La Virgen de los Santos Reyes (Reyes Magos), era la patrona de los negros de la ciudad. En toda Andalucia y América, las hermandades de negros tenían el titulo de Virgen de los Reyes y en Sevilla el Arzospispo Gonzalo de Mena funda en 1399, junto a la puerta de Carmona y junto al nobiliario convento de San Agustin, panteón de los Ponce de León, el humilde Hospital y la hermandad de los negros de Sevilla, desde entonces, las más antigua de la ciudad, dado que los negros no podian pertenecer a ninguna otra hermandad. Se llamaba hospital y hermandad de la Virgen de los Reyes.
Siguiendo el ejemplo del arzobispo, los principales nobles como don Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia deja a la cofradía mil maravedíes en 1463 y por testamento y ya ningún amo se atrevía a maltratar a su esclavo negro injustamente por temor a que la Hermandad, que contaba con el apoyo de la Iglesia y de algunos principales señores, le pidiese cuentas de su injusticia.
Las representaciones de la Virgen de los Reyes con los tres Reyes Magos, uno de ellos, negro dio pie a la mayor fiesta anual de los negros de la ciudad el 6 de Enero, muestra de que aunque esclavos y salvajes podían ser salvados por el cristianismo. La fiesta de los negros sevillanos el 6 de enero era una gran fiesta con bailes y fiestas en honor a la Virgen, con grupos de danzas africanos, que no eran bien vistos por el Arzobispado, lo que condujo a un cambio de nombre de la Hermandad a mediados del XVI pasando a llamarse de la Virgen de los Angeles.
Los esclavos que deseaban unirse a la hermandad necesitaban obtener el permiso por escrito de sus dueños. Esto refleja la realidad de la esclavitud en esa época y la dependencia de los esclavos de la voluntad de sus amos. Solo los negros podían formar parte de ella y los blancos solo si eran secretarios o benefactores.
El respaldo eclesiástico a la hermandad permitía una mayor integración de la comunidad negra en la sociedad sevillana y brindaba cierta protección y reconocimiento dentro de un marco legal y social que, de otra manera, podría haberles sido adverso.
También había hermandades específicas para otros grupos étnicos y raciales, como los gitanos y los moriscos. Estas hermandades funcionaban como espacios de refugio y apoyo mutuo para sus miembros, al mismo tiempo que reflejaban y reforzaban la división racial y étnica en la sociedad.
A las afueras de la puerta de Carmona, junto a San Agustín vivían la mayoría de negros de la ciudad, en el Barrio de San Roque uno de los más humildes, donde tuvo desde el XVI la hermandad de negros su primera capilla y viviendas. Por ser la más antigua era invitada a participar en el Via Crucis al humilladero de la Cruz del Campo, desde la casa de Pilatos, origen de la Semana Santa de Sevilla, portando la cruz de las tollas, que imitaba a la que se colocaba en la puerta de dicho palacio.
Gracias a la capilla de los Angeles la población negra que vivía en los barrios de San Roque y San Agustín recibir los sacramentos sin la necesidad de entrar en la ciudad. Antes de que la capilla se convirtiera en parroquia, los negros que vivían fuera de las murallas, especialmente cerca de la Puerta de Carmona, tenían dificultades para acceder a los sacramentos, ya que las puertas de la ciudad se cerraban por la noche y no se abrían hasta el día siguiente
Además de tener su propia capilla, donde popder comulgar, supuso un gran paso para la comunidad de negros de la ciudad de Sevilla la aprobación canónica de la Hermandad de los negros ya que de esta forma recibían el visto bueno y el respaldo de la autoridad eclesiástica. Debido a la situación marginal de su componente está hermandad era la que tenía mayor interés en regularizar su situación para evitar así cualquier tipo de problemas.
Muy cerca de la capilla de la hermandad de negros la calle del «Conde Negro» recuerda a Juan de Valladolid nombrado por los Retes Católicos en 1475, Mayoral y Juez de todos los negros y mulatos, tanto libres como esclavos, en la ciudad de Sevilla y su arzobispado responsable de mediar en asuntos internos y pleitos de menor importancia entre las personas de su raza, así como actuar como intermediario legal entre los esclavos y sus amos o la justicia.
Desde su fundación los conflictos sociales en torno a la procesión de la Hermandad de los Negros el Jueves Santo eran notorios, porque siendo la más antigua, tenía el lugar preeminente en las procesiones, lo que generaba controversia entre algunos sectores de la sociedad sevillana, especialmente entre miembros de la nobleza.
