalá guste a los demás tanto como a nosotros nos agradó rematar la faena. Besos, Ana. Y siempre, siempre, perpetuo e inmutable, el cariño de tu abuelo”.

Sí, las ilustraciones son de una Ana Perea con cinco años receptora, receptiva y afortunada de tener a un abuelo al que nunca le importó idealizar. Siempre nos perdonamos mutuamente todas nuestras taras. (Ahora no me pidas que dibuje, soy incapaz). El prólogo es de María Dolores Camacho, escritora impecable, amiga de mi abuelo. Por ella siento ese tipo distintivo de admiración que me hace pensar mucho para poder encontrar un adjetivo acorde con su grandeza. Ella es mayúscula.

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Cultura

Directo: Javier y Pablo Carmona estrenan la composición “De Norte a Sur” en Sumatra

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Javier Carmona Bono estrena su nueva composición llamada “De Norte a Sur” en Sumatra y Pablo Carmona estrena Itimad, dedicada a la esposa de Almutamid. Se trata de una Suite Sinfónica sobre Palos Flamencos dedicada  a la Orquesta de Cámara de Siero la cuál estrenará la obra Javier Carmona Bono de solista.

La asturiana Orquesta de Cámara de Siero (OCAS) visita por segundo año consecutivo el archipiélago indonesio con su proyecto anual Vínculos, que utiliza la música como una herramienta de cooperación e intercambio cultural que incluye la participación d elos dos hermanos Carmona.

Las composiciones de la familia Carmona para la Bejazz suenan em la gira de este año.   En concreto sonaron Malaguerías, Zíngara, un homenaje a los gitanos exterminados por los nazis, “Fuente de lágrimas” y “Sueño Andaluz”.

Se estrena “Itimad” de Pablo Carmona, que lleva por nombre el de la esposa del Rey Almohade de Sevilla Almutamid, un adelanto del nuevo disco de la Bejazz que lleva por título “Entre naranjos y olivos” que se estrenará en Gibraleón el 14 de Septiembre. También en otoño La Bejazz realizará una gira por distintas ciudades de Marruecos. Además el nuevo disco de la Bejazz  se presentyará oficialmente en Marchena en otoño.

También interpreta “De Norte a Sur” tema compuesto por Pablo Carmona en homenaje al proyecto Vínculos de la Orquesta de Cámara de Siero.

 

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Cultura

Rocío Márquez elogia a Pepe Marchena: Maestro de los grandes maestros

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Rocío Márquez elogia a Pepe Marchena en la web de la Revista cultural sevillana La Muy. A continuación reproducimos el artículo escrito por Rocío Márquez íntegramente. 

Como la mayoría de los cantaores y las cantaoras de mi tierra, Huelva, un fandango fue lo primero que canté. No recuerdo la edad que tenía, aunque mediante una cinta de VHS y la memoria de mi madre, sé que me faltaba poco para cumplir los tres años. Sí recuerdo en cambio la necesidad de pertenencia a un grupo. Quería ser morena y con voz rajá. En este empeño, con diez años, me teñí el pelo de negro y me gané a pulso un par de nódulos vocales. Este fue quizás uno de los mayores aprendizajes de mi vida. Es necesario conocerse y aceptarse, y no querer vender lo que no se tiene. Con esta enseñanza en proceso de interiorización, escuché por primera vez a José Tejada Martín, conocido por la afición flamenca como Pepe Marchena.

En él descubrí a un artista flamenco que se salía de todos los estereotipos que le imponía su género y creaba un estilo propio que me llenaba de fantasía, imaginación y libertad. En él no solo cambiaba el color vocal, también variaba el contenido. Arreglaba y cuidaba tanto los cantes como su vestimenta con una estética preciosista y personalísima. De él fue la iniciativa de vestir el flamenco de limpio, refiriéndose a cantar con chaqué.

