La cultura del aceite sale al encuentro de los pueblos sevillanos con una propuesta que mezcla divulgación, teatro y salud. La Fundación Fundación Juan Ramón Guillén, con sede en la histórica Hacienda Guzmán, ha puesto en marcha el programa “El Legado Aceitero”, una iniciativa itinerante impulsada junto a la Diputación de Sevilla para acercar a los municipios de la provincia el conocimiento sobre el aceite de oliva virgen extra, sus propiedades y su peso dentro de la identidad andaluza.
La propuesta comenzó su andadura este mes de abril y continuará durante mayo con paradas en varias localidades sevillanas, entre ellas Marchena, dentro de un calendario pensado especialmente para el público mayor, aunque con contenidos adaptables a todos los perfiles. No se trata de una simple charla gastronómica, sino de una experiencia cultural completa en la que el olivar se convierte en argumento escénico, memoria colectiva y herramienta de educación alimentaria.

El corazón del programa es una representación teatral en forma de monólogo donde aparece la diosa Atenea como hilo conductor de una narración amena y pedagógica. Desde ese personaje mitológico se desgrana el papel que el olivo ha desempeñado durante siglos en Andalucía, tanto en la economía rural como en la alimentación cotidiana. La obra, concebida en tono cercano y humorístico, enlaza además con el quinto centenario de la boda de Carlos V e Isabel de Portugal, convirtiendo el aceite en un elemento histórico y simbólico de la mesa andaluza.
Pero “El Legado Aceitero” no se queda en la escena. Tras la parte teatral, los asistentes participan en una sesión práctica orientada a desmontar errores muy extendidos sobre el llamado oro líquido. La Fundación insiste en que muchos consumidores aún desconocen aspectos básicos sobre su conservación, su consumo o la lectura correcta del etiquetado. Uno de los mensajes centrales es que el aceite de oliva virgen extra no posee una fecha de caducidad estricta, sino una fecha de consumo preferente vinculada al mantenimiento óptimo de sus cualidades. También se explica que el amargor y el picor no son defectos, sino indicios de frescura y riqueza en compuestos antioxidantes.
La vertiente saludable ocupa igualmente un lugar destacado. La Fundación Juan Ramón Guillén, creada en 2011 para promover la visibilidad del sector olivarero andaluz y la formación en torno a la cultura del olivo, viene insistiendo en la necesidad de asociar el AOVE a hábitos de vida saludables y a la dieta mediterránea, una línea de trabajo que desarrolla desde su sede de Hacienda Guzmán, uno de los centros de oleoturismo más importantes de Andalucía.
La jornada concluye con una cata guiada de distintas variedades monovarietales para enseñar al público que no todos los aceites son iguales ni sirven para lo mismo. Arbequina, hojiblanca, cornicabra o picual permiten descubrir matices dulces, afrutados, herbáceos o intensos, y aprender a relacionarlos con su uso culinario. La idea es sencilla pero ambiciosa: convertir al consumidor común en alguien capaz de reconocer calidad, elegir mejor y utilizar el aceite no solo como condimento, sino como parte consciente de su alimentación.
Con este nuevo programa, la Fundación sevillana amplía una labor divulgativa que ya venía desarrollando con escolares y colectivos sociales, y refuerza una idea de fondo: que el aceite de oliva no debe entenderse únicamente como un producto agrícola, sino como un patrimonio cultural vivo, heredado de generaciones de andaluces y todavía necesitado de pedagogía en una sociedad que, paradójicamente, convive a diario con él sin conocerlo del todo.

