La Hermandad de la Humildad y Paciencia de Carmona protagonizará uno de los principales hitos de la próxima Semana Santa con el estreno de la imagen de la Sagrada Entrada en Jerusalén, obra del escultor sevillano José Antonio Navarro Arteaga, que procesionará por primera vez el Domingo de Ramos de 2026.
La nueva talla, de “La Borriquita”, saldrá desde la iglesia de San Pedro en horario de tarde, configurando un recorrido que introduce esta iconografía por primera vez en el callejero cofrade de la ciudad.

Según la información difundida por la propia corporación, el itinerario previsto es el siguiente:
Salida (15:30 h) desde San Pedro, continuando por Puerta de Sevilla, Plaza del Palenque, calle Prim, Plaza de San Fernando, Martín López y Carlota Quintanilla, hasta su entrada en Santa María.
El recorrido de vuelta partirá desde el entorno de Santa María, discurriendo por Carlota Quintanilla, Martín López, Plaza de San Fernando, calle Prim, Plaza del Palenque, González Girón, San Juan Grande y San Pedro, con entrada prevista a las 18:45 horas.
Una incorporación inédita en la Semana Santa de Carmona
La presencia de una Borriquita en Carmona supone una novedad significativa dentro de su tradición cofrade. A diferencia de otras ciudades andaluzas, donde la Entrada en Jerusalén abre el ciclo procesional del Domingo de Ramos desde hace décadas, Carmona no había desarrollado hasta ahora una hermandad o paso específico dedicado a esta escena evangélica.
Una obra concebida como imagen fundacional
La talla realizada por Navarro Arteaga ha sido concebida específicamente para este proyecto, con un planteamiento que busca generar una nueva referencia devocional en la ciudad. Desde la hermandad se ha subrayado la fuerte acogida de la imagen desde su presentación, destacando su capacidad para conectar con los fieles desde el primer momento.
El propio autor ha señalado el carácter especial del encargo dentro de su trayectoria, lo que refuerza la idea de que se trata de una obra pensada no solo como pieza artística, sino como punto de partida de una devoción contemporánea.
Desde el punto de vista estético, la imagen se inscribe en una línea de gran naturalismo expresivo, con especial atención a la mirada, concebida para establecer una relación directa con el espectador y alejada del dramatismo más acentuado de otras iconografías pasionistas.

