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La Luna vuelve al primer plano tras décadas de silencio

La historia de los viajes a la Luna ha entrado de nuevo en la actualidad después de que la misión Artemis II regresara a la Tierra el 10 de abril de 2026, culminando con éxito un vuelo tripulado alrededor del satélite. Ha sido el primer viaje humano a las inmediaciones de la Luna en más de medio siglo, aunque no un alunizaje. El último descenso tripulado sobre la superficie lunar sigue siendo el del Apolo 17, en diciembre de 1972.

La conquista de la Luna no nació de la nada, sino de la Guerra Fría. El punto de partida moderno de la carrera espacial fue el lanzamiento del Sputnik 1 por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957, seguido un mes después por el Sputnik 2 con la perra Laika a bordo. Aquellos éxitos soviéticos sacudieron a Estados Unidos y aceleraron la creación de una estructura espacial que desembocaría en el programa Apolo.

ARTEMIS II | Los ASTRONAUTAS AMERIZAN con ÉXITO en el Pacífico y culminan una MISIÓN HISTÓRICA |RTVE

La URSS siguió marcando hitos en los primeros años: Yuri Gagarin se convirtió el 12 de abril de 1961 en el primer ser humano en viajar al espacio; Valentina Tereshkova fue la primera mujer en 1963; y Alexéi Leonov realizó el primer paseo espacial el 18 de marzo de 1965. Aquella secuencia de golpes de efecto explica la presión política que llevó a John F. Kennedy a comprometer públicamente a Estados Unidos con el objetivo de llevar un hombre a la Luna y devolverlo a salvo a la Tierra antes de que terminara la década.

La tecnología que hizo posible esa carrera espacial tuvo, además, una raíz incómoda. Wernher von Braun, figura clave del programa lunar estadounidense, había dirigido el desarrollo de los cohetes V-2 para la Alemania nazi antes de pasar a trabajar para Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial. Su papel fue decisivo en la evolución de los grandes lanzadores que acabarían sosteniendo el programa Apolo.

El salto definitivo hacia la Luna comenzó con el Apolo 8, que en diciembre de 1968 llevó por primera vez a seres humanos a orbitar el satélite. Apenas siete meses después, el Apolo 11 culminó la hazaña: Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaron el 20 de julio de 1969, mientras Michael Collins permanecía en órbita lunar. Aquella misión no fue una improvisación heroica, sino el resultado de una gigantesca movilización de recursos: el programa Apolo llegó a emplear a unas 400.000 personas y a implicar a más de 20.000 empresas y universidades, en un momento en que NASA absorbía más del 4% del presupuesto federal estadounidense.

Una de las claves técnicas del éxito fue la estrategia del encuentro en órbita lunar, defendida dentro de NASA por el ingeniero John Houbolt. El esquema consistía en dejar una nave en órbita de la Luna y enviar desde ella un módulo más pequeño para descender a la superficie y regresar después al vehículo principal. La propuesta fue discutida y considerada arriesgada, pero terminó siendo la opción elegida y la que hizo viable el viaje.

La aventura, sin embargo, estuvo siempre al borde del desastre. El Apolo 13, lanzado en abril de 1970, tuvo que abortar su alunizaje después de la explosión de un tanque de oxígeno en el módulo de servicio. La tripulación sobrevivió en una de las operaciones de rescate más célebres de la historia espacial. Aquello recordó hasta qué punto la exploración lunar era una empresa de altísimo riesgo incluso después del éxito del Apolo 11.

A pesar de ello, las misiones lunares continuaron hasta el Apolo 17, la última en pisar la superficie en 1972. Desde entonces, ningún ser humano había regresado a las cercanías de la Luna hasta Artemis II. Entre una época y otra, las pruebas de que las misiones Apolo se realizaron realmente no han dejado de acumularse: las cámaras del Lunar Reconnaissance Orbiter han fotografiado en la superficie lunar restos de módulos, instrumentos y huellas de las expediciones.

El regreso de Artemis II no significa todavía una nueva caminata humana sobre la Luna, pero sí confirma que el satélite vuelve a ser la gran estación de paso de la exploración espacial. Más de cincuenta años después del último alunizaje, la Luna ha dejado de ser solo memoria, mito o conspiración: vuelve a ser presente y proyecto.

Fuentes principales consultadas: NASA, ESA y la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy.