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3×4: Tu paquete viene por Kazajistán

El Carnaval de toda la vida de Dios ha servido reírse cuando aprieta el frío del bolsillo, cuando la cuesta de enero se empina más que La Ventilla y cuando la realidad empieza a parecer un chiste mal contado. El humor no adorno, sino salvavidas. Aquí se canta y se bromea para no llorar, para ponerle compás y arte al disparate y señalar lo absurdo sin ruido nii odio, que bastante hay ya. Por eso, cuando llega febrero y aún no han llegado los Reyes, el carnaval se vuelve más necesario que nunca.

Uno, confiado, moderno, ciudadano del mundo, se mete en una tienda online china de esas que prometen el paraíso a cinco euros. Tú ves un aparato electrónico caro por lo que cuesta un café  y piensas “esto es un milagro”. Milagro era antes, que las cosas venían por Amor de Dios, por la Alameda de Hércules. Ahora resulta que tu regalo de Reyes viene por Kazajistán.

Que tú entras a mirar el seguimiento del paquete y lo que te encuentras es una novela de Julio Verne. Que si tránsito internacional, que si reparto por carretera, que si llegada a Kazajistán. Kazajistán, que no sabes si es un jugador del Madrid o un pintor ruso. Y tú pensando: “¿pero esto qué es?”. Porque el cacharro no viene, no. El cacharro hace la ruta de la seda.

Claro, te dicen que viene por carretera. Por carretera… por amor de Dios bendito. Que antes las cosas sofisticadas venían de Sevilla, luego de Madrid, después de Alemania como mucho. Pero ahora no. Ahora tu cacharro barato cruza estepas, esquiva caballos, saluda a Borat y tira millas. Y tú mientras tanto en Enero, tieso, mirando el móvil y pensando que cuando llegue el paquete ya no será Reyes, será Semana Santa, y en vez de enchufarlo y ponerte a usar un cacharro electrónico para entretenerte sin pasar frío en la calle, apetecerá salir a la calle y del cacharro, si te he visto no me acuerdo.

Os juro que una vez, no hace mucho, oí por la calle que lo mismo que antes se iba uno -o muchos- por San Sebastián -patrón de las rebajas- a la capital a comprar, porque estaba todo mas bueno, bonito y barato, y que era donde verdaderamente traía cuenta comprar; ahora, -según argumentaba esta mujer que presumia de estar bien informada y tener estatus- lo que de verdad traía cuenta era cogerte un vuelo barato e irte a  Londres, que era donde de verdad estaban las cosas barats, las gangas de verdad y los chollos auténticos y buenos y la ropa divina de la muerte. Pero donde estamos llegando pensé yo. Que ya mismo si serguimos así la gente pensará que trae mas cuenta el Made in Hong Kong o China, que el «Compra en tu pueblo».   

Total, que nos están engañando como a chinos. Tan malos estamos siendo con nosotros mismos que las tiendas de barrio se están perdiendo, la vida de tu barrio, se fuga por las rendijas de Internet, si creemos que el último chollo te viene de China. el regalo de Reyes se convierte en regalo de Resurrección, -porque mientras llega te ha dado tiempo de morirte tres veces- y eso si no se queda a vivir en una rotonda de Uzbekistán. Y ahí es cuando uno entiende que todo se está volviendo profundamente absurdo. Que lo barato sale largo, que lo rápido no existe y que la globalización es muy graciosa hasta que tu aparto electrónico se va de Erasmus.

Así que nada. Que viva el Carnaval, que para esto está. Para cantarle a la realidad, para reírse de uno mismo y para asumir que hoy en día comprar algunas cosas online en algunos casos solo sirve  para ponerte negro sin necesidad de estar buscando el antifaz. Y eso, amigos, no hay Amazon que lo arregle, pero sí una buena chirigota que te lo cante.