El traslado de los restos mortales a la Cartuja, del fundador de la hermandad y benefactor, el Arzobispo Gonzalo de Mena, en 1594 fue presidida por la Cofradía de los Negros con otras cofradías de blancos, algo que no era común en esa época despertando ya rencillas y envidias entre los partidos nobiliarios que eran liderados por los Ponces y Gizmanes.
En 1600, el paso de la Cofradía de los Negros durante la Semana Santa era objeto de burlas y mofas por parte de algunos espectadores, lo que causaba escándalo en la ciudad y preocupación entre las autoridades eclesiásticas. En algunas ocasiones al paso por la catedral le tiraban piedras a la hermandda y en alguna ocasión le dio al cristo, provocando la preocupación de las autoridades.
La Iglesia de San Agustín se prepara para una de las citas más emotivas de la Cuaresma marchenera. El próximo sábado 5 de abril a las 20:45 horas, al término de la misa, tendrá lugar el Concierto de Marchas Procesionales ofrecido por la Banda de Música Villa de Marchena.
El concierto recorrerá los sonidos más representativos de la Pasión, y culminará con el estreno absoluto de la marcha ‘Entre Olivos y Palmas’, compuesta por el joven músico marchenero Luis Javier López López, miembro de la propia banda.
Esta nueva pieza musical nace del corazón y la devoción, ya que está dedicada a su Hermandad, la Hermandad de la Borriquita de Marchena, que cada Domingo de Ramos abre con luz y palmas la Semana Santa en la localidad. La marcha promete convertirse en un nuevo emblema sonoro del cortejo, evocando con lirismo la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y el fervor infantil que cada año acompaña a esta salida procesional.
La Capilla de Santa Clara acogerá del 24 al 28 de marzo el Solemne Quinario en honor al Señor de la Humildad a las 20:30 h. con la predicación de José Tomás Montes Álvarez, Vicario Episcopal de la zona Este de la Archidiócesis de Sevilla y párroco de Dos Hermanas.
El sábado 29 de marzo tendrá lugar la Función Principal de Instituto, presidida por el Rvdo. P. D. Manuel Chaparro Vera, párroco de San Juan y San Sebastián y director espiritual de la Hermandad. Durante la misma se realizará la Protestación de Fe.
Ya en abril, el día 11, Viernes de Dolores, se celebrará una misa solemne en honor a la Virgen de los Dolores, con los pasos ya entronizados, como preparación para la estación de penitencia.
Como culmen de este itinerario espiritual, el Miércoles Santo, 16 de abril, a las 19:00 h., la Hermandad realizará su Estación de Penitencia, acto principal de culto externo, en un ambiente de fervor y recogimiento que marca uno de los momentos más esperados de la Semana Santa marchenera.
Las reglas de la Hermandad de Jesús Nazareno de 1797, las más antiguas que conserva la hermandad expone al Consejo Real que la hermandad había experimentado un gran decaimiento tras la prohibición de realizar la salida del Viernes Santo con la cara cubierta, norma instaurada ese año para toda España por los sucesos violentos ocurridos en Madrid y otras ciudades durante Semana Santa aprovechando el anonimato de los antifaces.
En 1797, las autoridades españolas implementaron una normativa que prohibía a los penitentes cubrirse el rostro durante las procesiones de Semana Santa.Esta medida fue una respuesta a diversos incidentes violentos ocurridos en Madrid y otras ciudades, donde individuos aprovechaban el anonimato que brindaban los antifaces para cometer desórdenes y actos delictivos durante las festividades religiosas.
EL Jueves Santo de 1756, cuando pasaba por delante de la cárcel la hermandad del Dulce Nombre el Asistente del Ayuntamiento dió orden a los soldados de la cárcel de que disparasen si algún penitente del Dulce Nombre, en su regreso de la estación de penitencia a San Juan y al pasar por la puerta de la cárcel intentaba liberar algún preso, tal y como venia siendo costumbre, auspiciados por la orden Jesuita.
Los soldados, de quienes los jesuitas dicen que estaban bebidos dispararon contra la multitud, despejan la calle a cuchilladas y hubo muchos muertos y heridos. La estatuta del “Niño Jesús” dice el relato, que va en la procesión recibió varios balazos y al final rodó por los suelos. Hubo toque de alarma y los soldados se encerraron en la fortaleza del castillo de la Mota.
