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Historia

La historia oculta de los negros andaluces y la esclavitud en nuestra tierra

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«Venta de Animales. Se vende una negra criolla joven sana y sin tachas. Muy humilde y fiel, buena cocinera, con alguna inteligencia en el lavado y plancha y excelente para manejar niños en la cantidad de 500 pesos».

Anuncio publicado en la prensa cubana de La Habana, en 1839. Hasta el siglo XVIII hubo esclavos musulmanes en Sevilla y Cádiz y en nuestro país la esclavitud fue abolida en 1837.

El flamenco Felipe o Philipe Bullet reclamó al Duque de Arcos en 1663 un esclavo llamado Hamete Aolcada, de color negro, de 28 años que se había escapado de su casa de Madrid de la calle San Roque y que supo dos años después que estaba en Marchena en poder del Duque de Arcos.

Según Alfonso Franco, Catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla, el Duque de Arcos podía tener alrededor de 200 esclavos en sus palacios, tanto en Marchena como en Sevilla al igual que el Duque de Medina Sidonia y cien esclavos tenía el Arzobispo de Sevilla. Tener esclavos era un signo de estatus económico.

Felipe Bullet, afincado en Madrid dice haber comprado el esclavo al maestre de campo don Manuel Carrafa por 124 reales de plata de a ocho y este lo había comprado a Cosme de Molina vecino de Granada por escritura otorgada en la Alhambra el 4 de septiembre de 1663 que lo compró a Francisco de Medina comerciante y vecino de Cádiz. Bullet alega que no lo había puesto en libertad ni vendido, por lo que el esclavo le pertenecía.  Bullet presentó como testigos un mozo de la despensa del embajador de Holanda, y otros vecinos de Madrid que corroboran su versión.

En noviembre de 1574  Marqués de Peñafiel, desde Osuna pide al Duque de Arcos, que deje en libertad a un esclavo moro, porque le hace falta a su madre que era el único apoyo con que contaba. En Arcos de la Frontera y otras ciudades andaluzas aún se conservan muchas casas antiguas con un sótano dedicado a los esclavos y servidumbre.

Los esclavos que llegaban por vía marítima en las naves portuguesas traían marcas e hierros puestos por los mercaderes para que no pudieran escapar. Solían echarles argollas en los pies, en el cuello y en los brazos. En ambos carrillos les ponían una S y un clavo -es decir, la palabra «esclavo»- para que todos supieran que era cautivo.  Al llegar a Sevilla los marcaban con DSA -que quería decir «De SevillA».

El comercio de esclavos estuvo casi monopolizado por criptojudíos portugueses afincados en España en el XVI, que traían negros del Congo, canarios de las Islas, y los vendían en España o Cartagena de Indias. En estas familias de judeo conversos de origen portugués como los Báez, los Enríquez o los Arias estaba la vecina de Marchena Francisca López casada con Diego, hermano del último Rabino de Sevilla, Antonio Rodriguez Arias.

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A veces, aunque no siempre, llevaban impreso las iniciales o el nombre de su dueño. «herrado en el rostro tiene un renglon que dice Gregorio Serrano Villas cuyo era el esclabo vecino de la villa de Osuna…«.

De todos los esclavos los  blancos, moros y moriscos eran  más propensos a escaparse que los negros y esto también incluía en su precio.  Se valoraba gozar de buena salud, ser joven, no tener ningún defecto, y con plena capacidad de servici. El vendedor tiene que detallar los defectos físicos del esclavo, de lo contrario se arriesga a tener que devolver el dinero y tener el esclavo de vuelta. 

El símbolo del esclavo ha pasado así a algunas congregaciones religiosas. 

En 1634 al vendedor Antonio García: «por mandamiento de Pedro de Soria se cancelo la escritura por ser el esclavo ladrón y haberse huido por lo queal Francisco López recive los mill y ochocientos reales y Antonio Garcia el esclabo…«.

