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Historia

Ruta de la Inquisición por las calles de Marchena

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SANTA ISABEL

San Francisco de Borja, el Santo perseguido por la Inquisición que fundó el colegio Jesuita de Marchena

Los orígenes judíos de los Toledo, y el lado oscuro del cronista Salazar de Mendoza

 

La beata Dolores, la última persona quemada por la Inquisición

Juan de los Ríos, el vicario que metía mano en las enaguas por encender «el amor a Dios»

Antonio Miguel Abellán: «La beata ciega, Dolores López fue una víctima de su tiempo»

SAN ANDRES

Manuel de Santa Gertrudis el confesor de San Andrés que proponía amores a varias monjas

Alonso de Villacastín, el último morisco de la Plaza de San Andrés

SAN FRANCISCO

Un niño muerto en Marchena en 1714 en medio de la guerra por recuperar Gibraltar

El secreto mejor guardado del convento de Santa Clara: el falso sobrino del clérigo Peraza

SANTO DOMINGO

EN SANTO DOMINGO SE LEIAN PUBLICAMENTE EDICTOS DE FE

En las dos primeras décadas de existencia de la Inquisición española (1480-1500) se usó el «edicto de gracia». La diferencia fundamental entre el edicto de gracia y el posterior edicto de fe era que en el primero, tras enumerar una lista de herejías, se hacía un llamamiento a los que creyeran haber incurrido en herejía para que se denunciaran a sí mismos dentro de un «período de gracia», que solía ser de treinta a cuarenta días. Los que así lo hacían eran «reconciliados» con la Iglesia sin sufrir fuertes castigos.

«Después de 1500 los edictos de gracia habían cumplido su propósito y fueron sustituidos normalmente por edictos de fe, que no tenían un período de gracia y que en su lugar invitaban a la denuncia de aquellos que eran culpables de los delitos que aparecían en una larga lista de ofensas».​ «La obligación de denunciar a todos los sospechosos de herejía se extendía a todos los fieles, bajo pena de excomunión».

Familiares de la Inquisición

La Inquisición disponía de la colaboración de los «familiares», que constituían una especie de policía, a menudo fanática, y que disfrutaba de los privilegios de un total anonimato, y la impunidad escapar a la jurisdicción de los demás tribunales. Hacían delaciones y sus nombres no podían ser conocidos.

Los pecados de Baltanás, el provincial dominico que fundó el convento de Santo Domingo de Marchena

Las amenazas de la Inquisición a Rodrigo Ponce de León en 1481 por acoger conversos huídos de Sevilla

Quiénes fueron los conversos reconciliados por la Inquisición en Marchena en 1495

Bartolomé Bonilla, el clérigo que se arruinó por fundar el convento de Santo Domingo

El documento que cita la existencia de un enterramiento de judeo-conversos en 1525 en Marchena

ARCO DE LA ROSA

CARTA DE LIBERTAD A UN MORISCO

Está documentada la presencia de moros horros en el arrabal de Marchena, zona de la plaza Vieja, desde 1296. (Juan Luis Ravé-Borrero).

En 1485 Rodrigo Ponce de León trajo a Marchena un grupo de esclavas moras durante la Guerra de Granada, a modo de haren señorial, explica Ravé en su ultima obra La Marchena Ducal.

El 30 de Diciembre de 1483 se firma en Vitoria la  carta de horro o carta de libertad a favor de Pedro de León, uno de los moros defensores de la fortaleza de Zahara, convertido al cristianismo. Se dieron otras tres iguales para Juan de León, Cristóbal de Marchena y Alfonso de León.

En 1613 quedaban cien moriscos en Marchena trabajando para los Duques. Apellidos moriscos documentados en Marchena Rojas, Alharras, Valenzuela entre otros. Aun había moriscos en 1618 en Marchena. Influencia del mudéjar en Marchena por la presencia de esclavos moriscos trabajando para el Duque.

CRONOLOGIA DE LOS MORISCOS EN ESPAÑA

Rebelión de las Alpujarras (1568- 1570). En 1502 se obligó a los mudéjares (musulmanes en tierras cristianas) a convertirse al cristianismo.  Forzados a abandonar lengua, trajes y costumbres propias.  En 1570, 1300 moriscos de las Alpujarras fueron diseminados y deportados en la provincia de Sevilla, y 6000 en la  capital siendo una minoría marginada. En 1609 Felipe III ordenó su expulsión del país aunque no todos la cumplen. Primeros bandoleros, Monfíes en la Alpujarra. El Joraique, el más famoso.

Cuando una élite de moriscos formaban la guardia personal del Rey de Castilla

Cuando los moriscos de la Sierra de Ronda fueron bautizados en Marchena

¿De dónde viene la tradición de que los niños críen gusanos de seda?

SASTRES

– Escritura de compraventa otorgada por Beatriz de Córdoba, viuda de Alonso Fernández Sastre, y sus hijos a favor de García Ponce de León de un censo impuesto sobre sus bienes y unas casas y tienda que poseen en la villa de Marchena (Sevilla) en la calle Sastres. AHN. OSUNA,C.170,D.132.

Pedro Hernández Cabrón, corsario genovés y judeoconverso al servicio de Rodrigo Ponce de León

Juicio y persecución contra Ana Rodríguez vecina de Marchena por delitos de judaismo delatada por una esclava negra

¿Cómo llegaron las tortas de manteca de Marchena a ser un plato popular en Turquía?