Los miembros del Ayuntamiento se refugiaron en iglesias y conventos temiendo la ira popular. El Colegio Jesuíta cerró sus puertas y solo dejó entrar a uno de los alcaldes, que aconsejado por el rector, solucionó todo de forma que a la caída de la noche se había hecho la paz. Se abrió un juicio en que el Rey, mal informado, acusa al pueblo de los sucesos. Los Jesuitas, exculpan al pueblo y a las autoridades municipales e inculpan a las tropas del Duque. Los jesuitas apoyaron al Ayuntamiento para ganarse su amistad.
En 1766, Madrid fue escenario del Motín de Esquilache, una revuelta popular contra las reformas del ministro Leopoldo de Gregorio, conocido como Marqués de Esquilache, durante el reinado de Carlos III.Entre las medidas impopulares destacaba la ordenanza que prohibía el uso de capas largas y sombreros de ala ancha, prendas que facilitaban el anonimato y, según las autoridades, contribuían a la delincuencia en la ciudad.Esta imposición provocó el descontento de la población, que veía en estas prendas una parte esencial de su identidad y tradición.El descontento culminó en violentos disturbios en Madrid, donde los manifestantes asaltaron residencias de ministros y se enfrentaron a las fuerzas del orden.
En ella la hermandad manifiesta que nunca ha habido en su estación de penitencia «excesos en las penitencias, por no haver sido, ni ser con desarreglo, ni escandalosas, ni menos ha resultado discordia».
Por eso los cofrades de Jesús Nazareno piden al Consejo Real que «no impida a los hermanos mis partes y debotos que tiene la referida Hermandad, pueda asistir en la estación de la mañana del viernes santo, y demás funciones con túnica, y las caras cubiertas» tal y como le fue aprobado a la cofradía de Nazarenos «de la ciudad de Sevilla, le fue concedida esta gracia por Vuestra Alteza».
La hermandad presenta recurso ante la orden del Consejo Real de eliminar los rostros cubiertos recuerdan la bula papal de 1631 y afirman que «todas las personas de carácter y distinción les ha entibiado esta tan grande y antigua debocion en esta villa, sólo el no poder asistir en penitencia de túnica con las caras cubiertas como es costumbre en todas las ciudades».
De esta forma la hermandad presenta recurso y «piden y suplican a su Majestad mandar que la que se hace la mañana del Viernes Santo imitando en la que tanto padeció, y en las dos funciones que en su Capilla se le hacen en cada un año, asistan los hermanos y debotos de túnica con las caras cubiertas «.
Por su parte el Fiscla del Consejo Real responde que se pedirá opinión a la Justicia y Ayuntamiento de la villa de Marchena, sobre si se seguiría perjuicio, falta de debocion o algún escándalo, en permitir que los hermanos de la cofradía de Jesús Nazareno salieran en ella el Viernes Santo con las caras tapadas».
El Ayuntamiento responde que «no entendían se siguiera perjuicio, y señala que últimamente dicha cofradía no tenía ordenanzas, por donde gobernarse.
La respuesta es que la Justicia de la villa de Marchena no impediría que los individuos de la cofradía de Jesús Nazareno saliesen con túnica en la procesión de Viernes Santo con tal que llevasen la cara descubierta, y les insta a que aprueben ordenanzas como así sucedió.
La ordenanza indica que los pasos eran llevados por quarenta y ocho a cinquenta hermanos todos con túnicas, con sus rostros descubiertos (en conformidad de lo mandado por el Supremo Consejo). Y mientras los que vayan descansando, acompañen en dos filas con achas encendidas.
El origen de la Hermandad de la Borriquita estuvo en la de Jesús Nazareno según publicación de Manuel Antonio Ramos en la Revista del Consejo de Hermandades de este año 2019 citando fuentes de los cabildos de la Hermandad de Jesús Nazareno.
El domingo 1 de abril de 1951 tras la Semana Santa de ese año la Hermandad de Nuestro Padre Jesús celebra un cabildo de oficiales presidido por Juan Torres Ternero, rector y Julián García Bernáldez, vicerector, reunidos en el patio de San Miguel porque la sala de juntas está preparada para el almuerzo.
Se trataron temas relacionados con la mejora de los enseres como el paso de la túnica de cola del Nazareno a un nuevo terciopelo.
En el Cabildo se crea una comisión para estudiar la creación de una hermandad para muchachos con salida de San Miguel y dependiente de la Hermandad de Jesús, denominada «Entrada en Jerusalén vulgarmente de la Borriquita cuyo estudio dará cuenta una vez consultado con la autoridad eclesiástica y se de salida el domingo de Ramos».