El blanco norteafricano era el más valorado por su resistencia física, y capacidad de trabajo y costaba unos 12.000, también las mujeres. Los negros eran  más baratos, por ser más numerosos, y costaba 8.000 maravedíes, e igual que ellos los canarios por más que los frailes franciscanos se opusieron fuertemente a la esclavitud en todos los países incluyendo España donde los canarios se vendían en Sevilla. Las mujeres eran más caras por la capacidad de dar a luz nuevos esclavos, y por convertirse en concubinas de sus amos.

La mayoría de los niños esclavos eran ilegítimos; así sucede con el 90% de los bautizados en la iglesia del Sagrario (la parroquia de la Catedral). Era práctica habitual el que muchos amos de esclavos, tanto clérigos como seglares, tuvieran relaciones sexuales con sus esclavas domésticas.

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En Gibraleón, Niebla y Ayamonte se han localizado familias descendientes de negros esclavos como Juan Perez, cuya familia fueron apodados los Moreno que también se mezclaron con los gitanos.

En 1952, el antropólogo aragonés Arcadio de Larrea publica el libro Los Negros de la Provincia de Huelva, un ensayo que los devuelve a la actualidad: es entonces cuando se pone de manifiesto su origen y se cuantifican en número: se contabilizan unos 500, distribuidos en 5 poblaciones: Huelva capital, Niebla, Moguer, Palos y Gibraleón

Otro resto de esta antigua presencia de esclavos negros en Sevilla es la hermandad de los Negritos. En El Puerto de Santa Maria vivió Cándida Jiménez hasta 1951, habia nacido esclava en Luanda en 1845. 

Historia

Los secretos de la barriada perdida de la Puerta de Ecija

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Si te digo que voy paseando por la calle del Moral, calle del Regidor, o calle Juan de Úbeda, no te miento si te digo que se trata de Marchena. Pero la Marchena de 1650, en la barriada perdida de la Puerta de Ecija: destruida por el miedo del duque a una posible rebelión popular. 

Portada: Puerta Osuna. Fotomontaje de José Delgado Arispón. 

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Rodrigo Ponce de León, llamado Rodrigo IV, en 1647 escapó de milagro a la rebelión de Massaniello siendo Virrey de Nápoles. Los frailes capuchinos, -que lo ocultan de la multitud con una capucha de fraile- le salvan la vida. A cambio funda un convento de capuchinos, -a modo de ángeles custodios- junto a su palacio de Marchena.

Por temor a las clases populares el Duque compró y permutó casas  y hazas del ruedo de la barriada Puerta Ecija que lindaban con el Palacio para eliminarlas y construir en el solar resultante, el parque bajo y jardines del Palacio Ducal, Convento y Huerta de Capuchinos.

Este barrio fue  levantado alrededor de la puerta de Ecija, puerta norte del recinto amurallado, de la que solo quedan los cimientos, hoy bajo la carretera de Carmona.  En 1649 se habían tomado para el Parque tierras o casas de más de veinticinco propietarios.

Los habitantes del barrio de Puerta Ecija no tuvieron más remedio que vender sus casas y tierras. Muchas eran viudas. Otros eran pobres sobrevenidos como Francisca Jiménez, quien en 1650 reconoce que vende «por estar con mucha necesidad» porque su marido se había ido a América hacía cuatro años y no tenía noticias de él. Vende al Duque una haza de siete almudes, linde con el haza de la ermita de Santa Justa y haza de Francisco de Fontanilla.

La Calera del barrio se llamaba María Jiménez y estaba casada con Francisco Ginés y vendieron su casa el 3 de enero de 1638.

Otros tenían posición acomodada al calor de la Casa Ducal, como Fernando Guerrero, maestresala del Duque, a cuyas viuda Ana Andrade no le quedó más remedio que vender, en julio de 1649, para mantener a sus tres hijas Violante, Catalina e Isabel. Sus casas lindaban con las de Cristóbal de Mesa herederos de Juan García Valenzuela.

También algunos Ponce de León fueron obligados a vender, como Isabel de Rivera, viuda de Lope Ponce de León Zapata, que vende en 1651,un haza de seis almudes junto al camino de Ecija y Haza de Santa Justa. Ese año Ana Ponce de León viuda de Lorenzo de Saavedra y Guzmán y Francisco de Saavedra su hijo venden al Duque Rodrigo Cuarto, nueve almudes.