ESCLAVITUD Y CARCEL

Negros, canarios y moriscos, los esclavos más comunes en Marchena

La historia oculta de los negros andaluces y la esclavitud en nuestra tierra

La increible historia de Elena de Céspedes, sastre negra transexual en la Marchena de 1587

Francisco Ahumada: El negro que nació de padres blancos

GITANOS PLAZA DUCAL 

 

Los gitanos y la Virgen de la Soledad, una historia de amor que nace en el siglo XVII

Historia

Los Bécquer y Juan Ramón Jiménez en la Alquería del Pilar, el palacete de Antonia Díaz

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La Fundación José Manuel Lara de Sevilla conserva cartas enviadas por distintos personajes de 1856 a 1902 al matrimonio formado por José de Lamarque y Antonia Díaz, el primero empresario y diplomático de Sevilla y la segunda poetisa nacida en Marchena, hija de un médico.

Ruta de los escritores en Marchena el próximo sábado 

De Antonia Díaz trata la investigación «Los límites de la escritura femenina» de Marta Palenque e Isabel Román Gutiérrez ambas de la Universidad de Sevilla.

Así era el palacio de la poetisa Antonia Díaz en la alquería del Pilar de Dos Hermanas

El alma de Antonia Díaz y el paisaje de la Alquería estaban fundidas en una sola según los escritores que participaron en la corona poética encargada por su marido a la muerte de ella de 1892.

Era un jardín romántico, con canales, en cuyo centro había una casa con evocaciones historicistas, levantado por un marido rico como homenaje a su esposa por donde pasaban los mejores escritores de su tiempo como Juan Ramón Jiménez y los Hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Domiguez Bastida más conocidos en todo el mundo como los hermanos Bécquer.

José de Lamarque y Antonia Díaz estuvieron entre los que financiaron la primera edición de las obras de Gustavo Adolfo Bécquer, en 1871. 

Juan Ramón Jiménez como joven pasó por La Alquería viendo al matrimonio Díaz-Lamarque como un anacronismo que pretendía encaminarlo hacia el clasicismo historicista, y que veían el modernismo de Rubén Darío como mera cursilería.

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Juan Ramón Jiménez escribió: «En La Alquería, José de Lamarque y su esposa Antonia Díaz, revivían tiempos pasados españoles, vistiendo con trajes anacrónicos y representando escenas de serenatas trovadorescas. Don José Lamarque me daba siempre consejos y me decía que leyera a don José de Velilla y a su hermana doña Mercedes, a don Luis Montoto y Rautenstrauch, a don Francisco Rodríguez Marín y otros, que formaban la peña poética sevillana del instante parado, y que me dejase de aquellas revistas de Madrid, que no sabían nada de poesía».

Valeriano Bécquer pintó retratos del matrimonio. En el Album ilustrado de Antonia Díaz hay dibujos de un joven Gustavo Adolfo además de textos de escritores españoles y europeos de estilo clasicista como Fernán Caballero a pinturas de Valeriano Bécquer.

En 1846, una joven Antonia Díaz comienza a publicar poemas, artículos y, prosa en la prensa sevillana, a veces en revistas culturales además de las habituales secciones de Literatura, y en los años cincuenta empieza a hacerse famosa en la prensa madrileña como una de las pocas mujeres poetas.  En 1849, Chaves la incluye entre los redactores de El Regalo de Andalucía, junto a Gustavo A. Domínguez Bécquer y escritoras como Carolina Coronado.

En 1877 aparece Flores marchitas, en dos volúmenes, uno de sus libros más interesantes con canciones, baladas y leyendas breves y su primera novela se llamó El precio de una dádiva editado en 1881.

En Poesías religiosas (1889) se refleja el espíritu cristiano de Antonia Díaz quien escribía en una torre de La Alquería sobre una cueva donde había una virgen del Pilar. No tuvo hijos y padeció una enfermedad que la mantuvo en apartamiento y reposo, anemia cerebral a decir de Pineda Novo, y que le trajo una muerte prematura.

Escribió el relato «La mujer sevillana» en la obra Las mujeres Españolas de talante reivindicativo aunque sin extremismos.

José de Lamarque fue cónsul del imperio austrohúngaro, diputado por Sevilla, banquero, propietario del periódico El Eco de Andalucia, dio forma a la Romería de la Virgen de Valme, hermano mayor de la Soledad de San Lorenzo desde 1874 y secretario de la Carretería.

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Cristo de San Pedro

Cuando la Reina agilizó la construcción del convento de Santo Domingo de Marchena

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Fray Manuel de Carrasquilla prior del convento de Santo Domingo explica en una carta al Duque Manuel Ponce de León Spinola, segundo de su nombre, el 17 de diciembre de 1743 el proceso de fundación del Convento de Santo Domingo entre 1520 y 35. 

Señala Carrasquilla la cantidad que paga la casa de Arcos a fin de Diciembre de cada año al convento de Santo Domingo: «3139 reales y 26 maravedíes perpetuos,  mas 728  reales por 144 fanegas de trigo en especie mas la renta llamada de la Mota «que siempre ha percibido este convento».

El valor de los maravedíes, «en aquellos  tiempos escasísimos de moneda» (aún no disfrutaba España de los copiosos tesoros de las Indias)» explica Carrasquilla.  Un buey se compraba por 10 maravedíes y un carnero por 4.

La predilección del I Duque Rodrigo por los dominicos responde a que tenía por confesor al célebre fray Domingo de Baltanás, a quien designó como albacea. La segunda misa que se celebraba todos los días en la comunidad iba por el alma del fundador y por la de todos los miembros de la Casa de Arcos vivos y difuntos.

En este dibujo del gabinete pedagógico de Bellas Artes podemos ver como era la Marchena del S XVI, con las torres de San Juan y Santa María en construcción, y los arrabales de San Sebastián y San Miguel naciendo en torno a las puertas de la muralla y los conventos de Santo Domingo, Santa Clara y las entonces ermitas de San Sebastián y San Miguel.

EL PROBLEMA CONVERSO

Los conversos eran entonces una fuente de conflictividad. 

