
El rodaje de Antonia ha llevado las cámaras al Palacio Ducal de Marchena, mientras Netflix reconstruye el caso de Marta del Castillo y Karra Elejalde rueda en Espartinas una historia sobre la brecha digital
Durante unas horas, el Palacio Ducal de Marchena dejó de ser únicamente uno de los grandes espacios históricos de la Campiña sevillana. Los técnicos desplegaron sus equipos, los intérpretes vistieron ropas de otra época y el entorno del convento de Santa María volvió a parecerse a la Andalucía de hace casi un siglo. La transformación se produjo los días 6 y 7 de julio, cuando el municipio acogió parte del rodaje de Antonia, el primer largometraje de ficción escrito y dirigido por la cineasta malagueña Toñi Martín.
Marchena forma parte de un mapa audiovisual que este verano se extiende por buena parte de la provincia de Sevilla. La Campiña, el Aljarafe y la propia capital acogen actualmente o han acogido durante las últimas semanas tres producciones confirmadas: Antonia, la miniserie de Netflix En el nombre de Marta y el largometraje Mi vecino Fermín. Son proyectos muy diferentes, pero comparten una misma decisión: utilizar calles, edificios y paisajes sevillanos como parte esencial de sus historias.
Antonia: la memoria familiar entra en el Palacio Ducal de Marchena
El rodaje de Antonia comenzó a mediados de junio y se desarrolla durante junio y julio en Utrera, Carmona, Marchena, Mairena del Alcor y Sevilla capital. La Junta de Andalucía confirma que se trata de una producción de Womack Studios que recibió apoyo público dentro de la convocatoria destinada a nuevos realizadores.
La película sigue a Soledad, una mujer que, después de atravesar una crisis personal, comienza a investigar la historia de su familia. Esa búsqueda la conduce hasta Antonia, una figura misteriosa relacionada con la Guerra Civil, el exilio republicano en México y las heridas emocionales transmitidas entre distintas generaciones. La narración se mueve entre la Andalucía de los años treinta y el presente, abordando la memoria histórica, los vínculos familiares y la salud mental.
El reparto está encabezado por Nadia de Santiago y Anaïs Bleda, acompañadas por nombres de larga trayectoria como Mercedes Sampietro, Pedro Casablanc, Mercedes Hoyos y Antonio Dechent.
La presencia de la producción en Marchena tuvo un significado especial. Las cámaras trabajaron en el Palacio Ducal y en el entorno del convento de Santa María, dos espacios capaces de conservar en sus muros una apariencia difícil de reproducir mediante decorados. La fase marchenera ya ha concluido, aunque el rodaje general de la película continúa durante julio por otros puntos de la provincia.
El paso de Antonia demuestra que el patrimonio de Marchena no solo posee interés histórico o turístico. Sus conventos, calles y restos del antiguo recinto ducal constituyen también una localización cinematográfica con capacidad para recrear distintas épocas. Cada rodaje abre, además, una oportunidad para que el nombre del municipio aparezca ligado a una producción cultural de alcance nacional.
Netflix reconstruye en Sevilla el caso de Marta del Castillo
La producción de mayor duración es En el nombre de Marta, la miniserie de Netflix inspirada en la desaparición de Marta del Castillo. El rodaje comenzó oficialmente en abril y está previsto que continúe hasta agosto de 2026, por lo que sigue siendo una de las principales grabaciones activas en la provincia.
Netflix ha planteado el proyecto como una ficción de seis episodios, producida por Bambú Producciones, responsable de El caso Asunta, en colaboración con la compañía sevillana La Claqueta PC. La producción cuenta con el apoyo de la familia de Marta y pretende reconstruir los acontecimientos posteriores a su desaparición, las contradicciones de los implicados, la investigación, el juicio mediático y la búsqueda del cuerpo.
El reparto reúne a Blanca Portillo, Vicente Romero, Verónica Sánchez, María León, Paco Tous y Hugo Welzel. La dirección está repartida entre Carlos Sedes, Laura Alvea y José Ortuño, mientras el equipo de creación y guion incluye a Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, Curro Serrano y David Orea Arribas.
Además de Sevilla capital, la miniserie ha pasado por varios municipios. En Utrera, por ejemplo, se rodó durante varias jornadas de mayo en las calles Fuente Vieja, Constitución y Ruiz Gijón. El dispositivo movilizó aproximadamente a 90 profesionales y 15 vehículos, una cifra que permite comprender la logística y el movimiento económico que una producción de estas características genera en cada localidad.
También se han documentado grabaciones en Los Molares, confirmando que la serie no utiliza únicamente los espacios más reconocibles de la capital, sino también localidades capaces de reproducir barrios, calles y ambientes de la Sevilla de 2009.
El proyecto obliga a mantener un difícil equilibrio. No se trata de una historia lejana ni de una ficción completamente inventada, sino de un caso que continúa abierto emocionalmente para la familia y para buena parte de la sociedad sevillana. Netflix asegura que el relato se centrará especialmente en la lucha de los familiares y en el impacto social y mediático de la desaparición.
Karra Elejalde rueda Mi vecino Fermín en Espartinas
Mientras Antonia avanza por la Campiña y Netflix continúa su producción, el Aljarafe se ha incorporado al mapa con Mi vecino Fermín. El Ayuntamiento de Espartinas confirmó el 9 de julio que el municipio acogía el rodaje del primer largometraje de ficción dirigido por Vladimir Ráez y Fali Álvarez.
La película está protagonizada por Karra Elejalde, ganador de dos premios Goya, junto a Emilio Palacios y Cinta Ramírez. La producción corre a cargo de Plano Subjetivo, Spal Films y Guepaki México, con la participación del productor coprotagonista Eduardo Zafra y la colaboración de Canal Sur y la Junta de Andalucía.
La historia reúne a Fermín, un hombre mayor que vive alejado del mundo digital, y Alexander, un joven informático que contempla la realidad a través de las pantallas. Cuando Fermín intenta utilizar Internet para encontrar a una hija a la que no ve desde hace décadas, acaba siendo víctima de una estafa. La búsqueda del responsable servirá para hablar de la soledad, el uso de los datos personales, las estafas digitales y la distancia que separa a dos generaciones obligadas a entenderse.
El rodaje se desarrolla entre las provincias de Sevilla y Málaga, aunque Espartinas ocupa un lugar relevante en una producción que también conecta con el tejido audiovisual local.