Dice el Duque en un documento de compraventa, «yo tengo comprados para el parque que hago junto a mis casas palacios algunas hazas en que se sembraba alcazer, de algunos conventos y capellanías y personas particulares a quien tengo que dar otras en su lugar y facer los consensos, como los tengo tratados» es decir a través de trueque y compra.

Conocemos los nombres de algunas de sus calles, calle del Moral, calle del Regidor, o calle Juan de Úbeda. De la puerta de Ecija, que aproximadamente estaría al final de la calle Animas, salía el camino de Ecija, junto al que se levantaba la ermita de Santa Justa, igualmente desaparecida. Alrededor de las casas y la ermita estaba el ruedo, es decir pequeñas parcelas con explotaciones agrarias de alcacer: cebada para hacer pan y cerveza

Todo esto marcado por los vestigios almohades que aún permanecen como el aljibe almohade y la muralla que lo protege o un pozo de noria igualmente islámico.

En la desaparecida calle Del Moral había casas cedidas por el Duque a  hermandades como la Veracruz y Animas de San Juan (hoy fusionadas) aunque el mayor propietario de la zona era el Conventos de San Francisco y en menor medida Santo Domingo. Sus casas se tomaron para construir el convento de Capuchinos.

En la «calle del Regidor» estaban las casas de Juan, viudo de Francisca de Benjumea, que lindan con las casas que fueron de Cristóbal de Mesa y de Bartolomé Jiménez Pajarillas que tenían un gravamen de 235 reales sobre el Hospital de la Misericordia. Fueron vendidas al Duque en enero de 1649.

En la calle Juan de Ubeda había casas propiedad del colegio de la Compañía de Jesús, vendidas en 1649 por el procurador de los Jesuítas que lindaban con las casas de Bartolomé Jiménez, y solar de Bartolomé de Cárdenas.

Las hazas alrededor de la barriada, en general de pequeño tamaño pasan a ser del Duque. La haza del rodadero que se había dado en trueque a Tomás de Hurtado en 1635 o el Haza del Recalcón, en la Puerta de Carmona, propiedad del convento de la Concepción (1650) y entregada al Duque a cambio de  un censo de 240 reales que pagaban a su hacienda Antonio Gil y su mujer impuestas sobre sus casas en la calle de la Puerta de Osuna.

El haza de la media luna era de Pedro de Abadía, y la de la media legua de don Luis de Castañeda en el camino de Carmona, con 45 fanegas que lindaba con la viña de María de Navajas y el cerro de La Higuera.

Clérigos y conventos tenían tierras junto a Puerta Ecija, como las monjas de Santa Clara, 13 fanegas, Francisco de Guillena Manjón familiar del Santo Oficio en nombre de Gaspar de Torres, capellán, una fanega. Gaspar de Torres Capellán permutó con el Duque una haza de una fanega y a cambio consiguió otra haza en la calzada del Matadero, que estaba junto a la fuente de las cadenas.

Junto al camino de Ecija estaba la Haza de Santa Justa y la ermita del mismo nombre. Junta a ella Graciana de Alarcón y Vera y su hijo Pedro de Saavedra tenían otra haza.

Gaspar de Torres Capellán permutó con el Duque una haza de una fanega de sembrar alcacer y a cambio le dió otra haza en la calzada del Matadero.

Francisco de Guillena Manjón familiar del Santo Oficio en nombre de Gaspar de Torres, capellán de la capellanía creada por Martín de Montalván y residente en Córdoba entregó el 8 de mayo de 1651  «una haza de una fanega de tierra de sembrar alcacer en el ruedo de esta villa a cambio de trocarla por otro».

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Deporte

La primera instalación deportiva de Marchena fue un juego de pelota que estuvo en el Palacio Ducal desde 1541

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La primera instalación deportiva de Marchena y una de las primeras de Andalucía estaba en el Palacio Ducal de Marchena.
El Palacio tenía en 1541 un juego de pelota al que el Duque era muy aficionado.
Hay dos documentos sobre este frontón la orden de pago del Duque a su mayordomo Francisco Saavedra «para pago de deudas contraídas en el juego de pelota, al cual era muy aficionado el Duque» «1541-12-3).
El otro es una orden de pago a Juan de Godoy, «por lo que ganó en el juego de pelota contra el Duque» es decir apostaban.  (1545-4-7).

Había dinero de por medio, pues era habitual que los jugadores cruzaran apuestas –el dinero se colocaba debajo de la red–, al igual que los espectadores. En los lugares destinados al Juego de Pelota se jugaba también a cartas o dados, lo que hacía que el deporte tuviera muy mala fama entre los moralistas. Los dueños de las salas en las ciudades alquilaban las pistas, las pelotas y las raquetas y proporcionaban vino y comida para los banquetes que a menudo se celebraban tras el partido.

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En la edad media el juego de pelota era el más popular y se jugaba en toda Europa, especialmente en las cortes nobiliarias y en Francia donde era una moda que salia de los palacios reales. No es hasta finales del XIX cuando se empieza a jugar contra la pared en los frontones tradicionales conservadas especialmente en Valencia, Cataluña y Pais Vasco. El juego de pelota era el precedente del tenis y se practicaba en Egipto, Grecia y Roma.

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Uno de los testimonio más importantes, en cuanto a los detalles, es el de Juan Luis Vives (1493-1540). Vives escribió una comparación entre el jeu de paume (jugado con pelotas duras y raquetas con encordado de tripa) y nuestro juego de pelota (similar al de la pelota vasca o valenciana actual y jugado con «pelotas de viento» golpeadas con la palma de la mano).

Este testimonio de Juan Luis Vives en el que habla del jeu de paume comparando las cuerdas de las raquetas parisinas de aquel juego con bordones de tripa de la sexta cuerda de la guitarra,​ ya que las exigencias de una raqueta de tenis con respecto al encordado determina que las cuerdas de tripa de animal sean muy adecuadas para este uso.

El elemento básico de las pelotas de viento era la vejiga de un animal, a menudo la vejiga urinaria del cerdo. Su superficie externa se revestía con cuero y una vez recubierta la vejiga, se llenaba con aire a presión hinchándola con un fuelle.

Antonio Scaino da Salo (cura, teólogo y literato) escribió una obra muy notable sobre el juego de pelota.​ Con referencia a las pelotas de viento, describió con detalle la forma de la vejiga y del tubo de hinchado y un tipo de válvula antirretorno (o de retención) a base de estopa, que permitía hinchar la pelota con un fuelle adecuado muy parecido a los actuales.

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También mencionaba la costumbre de añadir un poco de vino en el interior de la cámara para que las pelotas mantuvieran más tiempo sus cualidades (especialmente su elasticidad)  El sistema de «válvula antirretorno» en la vejiga urinaria comparado con el de las pelotas de viento fue descrito por Juan Valverde de Amusco y fray Luis de Granada.

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Historia

Los Medina, el linaje judeoconverso entre los fundadores de la Real Maestranza de Caballeria

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Fernando de Medina Mendoza Cabañas, uno de los fundadores de la Maestranza de Sevilla en 1670 -es la única familia cuyos descendientes directos aún forman parte de la Real Maestranza-, jurado de la collación de San Bartolomé, la antigua judería, tenía origen judeoconverso.

Era nieto del almojarife y veinticuatro de Sevilla Sancho Díaz de Medina, huido en 1481 de la persecución del Tribunal de la Inquisición sevillano por judeo converso según expone Juan Cartaya Baños, en su tesis doctoral referente a este tema.

Fernando de Medina, jurado de la collación de San Bartolomé, dejó en su testamento una capellanía que se entrega por oposición en 1602 al capellán Antonio Godoy Ponce de León, bisnieto del jurado converso e hijo de Juan Godoy Alcaide de Carmona, casado con Sancha Ponce de León, hija del Conde de Arcos y Señor de Marchena, Juan Ponce de León.

