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El mundo como escenario: La obra de Calderón recuperada en vísperas del Corpus

Cuando se acerca el Corpus, la ciudad recupera una vieja intuición barroca: la vida entera cabe en un escenario. Eso es, en esencia, El gran teatro del mundo, el auto sacramental más célebre de Pedro Calderón de la Barca: una obra en la que Dios aparece como Autor, el Mundo como escenario y cada ser humano recibe un papel que debe representar antes de rendir cuentas. No importa tanto haber sido rey, rico, pobre, labrador o hermosura; importa cómo se ha vivido el papel concedido. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva el texto de la obra y la define como “auto sacramental alegórico”, con personajes simbólicos como el Autor, el Mundo, el Rey, el Rico, el Labrador, el Pobre o la Ley de Gracia.

La obra vuelve ahora a tener actualidad en Andalucía porque el Cabildo Catedral de Córdoba ha programado su representación los días 21 y 22 de mayo de 2026, a las 21:30 horas, en el Patio de San Eulogio, junto a la Mezquita-Catedral, con entrada libre hasta completar aforo. La puesta en escena corre a cargo de la Compañía de Teatro Clásico de Córdoba / Producciones Teatro Par, bajo la dirección de Antonio Barrios.

No es casualidad que esta recuperación llegue cuando el calendario litúrgico se acerca al Corpus Christi, que en 2026 se celebra el 4 de junio, aunque en algunos lugares se traslada al domingo 7. La relación entre El gran teatro del mundo y el Corpus es directa: los autos sacramentales nacieron como teatro religioso barroco pensado para celebrar, explicar y exaltar el misterio de la Eucaristía. La Biblioteca Nacional de España define el auto sacramental como un género dramático propio del Barroco español, de carácter religioso, representado generalmente en el Corpus Christi para exaltar el misterio eucarístico, con música, vestuario, decorados y una puesta en escena de gran vistosidad.

En la España del Siglo de Oro, el Corpus no era solo una procesión. Era una gran fiesta urbana. Las calles se convertían en templo, teatro y plaza pública. Los autos se representaban en carros, ante cabildos, autoridades y vecinos, y acompañaban el recorrido solemne del Santísimo. En Sevilla, por ejemplo, las representaciones de autos sacramentales fueron una de las señas de identidad del Corpus en la Edad Moderna. El estudio de Juan Ruiz Jiménez sobre los paisajes sonoros históricos de Sevilla recoge que los comediantes actuaban ante el Santísimo y que los carros repetían las representaciones en distintos puntos del itinerario procesional.

¿Por qué se representaban en el Corpus? Porque el auto sacramental era una catequesis teatral. En una sociedad donde la imagen, la música, la ceremonia y la palabra tenían una enorme fuerza pública, el teatro servía para hacer visible lo invisible. El dogma eucarístico, complejo y teológico, se convertía en escena: el mundo como teatro, la vida como papel fugaz, la muerte como final de la función y la Eucaristía como banquete final de salvación. Calderón no escribía solo para entretener; escribía para enseñar, conmover y ordenar simbólicamente el mundo.

Durante los siglos XVI y XVII, estas representaciones formaron parte del corazón festivo del Corpus. En Sevilla llegaron a hacerse varias funciones el mismo día, y durante la octava se repetían ante distintos públicos. A mediados del siglo XVII, según la documentación citada por Ruiz Jiménez, los autos sevillanos se habían reducido a dos, cada uno con cuatro carros, aunque en décadas anteriores el número había variado.

La tradición se interrumpió en el siglo XVIII. La mentalidad ilustrada empezó a mirar con desconfianza aquella mezcla de teatro, religión, música, danza, fiesta popular y aparato escénico. En 1765, una Real Cédula mandó prohibir los autos sacramentales, al considerar impropio que los misterios sagrados fueran representados en los teatros por comediantes. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recoge esa prohibición y la polémica ilustrada contra los autos, acusados de mezclar lo sagrado y lo profano.

Aun así, la obra no murió. Volvió una y otra vez como memoria cultural. En Andalucía se ha recuperado de forma intermitente en espacios de fuerte carga patrimonial. Córdoba es ahora el foco más claro. Además de la función de mayo de 2026 en el Patio de San Eulogio, la Agenda Cultural de Andalucía recoge representaciones recientes de El gran teatro del mundo en Córdoba organizadas por CECOSAM y producidas por Loyola Teatro, con funciones en marzo de 2026 en el Cementerio de San Rafael y en el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud.

Granada también mantiene una relación simbólica con la obra. El Patronato de la Alhambra y el Generalife programó El gran teatro del mundo en el Corral del Carbón dentro del programa de Teatro en el Corpus, con la Compañía Mira de Amescua, en junio de 2023. Sevilla, por su parte, la incluyó en la programación oficial del Corpus Christi de 2018, con una representación en la Plaza de San Francisco organizada por el Círculo Mercantil.

La noticia de fondo, por tanto, no es solo que Calderón vuelva a representarse. La noticia es que el Corpus conserva todavía una memoria teatral que explica buena parte de la cultura barroca andaluza. Antes de que la ciudad moderna separara procesión, teatro, música, calle y fe, todo formaba parte de una misma dramaturgia pública. El Corpus sacaba a la calle la custodia, pero también sacaba una manera de mirar el mundo: la vida como representación, la muerte como desenlace y la conciencia como único aplauso verdadero.

En ese sentido, El gran teatro del mundo sigue hablando al presente. Cuatro siglos después, su pregunta continúa intacta: no qué papel nos ha tocado, sino cómo lo estamos representando.