La Virgen del Rosario ya tiene imagen anunciadora para sus fiestas patronales de 2026. La obra, realizada por David Payán Campos, propone una lectura contemporánea de la devoción del Rosario en la que tradición, figuración, geometría, color y lenguajes procedentes del arte urbano conviven dentro de una misma composición.
El cartel tiene como eje central a la Virgen del Rosario y su Bendito Hijo, situados en el lado derecho de la obra y articulados mediante una composición piramidal marcada por líneas diagonales. Según explica el propio autor, este recurso introduce dinamismo, movimiento y energía frente a la estabilidad que aportarían las líneas horizontales y verticales.
Payán plantea deliberadamente un diálogo entre dos lenguajes aparentemente opuestos: la representación figurativa de las imágenes religiosas y un entorno de carácter abstracto y contemporáneo. La Virgen y el Niño aparecen revestidos con motivos geométricos, trazos realizados a mano y diferentes texturas que se superponen y desbordan sobre el espacio pictórico.
Uno de los elementos especialmente significativos del cartel aparece en su zona inferior, donde están representados Santo Domingo y San Francisco de Asís. Su presencia está relacionada con la procesión prevista para el próximo 4 de octubre, en la que ambas figuras tendrán un especial protagonismo dentro de la celebración de dos efemérides señaladas.
Por una parte, la obra hace referencia al VIII centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Por otra, recuerda el III centenario del ejercicio, en 1726, de los privilegios pontificios concedidos a la Orden de Predicadores por Benedicto XIII para la solemne procesión del Rosario.
El fondo abandona cualquier planteamiento convencional para introducir una explosión cromática en la que conviven colores intensos, efectos que recuerdan a la pintura en aerosol, referencias a los azulejos tradicionales, composiciones geométricas y elementos inspirados en el graffiti y el arte urbano.
Frente a esa libertad visual, la información escrita se concentra en la zona inferior mediante una franja de tonos ocres y amarillos y una tipografía clásica y limpia, estableciendo un nuevo contraste entre contemporaneidad y tradición.
El propio David Payán Campos define su creación como una obra que pretende renovar la estética tradicional del cartel religioso sin perder su significado:
“Nos encontramos con una obra contemporánea que renueva su estética, que une lo tradicional con la vanguardia sin perder la esencia de lo que está representando”.