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“Estupidez artificial”: un manual para no entregar nuestra libertad a los algoritmos

El ingeniero y divulgador Juan Ignacio Rouyet firma en Estupidez artificial. Cómo usar la inteligencia artificial sin que ella te utilice a ti (Libros.com, primera edición digital en 2023) una guía clara y accesible para entender qué es realmente la inteligencia artificial, qué puede hacer, qué no, y por qué el verdadero peligro no está en las máquinas, sino en nuestra tendencia a dejar que decidan por nosotros.

El libro arranca con un relato de sabor sufí y una metáfora sencilla: para entender una masa de pan hay que conocer sus ingredientes. Con la IA, sostiene Rouyet, ocurre lo mismo. A lo largo de más de doscientas páginas, el autor descompone esa “masa” en dos partes: por un lado, los ingredientes técnicos (datos, modelos, probabilidad, predicción) y, por otro, los ingredientes humanos (miedos, sesgos, comodidad, renuncia a la responsabilidad). De la mezcla equivocada de ambos nace lo que denomina “estupidez artificial”: el momento en que dejamos de pensar y nos refugiamos en frases como “lo ha decidido el algoritmo”.

La obra se estructura como un viaje en tres etapas. Primero, compara el impacto de la IA con otras revoluciones tecnológicas del pasado, como el ferrocarril, el telégrafo o el teléfono. Rouyet recupera las profecías apocalípticas que acompañaron a cada invento y las grandes promesas que nunca llegaron a cumplirse del todo, para situar la IA en su justa medida: no es un monstruo ni una salvación, pero tampoco una herramienta neutra. Siempre transmite valores y decisiones humanas, aunque se escondan tras una pantalla.

En el bloque central, el libro explica cómo funcionan los sistemas de inteligencia artificial de uso cotidiano: asistentes de recomendación, modelos de lenguaje, sistemas de puntuación y clasificación. Rouyet traduce el lenguaje técnico a ejemplos comprensibles y muestra hasta qué punto estos sistemas se limitan, en esencia, a calcular lo más probable a partir de datos pasados. A partir de ahí, analiza casos concretos —como la asignación automática de calificaciones académicas durante la pandemia en algunos países— para evidenciar cómo un mal diseño o una mala aplicación pueden limitar oportunidades, reforzar desigualdades y convertir el pasado estadístico en una condena para el futuro.

La tercera parte se adentra en el terreno de la ética aplicada. El autor repasa nociones de autonomía, responsabilidad, justicia y bien común, y las aterriza en una propuesta operativa para empresas, administraciones y usuarios. Plantea que cualquier uso de IA debería empezar por definir con transparencia qué fin persigue, qué principios lo guían, cómo funciona realmente el sistema y qué margen tiene la persona afectada para decidir, corregir o rechazar el resultado. No se trata solo de cumplir leyes, sino de mantener vivo el vínculo entre decisiones y responsables.

Más allá del contenido teórico, Estupidez artificial destaca por un estilo que combina rigor y divulgación. Rouyet recurre a cuentos tradicionales, referencias artísticas y ejemplos históricos para acompañar al lector sin abrumarlo con tecnicismos, y cierra cada capítulo ofreciendo sus propias respuestas a las grandes preguntas que formula, pero invitando a que cada lector construya las suyas.

Por qué merece la pena leerlo

El libro se presenta como una herramienta útil en un momento en que el debate público sobre la IA se mueve entre el entusiasmo acrítico y el miedo difuso. Para docentes, periodistas, profesionales de la administración, del mundo empresarial o cualquier ciudadano que use a diario aplicaciones basadas en algoritmos, Estupidez artificial ofrece tres aportes clave: ayuda a entender cómo funcionan estas tecnologías sin necesidad de formación técnica, enseña a detectar cuándo una decisión “automatizada” puede ser injusta o poco transparente, y recuerda que la primera defensa frente a los abusos tecnológicos sigue siendo la misma de siempre: personas capaces de hacerse cargo de sus decisiones.

Lejos de alimentar pánicos, Rouyet propone una idea simple pero exigente: la IA puede ser una gran aliada siempre que no renunciemos a pensar. Leer este libro es, en ese sentido, un ejercicio de ciudadanía digital y una invitación a no convertirnos nosotros en la parte “artificialmente estúpida” del sistema.