Diego Becerril Vicario de Marchena dirige una carta al Duque en Enero de ese año donde explica la existencia de un enterramiento de huesos «confesunos», es decir un enterramiento de judeo-conversos en el solar que fue entregado por el Duque para convento de Dominicos.

Recibida del Duque la orden de entregar la huerta a los dominicos el Vicario se queja «porque yendo allí la orden de los Predicadores a quien la Santa Inquisición fue dada lo primero que hicieran fuera desenterrar los huesos confesunos que allí están enterrados y desterrar las hisopadas de agua que viene a echar un sastre en este pago de terreno sobre las sepulturas de sus antepasados. Y pues por no perder el templo y cobranza del huerto y las limosnas, sacerdotes y gentiles y conversos han hecho promesa (…) sobre quitarme la cera».

Por otro lado el problema de los Moriscos era otra fuente de preocupación para el Arzobispo Diego de Deza, que escribe al I Duque de Arcos, Alguacil Mayor de Sevilla contándole el levantamiento de los moriscos de Sevilla en la calle de la Feria en 1521. Antes los vecinos de Marchena no dejaron de sofocar el levantamiento de los musulmanes granadinos en 1499 o la rebelión de las serranías de Ronda y Villaluenga poco después.

El documento que cita la existencia de un enterramiento de judeo-conversos en 1525 en Marchena

EL FUNDADOR: EL I DUQUE DE ARCOS, ALGUACIL MAYOR DE SEVILLA

El fundador era Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos que en 1520 firma un acuerdo con el provincial de la Orden Dominica Fray Domingo de Melgarejo, por el que se obliga a la fábrica y fundación del dicho convento y a dotarlo para mantener 20 frailes, sobre los bienes y posesiones heredadas del clérigo Bartolomé Sánchez Bonilla que dotó al convento con la «exorbitante» cantidad de 808 maravedíes ante Juan Ruiz escribano de Marchena en el año de 1520.

CONFLICTO SUCESORIO Y DE LEGITIMIDAD EN LA CASA DE ARCOS

Dada la ilegitimidad no sólo de su hija Francisca, sino de él mismo el Marqués de Cádiz designa a Rodrigo Ponce de León y Ponce de León su sucesor, hijo de Francisca Ponce de León (hija del marqués y de Luis Ponce de León, señor de Villagarcía y bisnieto del primer conde de Arcos, confirmado por los Reyes Católicos. De esta forma solucionaba el problema de legitimidad.  Luis Ponce de León que reclamaba el mayorazgo recibió en 1494 con el pago por parte de Beatriz Pacheco de cuatro millones de maravedís.

Además Rodrigo tuvo que hacer frente al pago de cuantiosas rentas a su primo Manuel, al que se le otorga el Conde de Bailén tras un costoso pleito de 20 años y 20.000 ducados de oro lo que pudo retrasar la construcción del convento. Beatriz Pacheco muere en 1511 y deja el gobierno en manos de Rodrigo, quien ese mismo año redacta ordenanzas de gobierno de Montepalacio y juramento de fidelidad con los regidores de Carmona.

Bartolomé Bonilla, el clérigo que se arruinó por fundar el convento de Santo Domingo

«Que Luis Cristobal mi hijo y a sus tutores tengan por bien y en todo descarguen mi anima porque así lo hagan con él, sus hijos cuando de esta vida hubiesen de partir» explica el fundador en su testamento.   «Y que de ella se edifique dicho monasterio por el referido Testamento y codilicio hecho en Rota» por el fundador, fallecido en 1530 mandando sepultarse en dicho convento él y sus tres mujeres y «todos sus inéditos sucesores y descendientes».

Rodrigo se casó cuatro veces, la primera con Isabel, hija de Diego López Pacheco, marqués de Villena en 1500. Al morir Isabel en 1521, el duque casó con Juana Girón, hija del conde de Urueña Juan Téllez Girón. También ésta murió pronto, por lo que Rodrigo desposó a su hermana, María Girón de Archidona, madre de Luis Cristóbal. Por cuarta vez se casó con Felipa Enríquez, a la que dejó viuda.

Fray Domingo de Baltanás aconsejó al I Duque de Arcos Rodrigo Ponce de León, quien tenía necesidad de un heredero que no llegaba, hacer un voto a San Pedro Mártir. Si llegaba el hijo que esperaba prometió reconstruir el convento en un mejor sitio y mantener 20 religiosos.

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«Hizo el Señor Duque las oraciones al Santo Mártir y acudió al duque dándole un hijo: Luis Cristóbal Ponce de León segundo duque de Arcos».  El Duque firmó entonces una cédula refrendada por su secretario Hernán Ramírez de Cartagena a Primero de Mayo de 1520.

Los azulejos gemelos de Chipiona y Marchena, unidos por los Ponce de León

El I Duque de Arcos (m. 1530) era aliado de su cuñado Pedro Girón y Velasco en la lucha que este mantuvo por heredar el ducado de Medina Sidonia. Don Rodrigo fue enterrado junto con su esposa María Girón en la iglesia de San Pedro Mártir, en Marchena, en la bóveda situada bajo el altar mayor del templo. Rodrigo era Alguacil Mayor de la ciudad de Sevilla y fundador del convento de la Virgen de la O de Rota. 

El Arzobispo Fray Diego de Deza y Cristóbal Colón

DIEGO DE DEZA AMIGO DE COLON Y LA REINA CATOLICA Y SUS CARTAS AL I DUQUE DE ARCOS

Como Alguacil Mayor de Sevilla Rodrigo mantenía una relación estrecha con el Arzobispo Diego de Deza, uno de los más poderosos de su tiempo, II Inquisidor General de Castilla, tras Torquemada, teólogo dominico amigo y confesor de los Reyes Católicos cuyo escudo está en el banco del altar Mayor de la iglesia de San Juan, bajo cuyo mandato se levantó.