Desde mi punto de vista, este hecho que hoy en día podría casi provocarme rechazo, en su contexto -principios de 1900- significaba un posicionamiento diferente al de los cantaores y cantaoras de aquel momento. Elegir esta indumentaria era una forma de mirar de tú a tú a los señoritos que los contrataban. Era un modo de horizontalizar una sociedad claramente jerarquizada. A veces, el mejor modo de plantarle cara al contrario es apropiarse de su simbología.

Acabo de recordar una anécdota que viene al caso. Pepe se encontraba en la barra de un bar tomando una copa. En ese momento, un señorito que frecuentaba el lugar se acercó a él y le pidió un fandango, a lo que Pepe respondió que eso costaba caro y puso un precio alto para la época. El demandante continuó pidiéndole aquella letra. Marchena le cantó. El señorito le pagó. Y justo después de cobrar, Pepe llamó al limpiabotas. Y mientras este le brindaba su servicio, le puso en su bolsillo el dinero íntegro que acababa de recibir.

Un artista-personaje así no podía dejar indiferente a nadie. Su cultura era popular pues era analfabeto. Su intuición e inquietud lo guiaron hasta la creatividad que corona a un genio.

De esta manera llegan las que serían algunas de sus obras más conocidas: La Rosa y la Colombiana. La primera de ellas surge en Badajoz, donde trabajaba en el Salón La Lipa. Al finalizar el recital, fue a ver la representación de Amores y amoríos de los hermanos Álvarez Quintero en el Teatro López de Ayala por parte de la compañía de Rosario Pino. Quedó fascinado con este texto, el cual pidió al terminar la función y poco tiempo más tarde lo musicó y grabó.

La Colombiana fue una creación inspirada en el zorcico vasco y algún corrido mexicano. Sin duda, la aportación del flamenco en el siglo XX que más se canta en romerías y fiestas populares.

Por esta búsqueda constante y por su curiosidad innata fue apodado con el sobrenombre de La Vieja y, sin ella, la Ópera Flamenca se habría quedado sin uno de sus máximos exponentes.

En el flamenco, al igual que en otras disciplinas existe la tendencia a clasificar, etiquetar y, si es posible, hacer equipos con los elementos que se coloquen sobre la mesa. En el caso que nos ocupa, muchos aficionados crean equipos de cantaores, así encontramos a los marcheneros, a los mairenistas (seguidores de Antonio Mairena), a los camaroneros (fanes de Camarón), a los morentianos (ultras de Enrique Morente)…

Me gustaría destacar dos cuestiones de este fenómeno. En primer lugar, que ninguno de estos grupos surge a partir de nombres de mujeres cantaoras. En el argot flamenco no he escuchado a nadie definirse como pavoniano (por Pastora Pavón, la Niña de los Peines) o paquero (por la de Jerez), aunque muchos reconozcan ser seguidores y admiradores de estas mismas artistas. Por otro lado, se me viene a la cabeza la expresión que alguna vez le escuché al Niño de Elche cuando hablaba de los “morentianos conservadores”. No sé hasta qué punto somos capaces de degustar la esencia de un cantaor o cantaora, de sentirla, analizarla y reproducirla, si se quisiese, antes de llegar a una reproducción lo más exacta posible… en caso de artistas creativos tengo la sensación de que reproducir sistemáticamente “cantes míticos” del artista admirado puede ir casi en contra del verdadero mensaje que intentó transmitir.

De cualquier modo, a pesar de mi visión cooperativista, tengo fe en que este arte aprenda a apreciar la peculiaridad de cada artista y no acabe haciendo equipos como en el fútbol.

Volviendo a nuestro personaje, Marchena, me viene a la mente una frase de mi maestro José de la Tomasa. Él siempre nos decía que el cante es mitad garganta, mitad cabeza. Al principio me pareció un poco desproporcionada esta medida, hoy me parece un buen diagnóstico.

Cantando bien hay mucha gente, pero para ser cantaor o cantaora eso no es suficiente. Pepe Marchena fue de los primeros en tener una visión empresarial y diseñar su propio modelo de marketing (de la época). Su manera de funcionar era la siguiente. Se trasladaba un día antes al pueblo o a la ciudad donde iba a actuar, preguntaba por la taberna más frecuentada y allí se cantaba una pincelada, dejando con la miel en los labios a los presentes e impulsando la mejor campaña de promoción, el boca a boca.

