A los pies de la monumental Basílica de Santa María de la Asunción, en el corazón del casco histórico de Arcos de la Frontera, yace una enigmática figura pétrea que pasa inadvertida para muchos viandantes. Se trata del llamado Círculo Mágico, un diseño geométrico de origen medieval compuesto por doce losas rojas y doce blancas que rodean un cuadrado central girado en forma de rombo, a su vez inscrito en una circunferencia perfecta. Este elemento, que ha resistido siglos de olvido, es mucho más que un adorno urbano: es un vestigio de saberes antiguos, una puerta simbólica entre lo visible y lo invisible.
Datado entre los siglos XIV y XV, el círculo se sitúa sobre lo que fue la explanada de acceso a una antigua mezquita, antes de convertirse en templo cristiano. Diversos investigadores apuntan a una influencia sufí o islámica, con paralelismos en la geometría sagrada usada en madrazas y santuarios del mundo árabe. Las losas blancas conservaban símbolos astronómicos y marcas zodiacales, hoy desgastadas, y se empleaban en un ritual bautismal popular, consistente en colocar al recién nacido en su centro para recibir protección frente a enfermedades, mal de ojo o malos espíritus.
El símbolo fue respetado y camuflado tras la conquista cristiana, incorporado al pavimento de la plaza para evitar su destrucción. De ese modo, el rito sobrevivió, transmutado en tradición popular y rodeado de silencios e interpretaciones esotéricas. Aún hoy, visitantes y estudiosos se detienen ante su estructura para interpretar su posible significado alquímico, musical o cósmico.

