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Camareros, caballistas y familias sostienen el pulso del sábado en la Feria de Marchena

La Feria de Marchena no vive solamente de los conciertos, las luces y las actuaciones anunciadas en los carteles. Detrás de cada jornada está el esfuerzo de quienes pasan horas en las cocinas y las barras, la dedicación de los caseteros, la afición de los caballistas y esas familias que regresan cada año al mismo lugar para reencontrarse con sus propias costumbres.

El sábado volvió a mostrar esa celebración cotidiana que muchas veces permanece fuera de la programación oficial. La jornada discurrió entre el paseo de caballos, los concursos de sevillanas, la entrega de premios ecuestres.

Muchos camareros de la feria encadenan trabajo en ferias como Málaga, Marchena y Arahal.  Su experiencia deja al descubierto una de las caras menos visibles de estas celebraciones: la de quienes enlazan una feria tras otra durante el verano. Son jornadas marcadas por el calor, los horarios prolongados y la atención continua a centenares de personas. Un trabajo exigente que requiere experiencia, paciencia y una verdadera vocación por el trato con el público.

Una fiesta que comienza antes del alumbrado

La jornada permitió también recuperar el paseo por el Real. La temperatura más moderada de las primeras jornadas fue uno de los asuntos más comentados por feriantes, trabajadores y caballistas, que agradecieron unas condiciones poco habituales en los últimos días de agosto.

El sábado, sin embargo, devolvió a Marchena el calor más reconocible de su Feria. Aun así, el recinto volvió a llenarse de caballos, grupos de amigos y familias que aprovecharon las primeras horas de la tarde antes de que la actividad se trasladara progresivamente al interior de las casetas.

Entre los rincones más reconocibles del recinto se encuentra la caseta La Solera, uno de los espacios veteranos de la Feria. Allí, junto a las actuaciones y los encuentros de los mayores, el gazpacho fresco se ha convertido con los años en una pequeña tradición para numerosos visitantes. En algunas jornadas llegan a prepararse alrededor de treinta litros.

Las sevillanas toman la caseta El Camino

El sábado dejó igualmente una de las estampas más tradicionales con el concurso de baile por sevillanas organizado en la caseta El Camino, una de las más antiguas del Real. Niños y adultos, procedentes tanto de Marchena como de otras localidades, participaron ante un público que siguió cada pase entre palmas y aplausos.

La presencia de los más pequeños confirmó la continuidad de una forma de entender la Feria que pasa de una generación a otra. Los volantes, el compás y los primeros nervios antes de salir al escenario convirtieron el concurso en algo más que una competición: fue una muestra del aprendizaje y de la transmisión de la cultura popular.

La caseta de San Isidro completó la tarde con la entrega de los premios del concurso de caballos. El acto reconoció la participación de amazonas y caballistas y volvió a reivindicar la importancia que conserva el mundo ecuestre dentro de la Feria de Marchena.