En el mundo flamenco existe un máximo galardón, la Llave del Cante. Para mí, lo interesante de este premio es la simbología, porque hace falta abrir puertas y ventanas en la sociedad que vivimos. Marchena me ha enseñado a apreciar y a entender a otros artistas, me ha invitado a visitar países exóticos de América con sus melodías de ida y vuelta, me ha mostrado cómo la invención siempre tiene un hueco en la expresión y, sobre todo, ha sido un ejemplo de cómo crear un personaje ante el que nadie se queda indiferente.

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Actualidad

Así era el palacio “de ensueño” donde Antonia Díaz escribió sus libros de poemas

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El matrimonio de poetas, católicos y monárquicos y amigos de los hermanos Bécquer, Antonia Díaz, nacida en Marchena y José Lamarque de Novoa se instaló en un Palacio de Dos Hermanas llamado La Alquería del Pilar.

La familia de Antonia Díaz y Jose Lamarque. Foto: Fototeca Municipal de Dos Hermanas. José Lamarque en el centro con sombrero, Antonia debajo

Eran famosas sus tertulias de artistas sevillanos y extranjeros, las torres, grutas, la montaña artificial, la pagoda china, la ría navegable con puentes, faro, y cascada, estatuas, invernadero para plantas exóticas museo de Ciencias Naturales en cuyo centro había un palacete mudéjar.

FOTOS Amigos del Parque Alquería del Pilar- Dos Hermanas

Fue construido en 1872, cuando se puso de moda entre la burguesía sevillana construirse casas de veraneo en Dos Hermanas a partir de descripciones literarias de Cecilia Bohl de Faber.    Lo que queda hoy es propiedad del Ayuntamiento de Dos Hermanas.  Antonia Díaz tiene calles a su nombre en Marchena, Sevilla y Dos Hermanas.

La propia Antonia Díaz diseñó los edificios y jardines de este “lugar de ensueño” donde ella misma se reservó una torre sobre una gruta con una virgen donde escribió sus libros. “Flores marchitas: baladas y leyendas” (1877-1882), “Poesías líricas” (1893), “Aves y flores: fabulas morales” (1890).

Lo cuenta Antonio Prieto Granados, hijo de la niñera familiar (1882).

Torre donde escribía la poetisa Antonia Diaz

Antonia Díaz (1827-1892), nació en Marchena, hija de un médico afincado en Sevilla. Desde muy joven leía a los poetas clásicos castellanos y sevillanos.  Publicó en la revista Escenas Contemporáneas una oda a Pio IX, en La Violeta dirigida por Fasutina Sáez de Mclgar publicó en  un poema dedicado a la Reina, 1863. “María al pie de la Cruz” es el titulo del poema que publicó en “El Correo de la moda”, Album de Señoritas tomo XII de 1864. 

A pesar de tener medios, en su época las mujeres no se dedicaban a escribir, todos los circulos literarios eran masculinos y hostiles a las mujeres, que siempre estaban en segundo plano o en el ámbito privado.  De forma autodidacta se esforzó por aprender, estudiando en la biblioteca de sus padres en Marchena y luego en su mansión de Dos Hermanas.

El poeta  José de Velilla (1847-1904), asíduo a sus tertulias, junto a su hermana la también poetisa Mercedes de Velilla, describe los jardines: “ las begonias, las nejalias y otras plantas, que parecen de terciopelo al tacto y a la vista, desterradas de los climas tropicales, viven en la prisión de los invernaderos…”.

Había álamos, pinos, naranjos, cipreses, olivos, y un bosque de varias especies algunas de ellas traidas de japón y del trópico. En las rías había peces de especies exóticas, y pájaros domesticados de muchas especies.