Se aprueba entonces crear una comisión que pueda concretar las cosas a realizar y su coste y que una vez conocida de cuentas a la Hermandad para su aprobación. La comisión estaba integrada por Juan Torres-Ternero, Julián García Bernáldez, Manuel Aguilar, Federico Martínez Sánchez y Francisco Jiménez González. No hay más referencias escritas en las actas de esta hermandad, sobre la creación de la Borriquita.
Tras el cabildo se celebró un almuerzo al que asisten Ramón Aguilar Galindo y José Gonzalez coadjutores de San Juan y San Miguel y así aparece en las actas de la Hermandad de Jesús Nazareno tres años antes de la fundación de la Hermandad de la Borriquita por los frailes mercedarios en el Convento de San Agustín.
Los frailes mercedarios habían llegado a Marchena a propuesta de las monjas de San Andrés, Mercedarias Descalzas que en mayo de 1914 realizan gestiones con José María Salvador y Barrera, marchenero y obispo de Madrid quien animó a Enrique Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla para que se ocupase el templo de San agustín por los mercedarios y se crease en el un colegio. El 25 de marzo de 1915 llegaron los frailes mercedarios. 40 años de la llegada al Mercedarias Marchena se dieron los pasos para fundar la que se ha creído primera cofradía dentro del convento mercedario.
Con motivo del VII Centenario de la creación de la Orden de la Merced, 1918 uno de los frailes del convento de San Agustín elaboró las reglas para crear una hermandad de la Virgen de la Merced, que luego fueron aprobadas según Manuel Antonio Ramos en «Devoción y culto a Nuestra señora de la Merced de Marchena» presentado en el simposio histórico 800 años de huella mercedaria celebrado en Barcelona.
La Taberna Cofrade El Llamador desarrolla hoy nueva conferencia de Manuel Roldán Rojas, reconocido capataz en Sevilla, actualmente al mando del paso del Santísimo Cristo de la Sangre de la Hermandad de San Benito, Sevilla.Con una amplia experiencia en el mundo cofrade, Roldán ha destacado por su compromiso con la tradición y la formación de las cuadrillas de costaleros.Recientemente, ha sido renovado en su cargo para la Semana Santa de 2025, reafirmando su liderazgo en la hermandad.
14 de marzo: Hermanos Gallego
Los hermanos Miguel, Manuel y Alberto Gallego Rodríguez son capataces con una trayectoria de más de tres décadas en Sevilla.Iniciaron su labor en 1981 con la Hermandad del Rosario de los Humeros y, desde entonces, han estado al frente de pasos en diversas hermandades.Actualmente, dirigen los pasos de la Hermandad del Dulce Nombre de San Lorenzo y de la Hermandad del Carmen de Omnium Sanctorum.Además, en noviembre de 2023, fueron designados como capataces de la Virgen del Carmen del Santo Ángel, ampliando su legado en la Semana Santa sevillana.
22 de marzo: Juan Manuel Martín Muñoz
Juan Manuel Martín Muñoz es otro destacado capataz de la capital hispalense, reconocido por su labor al frente de diversas cuadrillas.Su experiencia y dedicación le han valido el respeto en el ámbito cofrade, siendo referente para las nuevas generaciones de costaleros.
30 de marzo: Pregón Juvenil y entrega del galardón «El Llamador de Plata»
El ciclo culminará el 30 de marzo con el Pregón Juvenil y la entrega del prestigioso galardón «El Llamador de Plata».Este año, el reconocimiento será otorgado a Javier Ruiz, ex hermano mayor de la Hermandad del Rocío, en honor a su destacada labor en el ámbito cofrade.Este galardón se concede anualmente a personas que han contribuido de manera significativa al enriquecimiento de las tradiciones y la cultura cofrade.
Antonio Sánchez era el verdadero nombre del Tuerto Pollo, el saetero más antiguo de Marchena del que tenemos datos escritos. Es el exponente más famoso de una familia saetera señera, con cuatro generaciones de saeteros.
Tuerto Pollo era un republicano y hermano del Cristo de San Pedro que en torno a 1873 se arrodilló y le cantó una saeta ante el Cristo de San Pedro en Los Cantillos y así logró que lo readmitieran en la hermandad, según Muñoz y Pabón. Roberto Narváez, de la Escuela de Saetas, confirma que Tuerto Pollo es sin duda el saetero más antiguo del que tenemos datos escritos en Marchena.
