La actual calle Huéscar, conocida oficialmente en parte del siglo XX como Cristóbal Colón pero que los marcheneros siguieron llamando siempre por su nombre tradicional, no debe su denominación a ninguna familia local ni a un accidente urbano, sino a un hecho político y militar ligado directamente a los señores de Marchena y a la gran guerra que cerró la Reconquista. El topónimo aparece ya documentado en el callejero marchenero de 1640, lo que demuestra que llevaba siglos consolidado en la memoria urbana de la villa.
¿Y por qué Huéscar?. Porque Huéscar, en el norte del reino de Granada, fue una plaza estratégica en la campaña final contra el sultanato nazarí, tomada por las tropas castellanas dentro del avance hacia Baza, Guadix y Granada. En aquella ofensiva participaron activamente las huestes nobiliarias andaluzas, entre ellas las de la Casa de Arcos-Marchena, los Ponce de León, que enviaron hombres, recursos y caballería a las campañas de los Reyes Católicos. La memoria de aquellas victorias quedó después fijada en numerosos nombres simbólicos dentro de sus estados señoriales.

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Marchena conserva precisamente varios ejemplos de ese callejero militarizado y nobiliario: calles llamadas Osuna, Alcaudete, Pernía o Huéscar, todas relacionadas con plazas de guerra, personajes fronterizos o episodios de armas vinculados al linaje ducal. No eran nombres puestos al azar: funcionaban como una especie de mapa de la gloria de la casa señorial incrustado en la propia ciudad. La calle Huéscar recordaba así una de esas campañas granadinas que engrandecieron el prestigio de los Ponce de León.
Hay además un segundo matiz nobiliario muy revelador. El título de Duque de Huéscar quedó incorporado después a la alta aristocracia española y terminó enlazando con la propia descendencia de los Ponce. Isabel Ponce de León, hija del duque Manuel Ponce de León, acabó siendo Duquesa de Huéscar por matrimonio en el siglo XVIII, reforzando aún más la conexión simbólica entre Marchena y ese nombre granadino. Huéscar era un trofeo de guerra convertido en memoria urbana.
Y un detalle curioso: aunque durante etapas modernas se intentó rebautizarla como Cristóbal Colón, la costumbre popular fue más fuerte que el nomenclátor oficial y el nombre de Huéscar sobrevivió porque llevaba ya más de tres siglos arraigado en el habla cotidiana.
Calle Pernía: una guerra olvidada contra los moros granadinos
Pernía no suena a nada para el vecino actual, pero en realidad remite a Alonso de Pernía, señor vinculado a campañas fronterizas y alianzas nobiliarias con la Casa de Arcos. También puede relacionarse con una denominación militar importada de territorios castellanos incorporada al callejero señorial. Es una calle antiquísima del recinto alto y su nombre aparece ya en planos históricos del XVII.
Calle Alcaudete: otro trofeo de la frontera nazarí
Igual que Huéscar, Alcaudete fue plaza fortificada de enorme importancia en la frontera castellano-granadina. Los Ponce de León participaron en operaciones militares en ese cinturón de fortalezas. El callejero de Marchena fue sembrado con nombres de victorias y plazas fronterizas para construir una memoria heroica del señorío.
Calle Mesones: la puerta de entrada de viajeros, arrieros y contrabandistas
No es un nombre casual. Esa vía concentró antiguamente ventas, posadas y mesones porque estaba ligada a uno de los accesos comerciales de la villa. Por ahí entraban mercancías, tratantes, ganado y viajeros. Es una calle económica, no religiosa. Da mucho juego costumbrista.