Su marido José de Lamarque era hijo de un francés y una trianera, también poeta, empersario de exportación de hierros y maderas, cónsul de España en Nápoles, El Salvador y el Imperio Austro-Húngaro, (1880). Apoyó la restauración borbónica y fue Hermano Mayor de la Soledad de San Lorenzo y Secretario de La Carretería en los tiempos en que los Montpensier fueron mecenas de la hermandad. Financió la primera edición de las “Obras” de Bécquer en 1871 y apoyó en sus inicios a Juan Ramón Jiménez que no apreciaba la poesía de Lamarque.

Antonio Prieto Granados afirma que: “…Ella fue la que trazó y dirigió todos los trabajos arquitectónicos de la finca y de los jardines, pues, según decían era muy entendida en arquitectura y dibujo. (…) Las plantas y árboles llegaron la mayoría desde Francia y Bélgica.

El matrimonio de poetas estuvo en el círculo más cercano a los Duques de Montpensier, participando en la reapertura de la ermita de Valme, el 9 de Octubre de 1859, tras 54 años en que la Virgen estuvo en la parroquia del pueblo.  En el almuerzo hubo un grupo de pobres sentados a la mesa  servidos por los Duques y el Arzobispo y una corrida de dieciocho novillos de Miura, que sirvieron para alimentar a los pobres de Dos Hermanas. De esta forma apoyaron el nacimiento de la romería.

Los Duques mandaron imprimir un libro sobre la Virgen de Valme que incluyó poemas de Antonia Díaz Fernández y su marido José Lamarque según La España del 13 de Diciembre de 1859.

 

LA PRIMAVERA (Poema de Antonia Díaz)
Himno que entona la creacion entera;
Que pródiga esparciendo su tesoro,
Ya sus alas de oro
Apacible tendió la primavera.

La lóbrega techumbre
De nubes que el espacio oscurecía
Fugaz huyó, y en la celeste cumbre
Vierte su clara lumbre
Con mas grandeza el luminar del dia.
……………………..……………..
Antonia Díaz (Poesías 1867)

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Actualidad

Manuel Luque restaura el cristo franciscano de la parroquia de San Miguel “que pudo pertenecer a una hermandad de Veracruz”

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El restaurador de Gines Manuel Luque ha recuperado un cristo de tipología franciscana y fechado a finales del siglo XV (1480-90) conservado en la parroquia de San Miguel de Marchena que hasta ahora no se exponía al culto por su mal estado de conservación.

Tras la desamortización – S. XIX- los bienes de Santa Eulalia fueron depositados en San Miguel y de allí repartidos a distintas iglesias de Marchena, como Veracruz y San Sebastián. Se quedó en el templo el crucifijo de taracea, tipología Jerusalén que preside la mesa del altar mayor. Este crucifijo tiene un metro veinte de altura y destaca por su estudio anatómico mientras que su rostro es arcaico. Originalmente tuvo corona de espinas y aún está en el taller del restaurador.

“Por el color de los restos de policromía verde hallada en la cruz podría decirse que perteneció a una hermandad franciscana o de la Vera Cruz” señala el restaurador Manuel Luque. “Es una atribución mía. No soy historiador. Soy licenciado en Bellas Artes pero es verdad que responde a esa tipología de cristo franciscano”.

La restauración ha sido profunda. “Primero estuvo tres meses en una bolsa hermética con productos para desinfectar la imagen del crucificado ya que tenía un severo ataque de xilófagos. Después se fijó la policomía y los estratos sin un fijativo que endureciera las zonas de la madera afectada por los insectos y a continuación una media limpieza que se ha realizado á punta de bisturí. Se decidió así para no retirar las patinas originales y la del tiempo” explica el restaurador.

“También se ha procedido a la reintegración volumétrica del soporte (dedos y algunas zonas como el omóplato derecho que estaban muy afectados por el ataque de xilófagos y se sellaron los agujeros de los insectos”.

También se ha procedido a la reintegració de la preparación y de color con técnicas reversibles y con el criterio de diferenciación y se finalizó con una protección de las obra. En la cruz ha aparecido “restos de policromia verde, como eran muy escasos se decidió pintarla con técnica reversible del mismo color que los restos de policomía que tenía. Los nudos fueron reintegrados con técnica reversible de oro también al rigatino”.

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