Amigo de Colón, que  defendió en la Universidad de Salamanca la redondez de la tierra y las tesis de Colón de que se podía llegar a América por el Oeste. Se conservan cartas entre el I Duque y Diego de Deza tratando sobre el levantamiento de los Moriscos de la calle Feria en 1521.

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Carta de Fray Diego Deza a Rodrigo Ponce de Leon

En una carta Diego de Deza relataba a Rodrigo Ponce de León, los sucesos del pendón verde de la calle Feria y de la villa de Bailén, que era del Estado de Arcos y el resto de problemas que había en España y Andalucia. 

La Guerra de las Comunidades provocó importantes disturbios en Sevilla. Aunque Rodrigo no participó personalmente, sí lo hizo su hermano Juan de Figueroa, quien se apoderó de los reales Alcázares.

El confesor de Rodrigo, era Domingo de Baltanás, provincial de la orden dominica que terminó sus días inesperadamente recluído en un convento, condenado por la Inquisición, tras haber sido denunciado por tocamientos impuros por más de ochenta monjas, que lo acusaban de pronunciar la frase Christus Vincit Christus Regnat mientras les tocaba el sexo.   

Los pecados de Baltanás, el provincial dominico que fundó el convento de Santo Domingo de Marchena

JUAN ARIAS DE SAAVEDRA, TUTOR DEL II DUQUE

Muerto el Duque fundador, la persona encarga de levantar el convento fue Juan Arias de Saavedra, conde de Castellar, y tutor de Luis Cristóbal mientras fue menor de edad.

«Preocupado -a lo que se deja colegir- de otros negocios se olvidó de la fábrica del convento y del juro de los 230 maravedíes de renta de su dotación clamaba y reclamaba la parte del convento en la persona del Reverendo Padre Fray Domingo de Baltanás, confesor que había sido de Duque de Arcos don Rodrigo».

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En 1535  aún no se habían iniciado las obras por lo que los frailes de la orden Dominica en Marchena decidieron presentar un recurso ante la Reina Isabel de Portugal, emperatriz y esposa de Carlos V.

«Informada su majestad de la justicia de esta parte y de las grandísimas causas que movieron al señor Duque a la fundación del convento de San Pedro Mártir; la reina despachó una cédula real por la cual removiendo todo impedimento, manda que el referido Don Juan Arias de Saavedra gobernador del estado de Arcos prosiga y finalice la construcción del convento de San Pedro Mártir y pague a sus religiosos el juro de 288 maravedíes de renta anual que debía para su subsistencia y manutención de sus religiosos» tal y como expone Fray Manuel de Carrasquilla en su carta de 1743.

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RODRIGO MUERE CON ESCASEZ ECONOMICA

Rodrigo Ponce de León percibía rentas por valor de 30.000 ducados anuales, pero los continuos pleitos con los miembros de su familia, el gasto de las campañas militares, el elevado coste de la construcción del convento de Santo Domingo y el hecho de que sus bienes estaban sujetos a vínculo de mayorazgo, hizo que tuviera que pedir préstamos y vender gran cantidad de tierras, como La Monclova, o la Isla de León.

Para contrarrestar ésto fomentó la producción de azúcar en Casares, la construcción de salinas en la Isla de León y Rota, y sus explotaciones mineras en Sevilla, Córdoba y Jaén.

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JUAN ARIAS DE SAAVEDRA, TUTOR DEL DUQUE II DE ARCOS

Fernando Arias de Saavedra, y Avellaneda Señor de El Viso y Castellar  (Sevilla, c. 1450 – 1496) se casa con Constanza Ponce de León, hermana de Rodrigo Ponce de Leon, Señor de Marchena. Mano derecha de su cuñado en la guerra de banderas tenía la fortaleza de Alcalá de 1471-1474. 

En 1534 Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, nombra tutor y gobernador de la persona y bienes de su hijo Luis Cristóbal Ponce de León a Juan Arias de Saavedra y Ponce de León (+1544)  primer conde del Castellar (1539), caballero de la orden de Santiago, Alguacil mayor de Sevilla, corregidor de Granada, caballero 24 de Sevilla y alguacil del tribunal de su Inquisición. Por tradición reciben el título de Guardianes del convento de San Francisco de Marchena.

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EN SANTO DOMINGO SE LEIAN PUBLICAMENTE EDICTOS DE FE

Como templo Dominico, Santo Domingo fue sede de la Inquisición, aunque aquí no sucedían muertes, que tenían lugar en Sevilla, tan solo se leían edictos y autos de fé a las puertas del templo.

En las dos primeras décadas de existencia de la Inquisición española (1480-1500) se usó el «edicto de gracia». La diferencia fundamental entre el edicto de gracia y el posterior edicto de fe era que en el primero, tras enumerar una lista de herejías, se hacía un llamamiento a los que creyeran haber incurrido en herejía para que se denunciaran a sí mismos dentro de un «período de gracia», que solía ser de treinta a cuarenta días. Los que así lo hacían eran «reconciliados» con la Iglesia sin sufrir fuertes castigos.

«Después de 1500 los edictos de gracia habían cumplido su propósito y fueron sustituidos normalmente por edictos de fe, que no tenían un período de gracia y que en su lugar invitaban a la denuncia de aquellos que eran culpables de los delitos que aparecían en una larga lista de ofensas».​ «La obligación de denunciar a todos los sospechosos de herejía se extendía a todos los fieles, bajo pena de excomunión».

Familiares de la Inquisición

La Inquisición disponía de la colaboración de los «familiares», que constituían una especie de policía, a menudo fanática, y que disfrutaba de los privilegios de un total anonimato, y la impunidad escapar a la jurisdicción de los demás tribunales. Hacían delaciones y sus nombres no podían ser conocidos.

