A pocos metros del monasterio de San Jerónimo de Buenavista, en una zona discreta del norte de Sevilla, se esconde uno de los espacios funerarios más singulares de la ciudad: el Cementerio de San Jorge, conocido popularmente como el cementerio de los ingleses. Un lugar cargado de historia, vinculado a la presencia británica en Andalucía y al conflicto religioso de otra época.
Un cementerio nacido por una necesidad religiosa
El origen del cementerio se remonta a mediados del siglo XIX. Hasta entonces, los protestantes —en su mayoría británicos— no podían ser enterrados en cementerios católicos como el de San Fernando. Esta exclusión obligaba a realizar enterramientos clandestinos o en terrenos improvisados a las afueras de la ciudad.
La situación cambió en 1855, cuando se inauguró oficialmente este camposanto bajo el nombre de San Jorge, patrón de Inglaterra. La iniciativa partió de miembros de la colonia británica en Sevilla, entre ellos el vicecónsul John Benjamin Williams y empresarios vinculados a la actividad industrial y marítima.
La creación del cementerio también se enmarca en una legislación estatal que obligaba a habilitar espacios para no católicos, reflejo de una España que empezaba a abrirse lentamente a la diversidad religiosa.
La Sevilla británica del siglo XIX
El cementerio no se entiende sin el contexto de la Sevilla industrial y comercial del XIX. En aquella época, la ciudad llegó a contar con más de mil residentes británicos vinculados a las navieras, las minas de Riotinto o fábricas como la de loza de la Cartuja.
Muchos de los enterrados eran marineros, ingenieros o comerciantes. Otros fueron personajes destacados, como pioneros de instituciones culturales o vinculados al nacimiento del fútbol en la ciudad.
El cementerio estuvo en uso durante décadas, aunque su actividad fue disminuyendo con el paso del tiempo. El último enterramiento documentado se produjo ya en el siglo XX, momento a partir del cual el recinto entró en una progresiva decadencia.
Recuperación y visitas guiadas
En los últimos años, el cementerio ha comenzado a recuperar su valor patrimonial gracias a iniciativas ciudadanas y asociaciones como la de San Jorge, formada por descendientes y personas interesadas en su conservación.
Hoy en día se organizan visitas guiadas puntuales, normalmente en fechas concretas y mediante inscripción previa. Estas visitas suelen tener un carácter cultural y divulgativo, con pequeñas aportaciones económicas destinadas al mantenimiento del recinto.
Además, voluntarios han impulsado labores de limpieza y restauración, devolviendo la dignidad a un espacio que llegó a albergar más de un centenar de enterramientos.
Cómo visitarlo hoy
El cementerio se encuentra en la calle Marruecos, en el barrio de San Jerónimo, junto al monasterio del mismo nombre. No es un espacio de acceso libre continuo, por lo que la visita depende de jornadas organizadas o actividades culturales específicas.
El hijo del primer presidente del Sevilla FC
El primer presidente del Sevilla Fútbol Club no fue un personaje cualquiera de la colonia británica genérica, sino un escocés perfectamente documentado: Edward Farquharson Johnston.
Quién fue realmente
Johnston nació en Escocia y llegó a Sevilla a finales del siglo XIX como representante de la compañía naviera MacAndrews & Co., vinculada al comercio entre Reino Unido y Andalucía. Formaba parte de esa comunidad británica que trabajaba en el puerto, en la exportación de minerales y en el tráfico marítimo por el Guadalquivir.
En 1890 firmó el acta fundacional del Sevilla FC y fue su primer presidente. El club nace precisamente en ese ambiente anglosajón: jóvenes británicos que jugaban al fútbol en Sevilla y que formalizan una sociedad deportiva siguiendo el modelo inglés.
En el caso de Johnston, lo que se ha documentado en investigaciones y visitas guiadas es que un hijo suyo fue enterrado allí, algo coherente con la realidad de la época:
los protestantes no podían ser enterrados en cementerios católicos y utilizaban este recinto junto a San Jerónimo.
El ingeniero que trajo la industria
Entre los enterrados se encuentra Charles Pickman, o al menos miembros de su familia, vinculados a una de las grandes revoluciones industriales de Sevilla: la fábrica de loza de La Cartuja. Pickman, de origen británico, fue clave en la modernización de la producción cerámica en la ciudad durante el siglo XIX.
Su presencia —directa o familiar— en este cementerio simboliza algo más profundo: la llegada de capital extranjero, de nuevas técnicas, de otra forma de entender el trabajo y la ciudad.
Muchas lápidas pertenecen a marineros británicos que nunca regresaron a casa. Hombres que murieron lejos de Inglaterra, en una Sevilla que era entonces puerto activo del Guadalquivir, punto de entrada y salida de mercancías.
Niños que nunca crecieron
Uno de los aspectos más sobrecogedores del recinto es la presencia de tumbas infantiles. Hijos de comerciantes o ingenieros que murieron en Sevilla por enfermedades que hoy serían fácilmente tratables.
Sus lápidas son sencillas, a veces apenas legibles, pero transmiten una emoción directa: la fragilidad de la vida en el siglo XIX. Nombres pequeños, fechas cortas, historias que apenas comenzaron.
Aquí están enterrados cónsules, trabajadores de empresas extranjeras, familias enteras que vivieron en Sevilla durante décadas. Personas que no podían ser enterradas en suelo católico y que, sin embargo, contribuyeron al desarrollo económico y cultural de la ciudad.