En 1481, Sancho Díaz de Medina, veinticuatro de la ciudad,  arrendador de rentas del almojarifazgo sevillano, trabajando para el Rey Juan II, y uno de los hombres más ricos de la ciudad entre 1440 y 80, escapó de la Inquisición sevillana huyendo de la ciudad donde quedó su esposa Elvira Fernández.

Fue el primer ataque de la Inquisición sevillana y española que acabó con la élite conversa de la ciudad. Muchos de ellos acabaron perseguidos, huidos o quemados como Benadeva.

Entonces 8000 judeo-conversos según el cronista de los Reyes Católicos y cura de Los Palacio Juan Bernáldez, huyen a tierras de los Ponce de León, como Marchena, buscando la protección del poderoso Rodrigo Ponce de León. La Inquisición envió un documento a Rodrigo Ponce de León amenazándole con hacerle perder potestades y dignidades para que no acogiese más conversos.

Tras este primer ataque Inquisitorial sevillano, el Santo Oficio se dió cuenta de que era más rentable imponer a los conversos multas y penas económicas, que matarlos.  De esta forma la Inquisición se enriquecía y los conversos podían volver a ascender hacia la élite de la ciudad donde ya estuvieron a finales del XV.

Y así vemos al hijo primogénito de Sancho Díaz de Medina

En su tesis doctoral Juan Cartaya Baños ha cotejado los documentos que mostraba la familia Medina para así para probar que provenía de una familia jerezana, comprobando su veracidad y buscando los originales, llegando a la conclusión que habían pagado para construir una falsa genealogía familiar con la que ocultar la verdad de su origen converso, ya que entonces los descendientes de judíos no podían probar limpieza de sangre ni ostentar cargos públicos, condenándosele por ello a la pobreza y la marginación.

La Real Maestranza de Caballería de Sevilla fue fundada por 32 nobles locales en 1670 para el ejercicio de las armas y los caballos. Es propietaria de la plaza de toros de la Maestranza,  reflejo de la ciudad de aquél tiempo, en la que también había personas emparentadas con vecinos de Marchena. Hay entre los fundadores apellidos flamencos como los Jacome-Linden, otros jenízaros como los Federigi, y un Guzmán,  Mariscal de Castilla, entre otros.

 

 

 

 

 

 

 

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Historia

Paradas consiguió la independencia de Marchena hace 236 años pagando 8000 ducados al Rey

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En 1784 Joaquín Riquelme en nombre del regimiento y la villa de Paradas acudió al rey Carlos IV pidiendo la segregación del término de Paradas de Marchena. 

Plaza de San Juan de Letrán, Paradas (Sevilla)

SABER MAS: La segregación de la villa de Paradas del término de Marchena

Ya en 1781 entonces los vecinos de Paradas habían pagado 8000 ducados, tras la concesión del privilegio de villazgo a Paradas separándose de Marchena «a que había estado sujeta» por lo que había sufrido «considerabilísimos perjuicios».

Durante décadas Marchena había estado dilatando el proceso judicial de segregación del término y amojonamiento de Paradas.

Los paradeños pedían sus propias tierras en función del número de habitantes, sacado del de Marchena que tenía «cinco millones de varas de terreno» es decier 56.200 fanegas, por lo que a Paradas correspondía 13.680 que antes formaban parte del término de Marchena.

Los Jardines, Paradas (Sevilla)

300 años de pleitos entre Marchena y Paradas

La falta de tierras de Paradas dio lugar durante siglos a muertes, pleitos y enfrentamientos. En 1516 Marchena pide a la Reina que se procese a varios cargos municipales de Paradas que ordenaron apresar al criado del Alcalde de la Mesta de Marchena en Carpía «por haberlo hecho en jurisdicción extraña». En 1525 ambos pueblos se enfrentan por la cobranza de los diezmos. Para evitar los numerosos conflictos el Duque concede una concordia aprobando un  término a Paradas del tamaño del casco urbano en 1555.

En 1570 de Felipe II prohibe, a petición del Duque que los vecinos de Paradas, Morón, Arahal y Puebla de Cazalla entren a cortar leña, pastar ni cazar en el Monte Palacio por ser propiedad del duque y estar en suelo de Marchena. Ya entonces el Duque inició un pleito contra los vecinos de Paradas.

