Marchena amaneció con esa luz limpia de mayo que parece hecha para las despedidas. No era una mañana cualquiera. Era mañana de camino, de pañuelos en la mano, de medallas al pecho, de abrazos largos y de ese silencio primero que se forma antes de que un pueblo empiece a andar detrás de su Simpecado.
La Hermandad del Rocío de Marchena inició su peregrinación hacia la aldea almonteña tras la Misa de Romeros celebrada en la Parroquia de San Sebastián, prevista a las nueve de la mañana, punto de partida espiritual de una jornada marcada por la devoción, la convivencia y el regreso a los caminos rocieros. La hermandad marchenera parte este año para unirse a la comitiva de Osuna, con la que compartirá buena parte del trayecto hacia El Rocío.
La salida tuvo algo de rito antiguo y de vida cotidiana a la vez. En San Sebastián se mezclaban los trajes de camino, los rostros familiares, el sonido de los preparativos y esa emoción contenida que no necesita grandes palabras. El Bendito Simpecado volvió a convertirse en el centro de todas las miradas: delante de él no se sale de excursión, se sale de promesa; no se emprende solo un viaje, se abre una semana de fe, cansancio, polvo, amistad y memoria.
La hermandad inició así su camino hacia tierras del Aljarafe y Doñana, en una ruta que tendrá uno de sus momentos más simbólicos en Coria del Río, con el cruce del Guadalquivir en barcaza, una de las imágenes más reconocibles de la peregrinación rociera. Desde allí, los romeros continuarán hacia los pinares y arenas que conducen a la aldea del Rocío.
La jornada de hoy enlaza a Marchena con la Hermandad de Osuna, filial número 78 de la Matriz de Almonte. La corporación ursaonense había iniciado su camino el sábado 16 de mayo, con misa de romeros a las nueve de la mañana y salida de la carreta prevista sobre las 9:45 horas. Tras pasar por La Puebla de Cazalla, era cuando debía producirse la incorporación de la Hermandad del Rocío de Marchena, para continuar juntas hacia Arahal.
Según el calendario publicado, esta etapa conjunta lleva a ambas hermandades hacia Arahal, con sesteo en Venta La Parada y pernocta en el recinto ferial arahalense. El lunes 18 de mayo el camino continuará hacia Utrera, con parada en la zona de Piedra Hincá-Los Molares y descanso nocturno en el recinto ferial utrerano.
Después llegará la progresión hacia la dehesa de La Atalaya y, el miércoles 20 de mayo, el cruce del Guadalquivir en Coria del Río, previsto a las doce del mediodía. El viernes 22 se anuncian dos de los momentos grandes del camino: el Vado del Quema, fijado a las 11:15 horas, y el paso por Villamanrique de la Condesa, previsto a las 12:30 horas. La entrada en la Raya Real está prevista para el sábado 23, antes del paso por el Ajolí y la llegada a la aldea.
La peregrinación se produce además en el contexto del Plan Romero 2026, que la Junta de Andalucía activa del 18 al 28 de mayo en su edición número 42, con más de 7.000 efectivos destinados a seguridad, emergencias, asistencia sanitaria y coordinación de caminos. El dispositivo presta este año especial atención al riesgo de incendios forestales y a los puntos de mayor concentración de peregrinos, especialmente en el entorno de Doñana.
Pero más allá de los horarios y del dispositivo, la imagen de la mañana fue otra: Marchena despidiendo a los suyos. La carreta, los romeros, las familias mirando desde la calle, el primer cansancio todavía dulce, el polvo aún por levantarse. Cada año el camino parece el mismo, pero nunca lo es. Cambian los rostros, cambian las promesas, cambian las ausencias. Y aun así, cuando la hermandad sale, Marchena vuelve a reconocerse en una escena que pertenece a la memoria sentimental del pueblo.
La romería no empieza cuando se pisa la arena. Empieza mucho antes: en la misa, en la puerta de la parroquia, en el primer paso, en el primer “hasta la vuelta”. Esta mañana, Marchena volvió a salir al camino. Y con ella salieron también sus nombres, sus rezos, sus muertos, sus esperanzas y esa forma tan andaluza de caminar hacia lo sagrado como quien vuelve a casa.


