
En “Todo es mentira” (Cuatro), la letrada Leticia de la Hoz defendió que en los audios del caso Koldo no había claves para mover dinero: “chistorras” serían chistorras reales, “soles” la moneda de Perú y “lechugas”… pues lechugas. La UCO —según su tesis— habría confundido el menú con la contabilidad. Risto Mejide se quedó ojiplático. mediasetinfinity.es+2Cuatro+2
Yo, que soy de pueblo y de tapa generosa, he visto bandejas que daban de comer a media romería, pero nunca un millón de euros en embutido. La UCO sostiene que “chistorras”=billetes de 500 €, “soles”=200 € y “lechugas”=100 €; vamos, el trío calavera de la contante y sonante. Pero ayer llegó la abogada y dijo: “no, hombre, no, que los ‘soles’ son peruanos, búsquenlo en Google”. Y que las 2.000 chistorras eran para la fiesta de la noche electoral. Dos mil. En serio. Si esto es así, Ferraz ha descubierto el Plan Marshall Ibérico: contra el hambre, plancha y chistorra.
Imagina la escena. Koldo llama y suelta: “Tengo 2.000 chistorras”. Y no es un camión frigorífico, no; es un gesto de amor gastronómico. La UCO, pobre, creyendo que eran 2.000 billetes de 500 € porque, claro, viven en un mundo oscuro donde “soles” no alumbran y “lechugas” no se aliñan. Mientras, en el programa, Risto mira a cámara con esa cara de “¿me están vacilando?” que solo sale cuando un invitado intenta convertir el Monopoly en Derecho Mercantil.
La parte educativa del día: si en tu grupo de WhatsApp pones “tráete lechuga”, acuérdate de especificar si es ensalada o efectivo, no vaya a ser que la Policía Judicial aparezca con una rúcula y una orden judicial. Y si escribes “soles”, añade una banderita de Perú para evitar malentendidos y, de paso, fomentar el turismo. Comunicación clara, que luego pasa lo que pasa.
Moraleja de servicio público: España no necesita nuevos impuestos, necesita parrillas. Si todo eran chistorras reales, solucionamos la inflación con pan y mostaza. Si eran billetes, entonces el aroma que olía la UCO no era de barbacoa, era de contabilidad creativa. En cualquiera de los dos casos, la receta es sencilla: menos metáfora y más ticket.

