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La primera universidad de Sevilla estuvo en la plaza del Cabildo

La Plaza del Cabildo y el Pasaje de los Seises guardan, frente a la Catedral, un secreto académico: allí estuvo el Estudio de San Miguel, la institución docente más antigua de Sevilla —si se excluye el fallido Estudio General de latín y arábigo de Alfonso X— y un motor silencioso de la cultura urbana en los siglos XV y XVI.

En ese recinto hoy evocado por una portada ojival y un patio interior, se enseñó gramática a generaciones de sevillanos mientras la ciudad se convertía en “centro orgánico de la vida mundial” por la Carrera de Indias.

La Plaza del Cabildo y el Pasaje de los Seises se asientan sobre el antiguo solar del Estudio (o Colegio) de San Miguel, cuya puerta principal miraba a la actual Avenida de la Constitución (entonces calle del Rey o de las Gradas), justo frente a la Catedral. Aún se conserva allí la portada ojival rebajada que daba acceso al recinto académico; es el vestigio más visible de aquel conjunto y explica la continuidad histórica entre la plaza actual y la vieja escuela capitular.

Urbanísticamente, el Estudio ocupaba un rectángulo cuyo frente oriental iba “desde el actual Callejón de los Seises hasta la esquina con Almirantazgo”, abriéndose allí las “puertas grandes” del colegio; por el sur daba a la calle de la Victoria (hoy Almirantazgo); por el oeste llegaba hasta el Postigo del Aceite; y por el norte lindaba con el muro almenado de la antigua alcazaba interior —tramo que aún se ve como pared histórica que separa el Patio/Plaza del Cabildo del ámbito posterior—. Ese muro y la llamada torre de San Miguel unían el Estudio con la Catedral mediante un gran arco hoy desaparecido.

Una Sevilla universitaria… antes de sus universidades

En la primera mitad del Quinientos, Sevilla bullía: comercio, artes, letras, teología. Antes de que cuajaran los proyectos universitarios de Maese Rodrigo (Santa María de Jesús) y de fray Diego de Deza (Colegio de Santo Tomás), el Cabildo catedralicio sostenía el Estudio de San Miguel, heredero de las escuelas medievales capitulares y dedicado sobre todo a la gramática, base de cualquier formación superior de la época. Por sus aulas pasaron maestros y bachilleres que “leían” a los estudiantes —así se decía entonces impartir clase— y nutrían de escribanos, clérigos y oficiales a una ciudad en expansión. 

Dónde estaba y cómo era

El Estudio ocupaba un gran rectángulo entre la actual Avenida de la Constitución (antigua “calle del Rey” o de las Gradas), el Postigo del Aceite y la calle Almirantazgo. Tenía varias puertas —la principal frente a la Catedral—, cámaras altas usadas como aulas, casas arrendadas y dependencias de servicio. Junto al conjunto se alzaba la llamada “torre de San Miguel”, resto de la alcazaba almohade, unida a la Catedral por un arco desaparecido en el siglo XVIII. Aún hoy pervive la portada rebajada que daba acceso al recinto. 

Iglesia y cementerio dentro del Estudio

San Miguel no era solo escuela: incluía una iglesia consagrada —donde se celebraban misas— y un cementerio documentado desde el siglo XIII. Esa condición sagrada otorgaba inmunidad: quien se refugiaba allí no podía ser apresado por la justicia civil sin permiso eclesiástico. La documentación recoge entierros en el “corral bajo” del Estudio y ofrendas de sepulturas, prueba de su uso funerario continuado. 

Un conflicto que revela su importancia (1527)

En abril de 1527, el Asistente de Sevilla y sus tenientes forzaron la entrada para capturar a un “retraído” —así se llamaba a quien se acogía a asilo eclesiástico—. El episodio derivó en causa judicial ante el Provisor, con declaraciones de catedráticos, bachilleres y vecinos que confirmaron la condición de “lugar sagrado” del Estudio y describieron su vida académica cotidiana: maestros “leyendo en sus cámaras”, estudiantes “oyendo lección” y un edificio vivo, en pleno centro urbano. El pleito, más allá del suceso, deja una radiografía precisa del espacio y del funcionamiento del Estudio. 

De las escuelas capitulares a la Sevilla humanista

El Estudio de San Miguel enlaza la tradición escolar catedralicia con el auge renacentista sevillano. Mientras la Universidad de Santa María de Jesús (1518) y el Colegio de Santo Tomás (1515) institucionalizaban los grados en Teología, Derecho o Medicina, San Miguel siguió formando en gramática —la base de todo— y alojando una comunidad estudiantil en pleno corazón de la ciudad. Su continuidad explica parte del “sustrato educativo” que permitió a Sevilla absorber ideas humanistas y sostener una administración y una Iglesia a la altura de su papel atlántico.