La idea de que la palabra tiene poder para crear o destruir —y que por tanto debe usarse con responsabilidad— está presente en muchas religiones y tradiciones espirituales. Aunque cada una lo expresa a su manera, comparten la creencia de que hablar mal de otros contamina, divide y aleja lo sagrado.
La raíz común en todas estas religiones es que el lenguaje no es neutro: es una fuerza poderosa. En casi todas las tradiciones, el habla es considerada un acto sagrado, que puede unir o destruir, curar o herir. Por eso, se promueve el silencio consciente, la bondad al hablar y el respeto al otro incluso en la ausencia.
En el Cristianismo, la Biblia – Proverbios 18:21: “La muerte y la vida están en poder de la lengua.” La Carta de Santiago 3:5-10: Compara la lengua con una chispa capaz de incendiar un bosque entero. Dice que con la lengua bendecimos a Dios pero también maldecimos a otros seres humanos, lo cual no debería ser. Jesús mismo advierte: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34), y que “toda palabra ociosa” será juzgada.
El chisme, la calumnia y la crítica destructiva son vistos como pecados que dividen la comunidad y dañan la imagen de Dios en los demás.
En el Budismo, Una de las Ocho Nobles Sendas es el Recto Habla (sammā-vācā), que implica: No mentir. No hablar mal de otros. No usar palabras ásperas. No hablar en vano o sin propósito.
La palabra mal usada genera karma negativo, y destruye la paz interior y ajena. El Buda enseñó que el habla debe ser veraz, útil, amable y oportuna.
En el Hinduismo, en el Bhagavad Gita (17:15), se habla del “tapas del habla”, una forma de disciplina espiritual que consiste en Hablar con verdad Decir lo agradable, Hablar con bondad. No herir a nadie con las palabras. En el hinduismo, la palabra es vāc, una energía divina femenina. El universo fue creado por sonido (como el mantra OM), y por tanto hablar es una forma de invocación sagrada.
Islam
El Corán condena fuertemente el chisme (ghibah): “Y no os espiéis ni habléis mal unos de otros a sus espaldas. ¿Acaso le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto?” (Sura 49:12). El Profeta Muhammad dijo: “El musulmán es aquel del que los demás están a salvo de su lengua y de sus manos.” El mal hablar rompe la ummah (comunidad) y es una forma de injusticia espiritual.
Sufismo y tradiciones místicas
En el judaísmo existe una enseñanza muy arraigada contra hablar mal de otras personas. Esta práctica negativa se llama «lashon hará» (לשון הרע), que literalmente significa «lengua del mal» o «mal hablar», y está estrictamente prohibida por la ley judía, incluso si lo que se dice es cierto.
Es cualquier comentario negativo o perjudicial sobre otra persona, incluso si es verdad. Va más allá del chisme; es considerado una forma de daño espiritual y social. Existe otro término, «motzí shem rá» (מוציא שם רע), que se refiere a difamación — hablar mal de alguien con mentiras, lo cual se considera aún más grave.
La palabra tiene poder: Según la tradición judía, el mundo fue creado a través de la palabra — como en el Génesis, donde Dios crea el universo diciendo: “Hágase la luz” (יְהִי אוֹר). Por tanto, el lenguaje tiene un poder creador y destructor. Hablar mal destruye reputaciones, relaciones y comunidades, por eso se considera una forma de violencia no física pero igual de grave.
La presencia divina se retira en ambientes donde se habla mal de otros. En círculos piadosos se evita este comportamiento, y sí, hay quienes prefieren irse o guardar silencio cuando alguien empieza a criticar a otro, por temor a transgredir la ley espiritual.
Tiene varias fuentes en la Torá, el Talmud y la literatura rabínica: Levítico 19:16: “No andarás con chismes entre tu pueblo” (לֹא תֵלֵךְ רָכִיל בְּעַמֶּיךָ). En el Talmud (Arajín 15b) se dice que “hablar lashon hará es tan grave como idolatría, inmoralidad y asesinato juntos”. El gran sabio medieval Jafetz Jaim (Rabí Israel Meir Kagan) escribió extensamente sobre esto en su libro «Jafetz Jaim», donde sistematiza todas las leyes del buen hablar.
Según la mística judía (la Kabalá), el habla negativa genera energía espiritual destructiva, afecta la pureza del alma y crea una separación entre la persona y la Shejiná (la presencia divina). La palabra es vista como un canal de energía divina. Usarla mal es como profanar lo sagrado.
Si te interesa profundizar, puedes consultar:
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«Guard Your Tongue» del Jafetz Jaim, que tiene ediciones traducidas al español e inglés. -
Talmud Bavli, tratado de Arajín 15b y Pesajim 118a. -
Zohar, especialmente en la sección sobre Bereshit, que habla de cómo el habla afecta los mundos espirituales.