ASAJA-Andalucía ha reclamado a la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente que permita de nuevo la recolección nocturna de aceituna en los olivares en seto, al considerar que los estudios realizados desde que estalló la polémica sobre sus efectos en las aves ofrecen, según la organización agraria, un escenario bastante menos grave que el planteado inicialmente. La petición llega apenas seis días después de que la Junta publicara una nueva resolución manteniendo la suspensión durante la campaña 2026-2027.
El conflicto enfrenta dos argumentos que llevan años intentando encontrar un punto de equilibrio: las ventajas agronómicas y laborales que los agricultores atribuyen a trabajar durante las horas más frescas y la protección de miles de aves migratorias que utilizan los olivares andaluces como refugio y dormidero durante la noche.
La Junta publicó el pasado 5 de agosto de 2026 en el BOJA la resolución de la Dirección General de Política Forestal y Biodiversidad que mantiene durante un año la suspensión de la cosecha nocturna en olivares en seto realizada con cosechadoras cabalgantes entre el ocaso y el orto. La norma contempla únicamente excepciones para parcelas incorporadas a proyectos experimentales de I+D, de carácter no comercial y previamente autorizados. Además, la Administración ha previsto al menos 80 inspecciones nocturnas durante la campaña.
Una polémica que estalló en 2019
El origen de la controversia se remonta a 2019, cuando alcanzaron una gran repercusión internacional estimaciones que hablaban de hasta 2,6 millones de aves muertas anualmente en Andalucía como consecuencia de la recolección nocturna. La cifra llegó a aparecer ese año en una correspondencia publicada en Nature y fue ampliamente difundida por organizaciones conservacionistas.
Ante las dudas sobre el impacto real de esta práctica, la Junta optó por aplicar el principio de precaución y suspendió en octubre de 2019 la recogida nocturna mientras se desarrollaba un proyecto específico dirigido por el IFAPA con participación de AMAYA y AGAPA.
Las investigaciones posteriores aportaron cifras obtenidas directamente sobre el terreno. Se realizaron 44 controles en 137 hectáreas de olivar en seto, donde se contabilizaron 8.127 aves pertenecientes a 66 especies. La propia Junta concluyó que estos olivares albergan una avifauna importante y comparable en diversidad a otros sistemas tradicionales de cultivo.
Los resultados confirmaron también efectos negativos de la cosecha nocturna sobre determinadas especies. Sin embargo, la documentación oficial señala igualmente que en aproximadamente el 30% de la superficie controlada los efectos fueron nulos o muy bajos.
Precisamente sobre estos resultados construye ahora ASAJA buena parte de su argumentación. La organización sostiene que la mortalidad observada en los trabajos posteriores es considerablemente inferior a las estimaciones que originaron la polémica y afirma que la afección se concentra fundamentalmente en la curruca capirotada, pese a haberse identificado 66 especies durante los seguimientos.
La Junta mantiene el principio de precaución
La interpretación de la Administración es más cautelosa. La resolución publicada este mes reconoce los avances en las investigaciones, pero mantiene que la recogida nocturna continúa produciendo efectos negativos sobre determinadas aves y que las medidas disuasorias probadas hasta el momento no han demostrado una eficacia suficiente para eliminar el problema.
Los propios ensayos tecnológicos realizados en campañas anteriores muestran esa doble realidad.
En 2022-2023 se probó una cosechadora equipada con sistemas destinados a detectar y proteger a la fauna. Según recoge el BOJA, el dispositivo consiguió reducir significativamente el número de aves muertas por hectárea frente a una cosechadora convencional. Pero aproximadamente la mitad de las aves detectadas tuvieron que ser ahuyentadas manualmente por trabajadores, y el estudio tampoco pudo valorar completamente posibles efectos indirectos sobre los animales obligados a desplazarse repetidamente durante la noche.
La Junta mantiene abierta, no obstante, la posibilidad de modificar su decisión. La resolución de julio de 2026 establece expresamente que, si futuros estudios proporcionan métodos suficientemente contrastados y seguros para impedir los daños a las aves, la suspensión podrá quedar sin efecto y sustituirse por la utilización obligatoria de esas medidas de protección.
ASAJA propone prohibiciones selectivas y no generales
ASAJA-Andalucía considera que después de varios años de investigación ha llegado el momento de cambiar el modelo. En lugar de una suspensión general para todo el olivar en seto andaluz, propone permitir la recolección nocturna en la mayor parte de las explotaciones y mantener restricciones únicamente en aquellas zonas, parcelas o circunstancias en las que se demuestre una especial afección sobre la fauna.
La organización destaca además una cuestión especialmente sensible durante los veranos andaluces: las condiciones de trabajo. Trabajar durante la noche permitiría reducir la exposición de agricultores y operarios a temperaturas elevadas y facilitaría la adaptación de la campaña a un escenario de episodios de calor cada vez más exigentes.
ASAJA añade otro argumento relacionado con la calidad. Las temperaturas más bajas durante las noches de septiembre, octubre y noviembre permiten, según la organización, que la aceituna llegue a la almazara en mejores condiciones y disminuyen los procesos de deterioro y fermentación que pueden producirse cuando el fruto se recolecta con temperaturas elevadas.
La organización agraria defiende por ello que la recuperación de esta modalidad puede aportar calidad, competitividad y mejores condiciones laborales sin renunciar a la protección ambiental, siempre que se apliquen medidas específicas en las zonas donde exista un riesgo comprobado.
La Consejería, por el momento, mantiene el criterio contrario. La resolución que entró en vigor este mes prolonga la suspensión durante la campaña 2026-2027, aunque deja abierta una puerta que puede resultar decisiva en los próximos años: que la tecnología consiga detectar y apartar a las aves con suficiente seguridad antes del paso de las máquinas.
El debate, por tanto, ya no parece estar tanto en determinar si la cosecha nocturna puede afectar a las aves —algo que los estudios de campo han confirmado—, sino en establecer si ese riesgo justifica mantener una restricción general en toda Andalucía o si, como plantea ASAJA, los nuevos conocimientos permiten avanzar hacia un sistema más selectivo, condicionado a cada zona y acompañado de nuevas tecnologías de protección de la fauna.