Según nos cuenta Ana Rueda, profesora de Lengua y Literatura en Madrid, y hermana de la Hermandad del Cristo de San Pedro como su antepasado, Antonio Sánchez, «Tuerto Pollo», era hermano de su bisabuela y pertenecía a la familia de los «Pollo» que era el apodo familiar tal y como lo cuenta Muñoz y Pabón en La Lectura Dominical del 8 de Abril de 1905.
Cantaor y saetero «que ponía los pelos de punta» a decir de las viejas hasta el punto de que se decía de él que tenía «un coro de ángeles metido en aquel pecho» fue expulsado de la Hermandad del Cristo de San Pedro por apoyar a la República de Castelar (1873-74).
«La multitud vio un hombre corriendo como loco hacia el Cristo. Un hombre desarrapado que rechazaba bruscamente a los que intentaban detenerlo, avanzando entre negras filas de penitente, se quitó el sombrero y cayó de rodillas con los brazos en cruz frente al Cristo de San Pedro en los cuatro Cantillos.
Derramando lágrimas cantó una lastimera saeta con una voz tan profunda que hizo conmover a las piedras de Los Cantillos. «Cristo que te estás muriendo, de calentura y de sed, qué lástima que mis lágrimas, no las pudieras beber».
Tan bien y tan emocionadamente cantó que las mujeres envueltas en sus trajes de manto y saya lloraban y los hombres tenían que morderse los labios para no hacerlo y los niños se agarraban a las faldas de sus madres al ver a la oveja descarriada volviendo al redil de su padre.
«Efectivamente se llamaba Antonio Sánchez. Tenía muchos hermanos, una de ellos era mi bisabuela. El Tuerto Pollo era tío de mi abuela. Los pollos debían cantar muy bien, yo intuyo que por ahí vendría el mote» cuenta Ana Rueda que nació y vive en Madrid. «Mi abuela Patrocinio Maqueda Sánchez, se casó con Matías Rueda y yo soy hija de Luis Rueda Maqueda, hombre de campo nacido en la calle Harina. La madre de mi abuela era Purita Sánchez o Purita la del Pollo».
Luis Rueda Maqueda, Luis de Marchena
Ana Rueda recuerda que su padre Luis Rueda Maqueda «le grabó las saetas marcheneras antiguas a Roberto Narváez, de la Escuela de Saetas Señor de la Humildad para que las enseñara en su escuela, porque ya no las cantaba nadie».
Roberto Narváez explica que Luis Rueda Maqueda, «Luis Matias», conocido en el flamenco como Luis de Marchena «aportó a nuestra escuela conocimientos de la saeta marchenera antigua que deriva de la carcelera del preso, junto a otros saeteros como Antonio Martin, Niño de la Viuda que cantaba muy bien y ayudó a conservar la saeta marchenera antigua».
La familia de Ana Rueda es la más antigua documentada de la rica tradición saetera de Marchena, cuatro generaciones de saeteros, cristeros y cantaores que sigue viva pues la propia Ana Rueda, a pesar de vivir en Madrid, ha cantado muchas saetas marcheneras y el año próximo promete venir el Viernes Santo a Marchena para cantarle al Cristo de San Pedro.
Ana Rueda recuerda que «mi abuela cantaba y su padre no la dejaba porque estaba muy mal visto en la época. Pero sus hijos salieron todos cantaores. Mi padre cantó profesionalmente con el nombre de Luis de Marchena; mi tío José como Matías el Marchenero. Y los demás también, aunque no profesionalmente. Les decían los Matías, por el nombre de mi abuelo. Y en los años 30 se juntaban todos los hermanos cantando saetas y la gente iba tras ellos. La guerra lo truncó todo y la mayoría se vino a Madrid. Mi tío José y mi padre vivieron del cante».
Ana Rueda es la última descendiente de Tuerto Pollo y como él, es del Cristo y ha cantado muchas saetas en Marchena.
Otro de los hermanos e fue a vivir a Paradas. «Mi tío Manolo se fue a vivir a Paradas, y todos los años iba a cantarle a Jesús, hasta que le dio un ictus. Cantaba en la calle Estudio (San Miguel), con una voz muy aguda».
Ana Rueda aún conserva primos en Marchena Rafael, Manuel y José Antonio Pliego Moreno y volverá el próxima junio para exhumar los restos de su padre.
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