HERNÁN RAMIREZ DE CARTAGENA 

En 1520 Hernán Ramírez de Cartagena, caballero venticuatro de Sevilla firma como secretario y contador mayor del Duque de Arcos la cédula de fundación del Convento de Santo Domingo, de Marchena. 

En 1523 Hernan Ramirez cobra  del ayuntamiento de Granada  cierta cantidad de dinero como tesorero del Duque de Arcos. En 1535  recibe de García de Arce, paje de Luis Cristóbal Ponce de León, las escrituras de los concejos de la Sierra de Villagarcia, desistiendo de un pleito contra el Duque.

A la muerte de Hernán, Miguel de Neve ejerce como administrador de los bienes de su hijo Fernando Ramírez de Cartagena, contra las justicias de Arcos, Marchena, Rota y Chipiona, para cobrar deudas del duque de Arcos según documento con fecha de 2 de Noviembre de 1630.

«Yo Miguel de Neve como administrador que soy de los bienes de don Fernando y Don Manuel Ramirez de Cartagena, mis cuñados, hijos y herederos de Hernán Ramírez de Cartagena y veinticuatro de esta ciudad y Luisa Fernández Colmenero, difuntos, en el pleito con los bienes del señor de Duque de Arcos» y asi lo reclama en un documento el 11 de Febrero de 1630. En 1631  el Duque de Arcos le debe  a Miguel de Neve tres censos.

El Médico del Chocolate

Bartolomé Marradón, Hermano Mayor del Cristo de San Pedro fue uno de los primeros médicos que viajó a México y Guatemala para estudiar el cacao y el chocolate y escribir libros sobre el tema siendo citado por la mayor parte de tratados europeos sobre el tema y traducido a varios idiomas.

«Diálogo del chocolate. Compuesto por Bartolomé Marradon, médico español de la villa de Marchena, impreso en Sevilla en el año 1618». Asi se llama la obra escrita por Bartolomé Marradón, hermano mayor del Cristo de San Pedro que dice que el chocolate «se estima mucho por ser muy medicinal y muy a propósito de aprender sus virtudes. Yo probé el fruto del cacao y lo he degustado pero para deciros la verdad no me place» escribió el médico marchenero en su «Diálogo del chocolate».

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Historia

Diego de Deza, el defensor de Colón que firmaba pactos con el Señor de Marchena

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Fray Diego de Deza  (Toro 1443 – Sevilla 1523) fue Dominico, catedrático y teólogo en Salamanca, maestro del príncipe D. Juan, confesor de los Reyes Católicos. Era muy versado en matemáticas, y como tal aprobó la demostración de Colón para llegar a América ayudándole en la realización de sus proyectos. Dejó una importante obra literaria y fue retratado por los pinceles de Zurbarán.

Educado en el colegio principal de los Dominicos de San Esteban de Salamanca, el más rico de España de su orden. Mano derecha de los Reyes, de los que fue confesor, capellán y siempre consejero, lo que explica su continuo y progresivo ascenso de una sede episcopal a otra, a cual más importante y de mejores rentas y que interviniera, como obispo, arzobispo e inquisidor en prácticamente todos los asuntos importantes de la vida española de entonces.

GRACIAS A DEZA COLON VIAJÓ A AMERICA

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Retrato de Deza hecho por Zurbarán, 

Fray Diego de Deza, Confesor de la Reina Isabel y preceptor del Príncipe heredero Juan defendió ante la Reina las tesis de Colón, de quien fue amigo. Tuvo así un papel decisivo como mediador de Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos y acompañó a Colón a Salamanca para enfrentarse al claustro de la Universidad.

En San Esteban de Salamanca se conocía y estudiaba obras científicas que defendían la esfericidad de la tierra, que había sido doctrina tradicional en la Orden de Predicadores.  Esto facilitó la llegada de Colón a Salamanca, 1484 facilitó la comprensión de sus ideas expuestas a los frailes y a otros maestros e hizo que Deza se entusiasmase con los planes del Descubridor. Los Reyes Católicos estuvieron en Marchena Jerez y Rota en 1483, para pacificar las guerras de nobleza andaluzas.

El apoyo de Deza a Colón, queda plasmado en una carta que envió a su hijo Diego, de 21 de Diciembre de 1.504, «… el Sr. Obispo D. Diego de Deza… había sido la causa de que los Reyes Católicos tuviesen las Indias«. Junto con Fray Antonio de Marchena fue el que más apoyó a Colón.

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Tumba de Diego de Deza en la Catedral de Sevilla. 

«Deza fue la causa de que yo me quedase en Castilla, cuando ya estaba de camino para fuera», escribió Colón sobre uno de los momentos claves de la organización del viaje, cuando Colón vio su proyecto fue rechazado por segunda vez y pensó que todo estaba perdido.

El escudo de Diego de Deza aparece en el banco del altar mayor de San Juan de Marchena en cuyo mandato se construyó dicha iglesia por testamento de Rodrigo Ponce de León en torno a 1492.

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Carta de Diego de Deza al Duque de Arcos. 

Ocupó los cargos de Obispo de Palencia, Zamora, Salamanca y Jaén. Por renuncia de Torquemada fue Inquisidor general, cargo que después dejó para convertirse en 1505  Arzobispo de Sevilla, de donde partió para Toledo como electo, pero murió en el camino.

Desde 1504 apoyó  que la Orden de Predicadores tuviese una estrecha vinculación con la Inquisición con cauce legislativo, hasta que Felipe III se la concedió a fray Luis de Astorga.

DIEGO DE DEZA Y EL DUQUE DE ARCOS

Como Arzobispo de Sevilla solía mantener correspondencia escrita con Rodrigo Ponce de León, I duque de Arcos, como la firmada en 1520 sobre los disturbios que se estaban produciendo en Sevilla, y la situación en Castilla.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. Carta de Diego Deza al Duque de Arcos. 

