El joven historiador marchenero Eulalio de los Reyes López ha iniciado en Nápoles una estancia de investigación entre archivos, bibliotecas y fondos históricos relacionados con la etapa virreinal de la ciudad italiana, una línea de trabajo que conecta directamente con la figura de Rodrigo Ponce de León y Álvarez de Toledo, IV Duque de Arcos y señor de Marchena, nombrado virrey de Nápoles en el siglo XVII.
Se trata de una investigación documental sobre uno de los episodios más complejos de la historia de la Casa de Arcos: el gobierno napolitano de Rodrigo Ponce de León y la rebelión de Masaniello de 1647.

Eulalio de los Reyes López está adscrito al área de Historia Moderna y al Departamento de Historia Moderna de la Hispalense. Su primer libro, está dedicado al linaje de los Ortuño y a la burguesía ennoblecida en la bahía de Cádiz durante el siglo XVIII.
La investigación en Nápoles adquiere especial interés para Marchena porque Rodrigo Ponce de León no fue solo un noble de proyección cortesana, sino uno de los grandes señores vinculados al Palacio Ducal marchenero. Según la documentación conservada en PARES, Felipe IV expidió el nombramiento y concesión del título de virrey de Nápoles a Rodrigo Ponce de León, IV Duque de Arcos.
Su gobierno en Nápoles quedó marcado por una situación fiscal explosiva. El IV Duque de Arcos fue elegido en 1646 para suceder al Almirante de Castilla en el gobierno napolitano y ante la crisis financiera del reino, restableció el impuesto sobre la fruta para financiar la defensa de los Presidios de Toscana. Esa medida fue la chispa que encendió la revuelta encabezada por Masaniello.
La rebelión de 1647 puso contra las cuerdas al poder español en Nápoles. El duque perdió el control de la ciudad, aceptó capítulos negociados con los sublevados y, tras la muerte de Masaniello y la proclamación de la República en octubre de 1647, perdió también la confianza del Rey.
La importancia de esta historia para Marchena no se limita al plano político sino que se relaciona con transformaciones urbanas posteriores en el entorno del Palacio Ducal. Rodrigo Ponce de León habría escapado de la revuelta napolitana gracias a la ayuda de frailes capuchinos, que lo habrían ocultado con una capucha de fraile. En agradecimiento, el duque fundó en 1651 el convento de Capuchinos junto a su palacio de Marchena, bajo la advocación de los Ángeles Custodios.
Ese miedo a la revuelta popular, habría condicionado la desaparición de la antigua barriada de la Puerta de Écija, situada junto al Palacio Ducal. El duque compró y permutó casas y hazas del ruedo de aquella zona para eliminar el caserío próximo a su residencia y crear el espacio conocido posteriormente como El Parque, con jardines, convento y huerta de Capuchinos.
La estancia de Eulalio de los Reyes en Nápoles abre ahora la posibilidad de contrastar en archivos italianos y españoles esa memoria documental: la gestión virreinal del Duque de Arcos, los mecanismos de poder de la Monarquía Hispánica en Italia, la crisis fiscal que desembocó en la revuelta de Masaniello y las consecuencias que aquel episodio pudo tener después en Marchena.
La conexión entre Nápoles y Marchena no es, por tanto, una simple anécdota nobiliaria. Es una vía de investigación que une política internacional, archivos virreinales, patrimonio urbano, arte barroco y memoria local. Desde los papeles de Nápoles puede volver a leerse una parte de la historia marchenera: la de una villa señorial cuyo urbanismo, conventos y paisaje palaciego quedaron marcados por los temores, fracasos y estrategias de una de las grandes familias de la nobleza andaluza.

