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Daniel Rabaneda, en contra del desembarco de productos asiáticos en la Semana Santa y denuncia el abandono del artesanado cofrade

El consultor estratégico y diseñador de moda marchenero Daniel Rabaneda ha lanzado en sus redes sociales una reflexión sobre una realidad que comienza a extenderse silenciosamente por el mundo cofrade andaluz: la creciente adquisición de túnicas, medallas, insignias e incluso piezas de mayor valor artístico en plataformas asiáticas de bajo coste, en detrimento de talleres y comercios tradicionales vinculados al arte sacro.

A través de una publicación difundida en sus redes profesionales tras la pasada Semana Santa, Rabaneda asegura haber escuchado en distintos corrillos una preocupación que ya no se limita a compras particulares de nazarenos, sino que alcanza a algunas corporaciones religiosas que estarían recurriendo a fabricantes extranjeros para encargar bordados y elementos procesionales por razones económicas.

“Lo verdaderamente preocupante es que incluso se está señalando a algunas hermandades por haber encargado piezas de alto valor simbólico a fabricantes asiáticos”, señala en su análisis, donde confiesa que nunca pensó asistir a una situación semejante dentro de un sector que consideraba especialmente blindado por su carga histórica, devocional y patrimonial.

El marchenero sostiene que el arte sacro no puede ser tratado como una mercancía más sometida únicamente al criterio del precio, ya que detrás de cada medalla, cada bordado, cada talla o cada pieza de orfebrería existe un tejido humano y profesional que ha sostenido durante siglos la identidad cultural de Andalucía. En este sentido, lamenta que se hable constantemente de tradición, raíces y valores mientras se deja “en la estacada” a los talleres locales.

En uno de los fragmentos más contundentes de su mensaje, Rabaneda cuestiona el sentido de determinadas contradicciones dentro del universo cofrade actual: “Pierde sentido procesionar doce horas con la hermandad de tu barrio si la medalla que te cuelgas la has comprado en Temu”. Para él, el problema no es solo comercial, sino simbólico: considera incoherente venerar una estética heredada mientras se vacía de contenido a quienes la hacen posible con sus manos.

Su denuncia va más allá de una simple crítica al consumo online y se convierte en una llamada de atención sobre la deslocalización del patrimonio inmaterial. A su juicio, lo que está en juego no es únicamente la procedencia de un objeto, sino la supervivencia de bordadores, tallistas, doradores, ceramistas, imagineros, orfebres y pequeños negocios cuya continuidad depende de la confianza del propio mundo cofrade.

“¿Qué es exactamente lo que estamos preservando?”, se pregunta el consultor, dejando en el aire una cuestión que ha generado debate entre numerosos usuarios. Para Rabaneda, el valor de la Semana Santa no reside solo en la brillantez visual de sus cortejos, sino en “las personas, las manos, los talleres y negocios que la hacen posible”.

La reflexión llega en un momento en el que plataformas de comercio asiático como Temu o Shein han alterado los hábitos de compra en múltiples sectores gracias a precios extremadamente bajos, una dinámica que comienza a afectar también a ámbitos hasta ahora considerados ligados al trabajo artesanal y a la producción de cercanía.

Las palabras de Daniel Rabaneda han abierto así un debate incómodo pero cada vez más presente en Andalucía: si la defensa de las tradiciones puede sostenerse únicamente sobre la apariencia externa o si, por el contrario, preservar la Semana Santa implica también proteger a quienes la construyen desde sus talleres.