El Sindicato de Obreros del Campo cumple medio siglo desde aquella asamblea fundacional celebrada en Antequera en agosto de 1976, cuando el jornalero andaluz comenzó a organizarse con voz propia en plena Transición. Medio siglo después, aquel SOC nacido entre tajos, pueblos blancos, cortijos y campañas agrícolas sigue vivo dentro del Sindicato Andaluz de Trabajadores, el SAT, constituido en 2007 como una organización más amplia de clase y ámbito andaluz.
El ayer del SOC fue el de una Andalucía todavía marcada por el paro agrario, el latifundio, la emigración y la dependencia del jornal. Su base social estuvo en los trabajadores del campo y en los jornaleros sin tierra, especialmente en provincias como Sevilla y Cádiz, donde la cuestión agraria seguía siendo una herida abierta. El sindicato se organizó desde las llamadas Comisiones de Jornaleros y convirtió la tierra, las peonadas y el subsidio agrario en grandes banderas de lucha.
En los años ochenta y noventa, el SOC se convirtió en una de las voces más reconocibles del sindicalismo rural andaluz. Sus movilizaciones, encierros, marchas y ocupaciones simbólicas de fincas situaron en el debate público una pregunta incómoda: qué lugar ocupaban los jornaleros en una Andalucía que modernizaba sus ciudades, pero seguía arrastrando viejas desigualdades en el campo.
Uno de sus grandes conflictos fue la defensa del subsidio agrario y la crítica al sistema de peonadas. En 1994, el SOC reclamaba participar en la negociación de la reforma del subsidio agrario y defendía la eliminación del requisito de las 60 peonadas, mientras UGT y CCOO mantenían posiciones distintas. En 2002, volvió a protagonizar protestas contra los cambios en la protección de los trabajadores eventuales del campo.
El hoy llegó con la integración del SOC en el Sindicato Andaluz de Trabajadores. El SAT se constituyó en Sevilla en septiembre de 2007 como resultado de la unión del SOC con otras organizaciones sindicales andaluzas, ampliando su campo de actuación más allá del mundo rural.
Desde entonces, el SAT ha intentado mantener la memoria jornalera del SOC, pero adaptándola a nuevos conflictos laborales: precariedad, temporalidad, trabajadores de servicios, empleo público, feminismo, vivienda y defensa de los derechos sociales. El campo ya no es el único escenario, aunque sigue siendo una raíz fundamental de su identidad.
Cincuenta años después, el balance del SOC permite leer una parte esencial de la historia reciente de Andalucía: la de quienes no tuvieron tierra, pero sí organización; la de quienes no ocuparon los grandes despachos, pero sí los caminos, las plazas y los tajos; la de un sindicalismo que nació del hambre antigua y que hoy, bajo las siglas del SAT, intenta seguir hablando en nombre de los trabajadores andaluces.