En abril de 1745 un pregonero leyó esta norma en las principales calles y plazas de todos los pueblos de la comarca. En 1753 dos paradeños Bartolomé Lucenilla y Miguel Bascón denuncian al Alcalde de Marchena, Alfonso de Nava, porque su ganado estaba comiéndose su sembrado en el Palomar y se declaran competentes para juzgarlo en la villa de Paradas.

El Alcalde de Marchena lleva el caso a la Chancillería de Granada o tribunal supremo de la época que delcara que pese a estar en El Palomar, el caso compete a la justicia de Marchena, según lo dispuesto en la concordia de 1555. Es decir echaba por tierra lo que acostumbraban a hacer los vecinos de Paradas y recordaba que Paradas no tenía término municipal por lo que no tenían derecho a quejarse.

Por este motivo Paradas pidió al Rey tener un término propio y el privilegio de villa en 1763 a lo que Marchena se opone porque suponía perder tierras de su propiedad. El Concejo de Marchena argumenta que «si se aumentara un pueblo (Paradas) decaerá el otro (Marchena)». Marchena presentó una serie de alegaciones y pletios legales en contra que solo hicieron retrasar la «independencia» de Paradas.

Alcornoques descorchados (Montepalacios, Paradas)

Montepalacio, Lugar sagrado.

Hasta mediados de los años 40, los vecinos de Paradas organizaban en Monte-Palacio una romería en honor de Nuestra Señora de los Remedios, siendo muy popular en Paradas y los pueblos vecinos. La imagen de la Virgen era trasladada desde Paradas. Desde 2005 se celebra en Paterna, cerca de El Palomar en el mes de agosto.

Con la llegada del nuevo término de Paradas Montepalacio que era la joya de la corona de los Duques en Marchena por ser el cazadero real, y el último gran bosque, pasa a ser término de Paradas.

Además de usar el lugar como cazadero de los duques, tenía un oratorio en Montepalacio donde se decían misas desde 1639 fecha en que lo visita Diego Angulo visitador del Arzobispado, autorizando su función «como oratorio capilla» en unas casas que tenía el Duque en Monte Palacio.   Por entonces el oratorio ya tenía «cálices y ornamentos y más cosas para poderse celebrar «con toda quietud sin perturbar al sacerdote que dijere misa».

El origen de la villa de Paradas

Paradas, Spain - The Sacristy, 'Iglesia Parroquial de San Eutropio'

Juan Ponce de León funda  Paradas en 1460 dentro del término de Marchena. Don Juan, fundó la parroquia de San Eutropio y le puso ese nombre a su hijo después de salir victorioso en una batalla en La Rochela, Francia, cerca de Saintes, de donde el obispo Eutropio fue martirizado por los romanos.

A este santo Juan Ponce de León se encomendó en batalla y prometió fundar una iglesia y tener un hijo con el nombre del santo y así lo hizo, construyendo la parroquia de Paradas sobre unas ruinas romanas.

Paradas, Spain - 'Iglesia Parroquial de San Eutropio'

Muerto Don Juan, su hijo, Rorigo decide que las fiestas de San Eutropio que se hacían en Marchena y Paradas, solo se harían en Paradas y en Marchena las sustituye por las fiestas de la Inmaculada, porque según sus cronistas la Inmaculada se le había aparecido.

La parroquia de Paradas era filial de de San Juan de Marchena, como sucedía con el resto de las iglesias de Marchena. A efectos administrativos San Eutropio era una iglesia más de Marchena. Cada año el día de San Juan Bautista el Duque mandaba que se renovaran los cargos municipales de Paradas, como el alcalde, alguacill y jurados. Parte de las obras de arte de la parroquia de Paradas proceden de Marchena.

 

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Especial Dia de Andalucia

Cuando el pueblo de Marchena se rebeló contra el Alcalde por los altos impuestos y la corrupción

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En 1890 el pueblo de Marchena se rebeló contra el alza de los impuestos y la corrupción generalizando quemando las casetas de recaudación o fielatos. La situación creada supuso la dimisión del Alcalde y el Gobernador Civil impuso un nuevo Alcalde por la corrupción y mala gestión municipal. Cambiaron además todos los funcionarios municipales.