El I Duque de Arcos (m. 1530) fue aliado de su cuñado Pedro Girón y Velasco en la lucha que este mantuvo por heredar el ducado de Medina Sidonia. El rey Fernando II de Aragón fallece el 23 de enero de 1516 y el 6 de febrero firman Juan Téllez Girón, su hijo Pedro Girón y el propio Rodrigo, crean una confederación contra Alonso Pérez de Guzmán, V duque de Medina Sidonia.

Don Rodrigo fue enterrado junto con el de su esposa María Girón en la iglesia de San Pedro Mártir, en Marchena, en la bóveda situada bajo el altar mayor del templo, que fundó el propio Rodrigo entre 1517 y 30. El propio Deza, Baltanás, superior de la orden y Rodrigo Ponce, auspiciaron la fundación dominica en Marchena.

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CONFEDERACIONES DE AYUDA MUTUA ENTRE EL ARZOBISPO Y LOS NOBLES

El Arzobispo medió en los litigios de la nobleza sevillana, dividida secularmente entre los Guzmanes y los Ponce de León   a los que intentó pacificar incluso con penas canónicas, e intentó sofocar incluso personalmente la revuelta que en 1521 acaeció
en la feligresía de la Feria, en que los sublevados protestaban por la subida de los precios.

En una carta Diego de Deza relataba a Rodrigo Ponce de León, los sucesos del pendón verde de la calle Feria y de la villa de Bailén, que era del Estado de Arcos, y donde el Arzobispo Hispalense tenía desde 1515 el cortijo Las Chozas.

El 8 de mayo de 1521 los habitantes del Barrio de la Feria hacen un levantamiento popular, ya que en ese momento pasaban por una hambruna. Los participantes en el motín, descendientes de moriscos y andalusíes, recorren la ciudad y se dirigen hacia el ayuntamiento, al que lanzaron piedras y todo tipos de objetos.

«Ayer a las dos después del mediodía me envió el asistente y algunos veinticuatros, a pedir que actuara la justifica porque se había levantado unos villanos en la feria y desde la una me enviaron a decir que ya estaba todo asosegado» indica la carta de Deza al Duque de Arcos. 

En 1506 Diego de Deza haba firmado una escritura de confederación con Juan Téllez-Girón, y el Duque de Arcos para evitar confrontaciones y respetar la autoridad de Juana I «La Loca» tras la situación política creada por el fallecimiento de su esposo Felipe I para evitar dar pie a nuevas rebeliones internas de los moriscos de Granada ni a los norteafricanos musulmanes recién expulsados de España.

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Cartas del Arzobispo de Sevilla Diego de Deza al Duque de Arcos. 

DEFENESTRADO POR SU APOYO AL INQUISIDOR CORDOBES LUCERO

Fue inquisidor general, de 1499 a 1507, y de ellos seis como presidente del Santo Oficio, de 1501 a 1507. Su apoyo al Inquisidor de Córdoba en 1495, Diego Rodríguez Lucero que pretendía acabar con la vida de más de 300 judeoconversos en la ciudad, le hizo perder la confianza de los Reyes por la influencia del cardenal Cisneros.

Lucero ordenó quemar 100 personas de la jerarquía eclesiástica, nobiliaria y municipal de Córdoba. No faltaron las protestas ante los Reyes Católicos, con el argumento de que hubo declaraciones manipuladas y confesiones bajo torturas.

El 30 de octubre de 1504, en los días agónicos de la reina, y quizás en una de las
últimas voluntades de la católica soberana, Deza es elegido arzobispo de Sevilla,
aunque no quiso acudir a su nueva diócesis hasta ultimar el asunto pendiente que
la reina le había confiado, el ser su testamentario junto al cardenal Cisneros y el
ya viudo rey Fernando.

Muerta Isabel La Católica en 1504, los nuevos Reyes Juana la Loca Felipe el Hermoso, ordenaron suspender los autos de fe de Lucero y hacer dimitir al inquisidor general, Fray Diego de Deza, y también a Lucero en Córdoba. La orden real llegó a tiempo para suspender un auto de fe con 300 víctimas.

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Historia

Luis Colón: El nieto polígamo del descubridor de América

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El nieto de Colón, Luis Colón y Álvarez de Toledo (Santo Domingo, 1522 – Orán, 1572) heredó de su padre Diego Colón numerosos títulos y riquezas y  no conoció las penurias de su abuelo.

Pleiteó contra la monarquía pidiendo más títulos -virrey o gobernador de Indias- pero el Rey lo desterró y encarceló en Orán por haberse casado con varias mujeres cuando aún no habían conseguido la nulidad eclesiástica de sus matrimonios anteriores.  También pleiteó sin éxito contra el clero por la propiedad de la biblioteca colombina, que su tío Hernando Colón donó al cabildo catedralicio hispalense.

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En 1554 intentó vender el primer diario de a bordo de su abuelo el Almirante, pero no lo logró. Vendió la Historia del Almirante Cristóbal Colón, escrita por su tío Hernando, a Baliano de Fornari, quien la publicó en Venecia.

 

Fue I duque de Veragua, I duque de la Vega, II marqués de la Jamaica, III almirante de las Indias, y gobernador de la Capitanía General de Santo Domingo entre 1540 y 1543 y como todos los descendientes de Colón disfrutó de unas rentas reales de 10.000 ducados anuales hasta finales del siglo XIX. Además heredó de su padre Diego Colón una azucarera en La Española (isla de Santo Domingo) y el rey le dio quince mil pesos de oro por méritos militares.

Su dinero no le libró de la cárcel de  Orán por bígamo y polígamo, al tratar de casarse con cinco mujeres sin esperar la nulidad eclesiástica de sus matrimonios anteriores.

En 1554 trató de casarse con Ana de Castro Osorio, hija de los condes de Lemos, pero no pudo porque aún no tenía la nulidad de su matrimonio con María de Orozco. Tampoco fue legal su matrimonio con María de Mosquera. Roma se niega a concederle la nulidad y fue acusado de bigamia, juzgado y encarcelado soportando largos pleitos que le condenaban a no casarse.

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No perdía el tiempo. Pisó las cárceles de Arévalo, Medina del Campo y Simancas donde San Francisco de Borja, lo convence para reconocer a María de Mosquera como su única mujer. Condenado a destierro en Orán apela al Rey, pero antes de irse a Africa, tuvo tiempo de burlar a los guardia reales que lo tenían confinado en la cárcel madrileña y casarse en 1563 en el mes de septiembre por cuarta vez con Ana de Castro y ser nuevamente encarcelado.

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Pero aquí no acaban sus matrimonios. Antes de su encarcelamiento se casó por quinta vez con Luisa de Carvajal a quien dejó embarazada.   Luis Colón se casó con ella, de forma clandestina, el 26 de mayo de 1565, día en que nació un hijo, bautizado con el nombre de Cristóbal Colón. Luis Colón partió hacia el destierro de Orán en 1567, acusado de polígamo, donde murió cinco años después siendo enterrado en el convento de San Francisco de Orán.

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Historia

La bandera de España: de los barcos de la Armada de Carlos III a símbolo nacional

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FUENTE: ARCHIVO HISTORICO NACIONAL

Desde los inicios del siglo XVIII las banderas enarboladas por los buques de la Real ArmadaEnlace externo, se abre en ventana nueva presentaban el escudo real sobre fondo blanco, color común de las diversas familias de la dinastía Borbón que, por aquel entonces, gobernaban en buena parte de Europa. Así, estas enseñas blancas eran usadas, no solo por España, sino también por Francia, Nápoles, Parma o Sicilia. Como cabría esperar, estos parecidos creaban graves confusiones durante las confrontaciones navales donde las inclemencias del tiempo o la simple lejanía de las naves entre sí favorecieron la proliferación de equívocos y de ataques a navíos propios o aliados.

Antiguos pabellones reales, según el boceto de Antonio de Caula (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620)Antiguos pabellones reales, según el boceto de Antonio de Caula

Con el objetivo de mejorar la identificación de las enseñas y de evitar dolorosos accidentes en los encuentros navales, el rey Carlos III encargó al ministro de Marina, a la sazón Antonio ValdésEnlace externo, se abre en ventana nueva, la misión de diseñar una bandera de fácil identificación. Valdés presentó doce modelos en los que proliferaban los colores rojo y amarillo, pero también otros como el blanco y el azul. Mediante Real Decreto de 28 de mayo de 1785Enlace externo, se abre en ventana nueva, se establecía como distintiva de la Marina de Guerra y la Mercante la bandera roja y amarilla, siendo la franja central más ancha para dar cabida al escudo real. Un año después, otro real decreto ampliaba el uso de esta bandera a otras dependencias de la Marina tales como cuarteles, astilleros, plazas y fortificaciones que jalonaban las fronteras marítimas del reino, lo que sin duda contribuiría a la asociación de bandera y territorio nacional.

Varios diseños de bandera presentados por A. Valdés a Carlos III (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620)Varios diseños de bandera presentados por el ministro A. Valdés a Carlos III en 1785 (Según el boceto de A. de Caula)

Sin embargo, a mediados del XIX todavía existía una enorme variedad de estandartes de larga tradición histórica que eran utilizados por las distintas unidades del ejército. Por ejemplo, muchas de ellas seguían usando la cruz de San Andrés o aspa de Borgoña, cuya primera utilización en España se sitúa en el reinado de Juana de Castilla y Felipe el HermosoEnlace externo, se abre en ventana nueva (que, recordamos, era asimismo duque de Borgoña).

Pabellones con el aspa de Borgoña, según el boceto de A. de Caula. (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620)Pabellones con el aspa de Borgoña, según el boceto de A. de Caula.

Esta disparidad en el uso de símbolos estaba lejos de sintonizar con los proyectos de reforma que se produjeron bajo el reinado de Isabel IIEnlace externo, se abre en ventana nueva y que estaban sustentados por el ideal de “unidad de la monarquía española”. En efecto, entre las distintas iniciativas de reorganización del ejército, se llevó a cabo una unificación de las banderas que habían sido enarboladas durante siglos por sus diversos cuerpos e institutos: la uniformidad pasó por escoger como modelo común a todos ellos el estandarte rojo y gualda. Así, mediante Real Decreto dado a 13 de octubre de 1843Enlace externo, se abre en ventana nueva, el Gobierno provisional en nombre de Isabel II -todavía niña- decretaba que:

“las banderas y estandartes de todos los cuerpos e institutos que componen el ejército, la armada y la Milicia Nacional serán iguales en colores a la bandera de guerra española, y colocados estos por el mismo orden que lo están en ella.”

En este mismo decreto, esta “bandera de guerra”, la roja y amarilla establecida en 1785 para la Marina, se equiparaba a “bandera nacional” y “símbolo de la monarquía española”. Los cierto es que tales colores, de facto, ya habían sido asimilados como propios por el pueblo español como consecuencia de diversos avatares históricos, muy particularmente los acaecidos tras la invasión francesa de 1808Enlace externo, se abre en ventana nueva.

Ya en el siglo XX, a propuesta de Antonio Maura y MontanerEnlace externo, se abre en ventana nueva, presidente del Consejo de Ministros, aparecía un nuevo Real Decreto (dado a 25 de enero de 1908)Enlace externo, se abre en ventana nueva en que se disponía que en los días de fiesta nacional debía ondear la bandera española en todos los edificios públicos, tanto civiles como militares. Sin embargo, a tenor del documento que presentamos, parece que existían todavía algunas opiniones -seguramente muy minoritarias- que se mostraban contrarias al uso indistinto del pendón nacional en el contexto civil y militar. La solución planteada por el autor de la nota, Antonio de Caula y Concejo (pintor, conservador del Museo Naval y gentilhombre de Alfonso XII) es la de introducir las oportunas distinciones mediante el escudo de armas que ha de aplicarse en cada caso, para lo cual propone varios diseños que serían remitidas al presidente Eduardo DatoEnlace externo, se abre en ventana nueva.

