El Museo Arqueológico de Sevilla ha difundido una publicación divulgativa en sus redes sociales en la que subraya la calidad artística y el valor histórico de la conocida “cabeza de caballo” procedente de Marchena, una escultura pétrea hallada en el siglo XIX en las inmediaciones de la Hacienda de la Covatilla. En el texto, el museo destaca el realismo y la meticulosidad con que están trabajadas las facciones del animal y llama la atención sobre detalles técnicos y simbólicos que apuntan a un uso monumental y funerario en época antigua.
La cabeza de caballo de La Covatilla (Marchena) es una escultura en arenisca (con estuco) conservada en el Museo Arqueológico de Sevilla. La ficha museística la sitúa en el Hierro Final (siglos IV–III a. C.), dentro de la escultura iberorromana del Bajo Guadalquivir. Destaca por su realismo y por el arnés tallado (cabezal y riendas), y se interpreta como fragmento de una escultura monumental vinculada probablemente a un conjunto funerario o arquitectónico, donde se mezclan tradiciones locales con influencias mediterráneas (orientalizantes/púnicas y griegas).

Según la información compartida por el Arqueológico, la pieza pudo pertenecer a una escultura completa integrada en un monumento funerario turriforme. Entre los rasgos descritos figuran las perforaciones donde se insertarían unas orejas hoy perdidas, así como un elaborado cabezal decorado con esferas y riendas acintadas con rebordes, resultando especialmente significativa la ausencia de bocado. El acabado posterior, con aspecto semejante al de un sillar, refuerza la hipótesis de que formó parte de una gran estructura arquitectónica, y el museo recuerda además un episodio llamativo de su “biografía moderna”: tras el hallazgo, estuvo años colocada como trofeo en la entrada de una casa señorial (contenido de la publicación facilitada por el usuario).
La institución conecta esta obra con el entorno arqueológico de Montemolín-Vico, situado en el término municipal de Marchena, un enclave clave para entender las largas secuencias culturales del Bajo Guadalquivir. La relevancia científica de Montemolín está sólidamente documentada por la investigación: se trata de un yacimiento estratégico en la ribera del Corbones, con una secuencia que arranca en el Bronce Final y atraviesa fases orientalizantes e ibéricas, además de prolongarse hasta época romana, según los estudios clásicos y las síntesis académicas más recientes.
En su lectura interpretativa, el museo sitúa la “cabeza de caballo” como ejemplo destacado de la escultura iberorromana del Bajo Guadalquivir y como reflejo de una zona de contacto cultural donde confluyen tradiciones locales y aportes mediterráneos. Asimismo, remarca el papel simbólico del caballo como signo de estatus y poder, y plantea su posible función psicopompa, es decir, como figura asociada al tránsito al más allá (contenido de la publicación facilitada por el usuario).