La gestión del impuesto de consumo acabo con el Alcalde Manuel Aguilar Diosdado.  El 30 de abril se adjudica del arriendo del mencionado impuesto a José María Sañudo por 151.897,92 pesetas, además el impuesto de líquidos es decir aceite vino y vinagre supone una cuantía de 83.394 pesetas.

La instalación de nuevos fielatos en la plaza Alvarado, San Andrés, salida de San Sebastián, salida de la calle Méndez para recaudar el impuesto de aceite vino licores y vinagres, más la creación de  una veintena de nuevos cargos para la recaudación de impuestos lo aumenta la presión fiscal y hace que el pueblo estalle.

Según el relato del recaudado José María Sañudo Torres la rebelión del pueblo fue en la mañana del 13 de julio de 1890 cuando una multitud de ambos sexos asaltaron, destrozaron e incendiaron las casetas de los recaudadores de impuestos o fielatos mientras la guardia municipal permanecía impasible.

El Posito se habilitó como cárcel de mujeres.

La multitud amotinada volvió a atacar a primera hora de la noche con gritos de abajo los consumos y muerte al administrador.  Hubo amenazas y agresiones hasta la madrugada cuando el cura y político liberal de Arahal Antonio Pedregal ordenó a la multitud de que se dispersara. Su partido el Republicano Radical, logró mayoría en las siguientes elecciones.   El y 281 personas firmaron un manifiesta pidiendo la recaudación por reparto vecinal por considerarlo mas justo.

El contrato de arrendamiento de impuesto de consumos es anulado y vuelve la administración municipal por ser imposible recaudar los impuestos porque los recaudadores fueron víctimas de la muchedumbre amotinada. Ninguna persona quería trabajar en este recaudación de impuestos por temor a que fueran agredidos. El  juzgado abrió una causa para esclarecer los acontecimientos y castigar a los amotinados.

El edificio del Pósito de la calle La Cilla fue habilitado como cárcel de mujeres que participaron en el tumulto. El alcalde Manuel Aguilar Diosdado solicitó la baja por motivos de salud, fórmula de la época usada para dimitir.

El Gobernador Civil nombró nuevo Alcalde y concejales y clausuró el Ayuntamiento  el 30 de julio de 1890 por el motín, pero además por la inexistencia de fondos municipales, por la posible malversacion de fondos municipales, por las irregularidades en la fianza cesando a la totalidad de los funcionarios y trabajadores del Ayuntamiento empezando por el jefe de orden público.  La ruina era tal que la Diputación amenazaba con embargar  hasta los bienes privados de los concejales.

Al año siguiente el Alcalde conservador  detuvo a los concejales liberales Antonio Pedregal y José Baco con el  pretexto de que estaban alarmando á la gente. La detención fue la madrugada del día destinado al nombramiento de los interventores para las elecciones.

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Cultura

Cuando los alfareros estaban instalados en la calle de los Cantareros para evitar molestias

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Los alfareros y ceramistas marcheneros estaban instalados tradicionalmente en la calle Cantareros. Así se recoge en un documento del Asistente de Marchena en 1719. 

En 1719 los alfareros de Marchena estaban instalados en varias calles céntricas, causando molestias a los vecinos por los humos que desprendían sus hornos, por lo que el Asistente de la Villa, un cargo del Ayuntamiento se propone sacarlos del centro y reubicarlos en las afueras, tal y como estuvieron en el siglo XV.

El 12 de agosto de 1719 el asistente de la villa afirma en un documento que poco a poco los alfareros se habían ido trasladando al centro del pueblo y ponían «sus casas y hornos para cocer en distintas calles públicas muy dentro del centro de este pueblo de lo que se sigue grave daño a la salud pública».

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Señala que hay quejas de templos y del hospital causando perjuicio «a los pobres enfermos del hospital» que entonces estaban en la Caridad y en La Milagrosa exponen Francisco Javier Gutiérrez Núñez y Juan B. Carpio Elias en su trabajo «Vida y poder municipal de Marchena en el reinado de Felipe V. (1700-1720).