Nota escrita por Antonio de Caula y Concejo (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620)

Nota escrita por Antonio de Caula y Concejo sobre la conveniencia de modificar el escudo de la bandera.

Carta dirigida a Eduardo Dato, solicitando se tome en consideración la propuesta de A. de Caula (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620)

Carta dirigida a Eduardo Dato, solicitando se tome en consideración la propuesta de A. de Caula

Para ello propone cinco modelos de bandera (AHNOB,SANTA CRUZ,C.620): la de guerra, que incorpora el aspa de Borgoña [n.º1]; la de marina de guerra -para la cual retoma la original creada por Carlos III a propuesta de Valdés [n.º2]; una “bandera nacional” que ha de usarse para todos los establecimientos del Estado distintos de Guerra y Marina, la única en cuyos cuarteles figuran las armas de Aragón y Navarra [n.º3]; la de embajada y misiones diplomáticas, que incorpora al blasón grande, con presencia de las armas dinásticas y rodeado por el Toisón de Oro [n.º4]; una para yates [n.º5] y, finalmente, otra para buques de comercio y particulares. (también esta había sido otorgada por Carlos III) [n.º6].

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Historia

Colón: «Nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antonio de Marchena”

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Los dos amigos y confidentes que Colón tuvo en el monasterio de La Rábida, eran fray Antonio de Marchena y fray Juan Pérez.  Fray Antonio de Marchena fue un Franciscano (OFM), astrónomo, amigo y confidente de Cristóbal Colón.

Se ignoran los datos biográficos de la juventud del fraile astrólogo e, incluso, se desconoce si el apellido Marchena es el real de su familia o un gentilicio dado por la Orden seráfica segun  Consuelo Varela de la Academia de la Historia.

En 1473 era guardián del convento de San Esteban de los Olmos, cerca de Burgos. En 1487, se trasladó a Andalucía para ser “décimo cuarto vicario provincial  de la Custodia de Sevilla de la observancia de San Francisco”,  de 1499 a 1502 según se lee en el Acta de concordia entre la Custodia de Domus Dei y la provincia de Santoyo en Castilla, fechada en el convento de San Juan de los Reyes de Toledo el 2 de noviembre de 1499.

Entre los que se hallaban presentes al firmarse el documento figura “frater Antonius de Marchena Vicarius Castelle”. En el Capítulo de la Orden, celebrado en Murcia en 1502, fue designado guardián del convento de San Francisco de Murcia por un trienio (1502-1505) y como tal lo encontramos presente en Madrid, el 7 de octubre de 1502.

En La Rabida Colón y Marchena coincidieron en varias ocasiones. Ambos compartieron ideas y trataron el proyecto. Colón escribió a lo Reyes  en La Española en 1500: “Nunca en todo este tiempo se halló piloto ni marinero ni philósopho ni de otra sçiençia que todos no dixessen que mi empresa era falsa; que nunca yo hallé ayuda de nadie, salvo de fray Antoño de Marchena, después de aquella de Dios eterno”.

Los Reyes piden a Colón en Barcelona el 5 de septiembre de 1493, poco antes de partir para su segundo viaje al Nuevo Mundo » que llevásedes con vos un buen astrólogo y nos paresció que sería bueno para esto fray Antonio de Marchena». No se ha podido confirmar si Marchena acompañó a Colón en este viaje, aunque sí se conservan las copias de las cédulas que los Monarcas enviaron en esa misma fecha al fraile pidiéndole que acompañase a Colón “algunos días”, y al provincial de la Orden solicitando que le permitiese viajar.

Dos testigos de los Pleitos Colombinos evocaron al fraile. Andrés del Corral testificó que fue un franciscano, cuyo nombre no recordaba, quien aseguró a los Reyes “que era verdad lo que el almirante decía. Alonso Vélez recordaba que el almirante “comunicaba la negociación de descubrir con un fraile estrólogo, que ende estaba por guardián, y ansímismo con un fraile Juan”.

En 1500, los franciscanos residentes en La Española lanzan graves acusaciones contra el almirante y sus hermanos; desde 1498 el genovés ya se había acercado a la Orden Cartuja y había entregado toda su confianza a fray Gaspar Gorricio. En la cartuja de las Cuevas podía depositar a buen recaudo sus documentos más preciados.

Bibl.: P. de Salazar, Crónica de la provincia de Castilla, lib. II, cap. I, Madrid, 1612, pág. 76; J. M. Asensio, “Juan Pérez y fray Antonio de Marchena”, en España Moderna.

t. XXI (1890), págs. 210-219; J. Coll, Colón y La Rábida: con un estudio acerca de los franciscanos en el Nuevo Mundo, Madrid, Librería Católica de Gregorio del Amo, 1891; A. Ortega (OFM), La Rábida. Historia documental y crítica, Sevilla, Imprenta y Editorial de San Antonio, 1925; J. Manzano y Manzano, Cristóbal Colón. Siete años decisivos de su vida (1458-1492), Madrid, Cultura Hispánica, 1964, págs. 496-497 y 525-534; A. Rumeu de Armas, “El cosmógrafo fray Antonio de Marchena, amigo y confidente de Colón”, en Anuario de Estudios Americanos, XXIV, 1966, págs. 793-837; La Rábida y el Descubrimiento de América, Colón, Marchena y fray Juan Pérez, Madrid, Cultura Hispánica, 1968.

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