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La doble contabilidad del cortijo Los Galindos, una de las claves del caso

El Juzgado de Marchena es famosos en España por dos tristes hechos. Uno ser el peor juzgado de Andalucía en cuanto a medios materiales y dos, ser el juzgado que instruyó de forma poco exitosa, el caso de Los Galindos, el asesinato múltiple más famoso de la España reciente que prescribió sin encontrar culpables.

A principios de 2019 el hijo de la Marquesa propietaria del cortijo, Juan Mateo Fernández de Cordova, publicó un libro con Editorial Almuzara que levantó una gran polvareda donde apuntaba a su propio padre de orquestar una trama para amedrentar a Zapata cuando estaba a punto de desvelar la doble contabilidad de la finca en relación con una cooperativa de Utrera.

Tras pasear por los platós y medios de toda España, a mediados de 2019 cuando tratamos de entrevistar al autor del libro, había decidido no conceder más entrevistas por el enfrentamiento en el seno de su propia familia después de aparecer el libro.

Juan Rada, director del diario El Caso, manifestó 45 años después que el quíntuple asesinato del cortijo Los Galindos en 1975, cuando todavía estaba Franco vivo, «se centra en la doble contabilidad» de las cuentas del cortijo «y las causas apuntan a los responsables de ella».

Debido a la desastrosa investigación, hace ya más de 20 años que los crímenes prescribieron. El asesino y sus cómplices esquivaron para siempre la acción de la justicia.

Se trata de uno de los asesinatos más mediáticos y famosos de la historia reciente de España con libros, películas y una legión de seguidores de toda España en torno a este caso. «El Marqués de Grañina, comandante en la reserva,  se sabe fue a Sevilla a pedirle al Capitán General que la prensa no diera tanta guerra» indica Rada.

Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, VIII marqués de Grañina, se casó en 1954 con María de las Mercedes Delgado y Durán propietaria del cortijo Los Galindos y se separaron en 1976.

Juan Mateo Fernández de Córdova, autor del último libro sobre el caso, es el hijo de los, ya fallecidos, marqueses de Grañina, propietarios del cortijo. Conocía a los asesinados y a los asesinos no se resignó a las falsas acusaciones ni a los bulos escritos que cuenta en el libro: «El crimen de los Galindos: toda la verdad» cómo sucedió todo, demostrando inequívocamente la inocencia de todos los asesinados, y el móvil de la barbarie.

Fernández de Cordoba explicó a ABC en 2019 que «Zapata descubrió algo muy importante y se lo dijo a mi madre y a mi abuela. No se trataba de un desvío de dinero localizado. (…)   Zapata se entera por gente de Utrera de lo que estaba pasando y se dedica a corroborarlo. Cuando él habla con mi abuela y con mi madre, está seguro de lo que está diciendo y quiere trasladárselo a mi abuelo».

«El día 22 de julio de 1975 mientras Zapata se estaba vistiendo para ir a Sevilla, aparecen mi padre, el administrador, que era don Antonio, y una tercera persona a la que por ahora yo voy a llamar Curro» nombre falso del supuesto asesino y que el cree que sigue vivo en Utrera.

«Van a intentar convencer a Zapata de que olvide todas las cosas que ha escuchado en Utrera. Le dicen que son habladurías y que no tiene que ir a Sevilla para nada».» Y ahí se produce una riña y Curro, al que han mandado de Utrera para que convenza a Zapata de la forma que sea, pero sin matarlo, hace lo que hace» expresó el autor del libro a ABC.

El autor asegura que su padre visitó el lugar de los hechos al día siguiente de producirse los asesinatos, es decir, el 23 de julio de 1975. Una de las revelaciones más importante del libro es lo que le confiesa su madre, Mercedes Delgado, el día de la muerte del marqués, su padre, que aseguraba conocer todos los hechos acaecidos aquella noche e incluso haber ordenado alguno de ellos.

«Pero claro una doble contabilidad no es motivo para matar a dos personas, pudo haber una discusión, un estallido de violencia, y que se derrame la sangre cuando no estaba previsto», indica Rada. El responsable de dicha doble contabilidad era el Marqués de Grañina, militar franquista en la reserva, que finalmente se separó de la propietaria de la finca, su esposa.

Sobre quién se quedaba ese dinero y a qué fines iba destinado ese dinero que se detraía de la finca en dicha doble contabilidad, Rada explicó que «no se sabe», aunque apuntó que una de las hipótesis es que el Marqués, no estaba de acuerdo con los cambios democráticos que ya se vislumbraban en España. «Se ha apuntado que de esa doble contabilidad estaba al tanto el Marqués y no la Marquesa. La Marquesa sabía bastante más de lo que contaba. Sobre todo cuando empezó a echar cortinas de humo, de la droga o de los soldados» que luego se demostraron inviables.

«Las historias sobre plantación de droga pretendía ocultar la doble contabilidad que había en la finca», explica Rada. «Pero claro con qué fin ese dinero se desviaba, eso es lo que no se puede aclarar, muchos protagonistas han ido falleciendo y es difícil que se haga ya la luz al respecto».  Señalando que la mayoría de los libros que se han hecho por periodistas recientemente apuntan a la doble contabilidad como la clave de este caso.

«Fue una chapuza, los asesinos improvisaron mucho y dejaron muchos rastros que en su momento no se supieron aprovechar» explica Rada. «No se sabe si fue premeditado o surgió sobre la marcha».

El crimen prescribió en julio de 1995. Veinte años más tarde, el techo de la sala en el Juzgado de Marchena donde se albergaban entre otros el sumario de 1.400 folios del caso se hundió. En el traslado de estos documentos a un Juzgado de Sevilla desapareció el sumario, sin que nadie haya sabido qué fue él. Un enigma dentro de un misterio sobre el que ahora el hijo de los marqueses trata de arrojar algo de luz, cuarenta y cinco años después.