También indica como posible remedio trasladar los hornos a las afueras del pueblo o concentrarlos todos en una calle tal y como sucedía antiguamente. «Antiguamente se mantenían todos juntos en una calle que llamaban de los Cantareros».

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Se acordó notificar a todos los alfareros que antes del día de San Juan de 1720 deberían ir  buscando sitios y hornos donde labrar y cocer las obras de sus fábricas «fuera del casco de esta villa en los arrabales de ella y que no lo abran nuevos hornos en las casas que estuviera en el centro» pues sería multado con 50 ducados aplicados a gastos de Obras Públicas. Sin embargo ante las quejas de los alfareros ante el Duque este acuerdo quedó sin efecto.

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En el S. XIX había en Marchena cuatro alfarerias (Madoz). En los rellenos de alfarería de las bóvedas de la iglesia de San Juan (nave lateral) se encontraron 17 formas distintas de vasijas que datan de 1556. Incluían cántaros, cantimploras, lebrillos, fuentes, morteros, queseras. En las naves del ábside (1490) había grandes tinajas, tinas y lebrillos.

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En los 80 aun vivía Francisco Perea Lozano, hijo del último alfarero que ejerció en la localidad.  A principios del S. XX habia muchos alfares pero solo dos familias hacían cacharros de barro y una ladrillería, la de Juan Matas. La familia de Manuel Vicente, conocidos como los Perea, familia de tradición alfarera de siglos atrás, con un taller en la carretera de El Palomar. 

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Los oficios artesanos alfareros fueron recuperados hace algunos años por la Escuela de las Artes, donde aprendió Jesús Perea, nieto del último alfarero y un taller, San Cristóbal, de Juan Rafael Lora, se dedica a la azulejería comercial. Entre los restos de cerámica más antiguos está el Vaso de los Toros Montemolín, S. VI AC hoy en Museo el Arqueologico de Sevilla.

El estudio de las cubiertas de la iglesia de San Juan, recubiertas de cacharros de barro para aligerar peso, es la que mas datos ha arrojado sobre la alfarería en los últimos 500 años.

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Existen más de 20 formas propias de vasijas locales, como cantimploras, lebrillos, morteros, queseras. En las bóvedas de nervaduras del presbiterio y altares laterales, de 1490 se han hallado grandes piezas, cuyo tamaño iba variando en función de la altura, desde tinajas, lebrillos, gonzalos, etc según el libro barros populares de Sevilla y provincia de Domingo Ramos y Gabriel Calvo.

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Grandes sagas familiares en Marchena fueron alfareros, aunque Francisco Perea Lozano, es citado en esta obra como el último descendiente de los alfareros de Marchena, que se perdieron en torno a los años 50. El último taller en activo fue el de Francisco Perea Carrero, el apellido Perea, estuvo ligado en Marchena a esta tradición artesana. También la familia de José Vaquero, procede de aquel arte. Nombres del callejero como Cantareros son suficientemente elocuentes.

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En el siglo XIX había en Marchena varios alfares, aunque solo dos hacían cacharros, el resto se dedicaba a hacer tejas y ladrillos. Una de las ladrillerias mas antiguas era la de Juan Matas. La familia de Manuel Vicente, -de la saga de los Perea- era conocida por la elaboración de cacharros, en su cantarería de la carretera del Palomar, en la que trabajaban sus dos abuelos, Francisco y Manuel, de los hijos de ellos dos, solo siguió el oficio el hijo de Francisco, que llegó hasta 1957, año en que cerró el último alfar marchenero.

En la calle Compañía número cuatro estaba instalado el taller de Andrés El Alfarero en los años cincuenta.

Los alfareros de Marchena extraían el barro blanco, también llamado Vícar, de los cerros o barreros de las inmediaciones del pueblo, camino de Fuentes Alto. También se extraía el barro para las ladrilleras del pueblo de la carretera de Lantejuela, junto al puente Mamedra que hubo hasta los años setenta como Martín el Ladrillero ubicado en la finca El Parque.

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