La Hermandad de Nuestra Señora y Madre de la Soledad protagonizó este Sábado Santo una de las jornadas más multitudinarias y solemnes de la Semana Santa de Marchena, con un cortejo de más de 900 personas, un itinerario modificado en su recorrido de ida y el acompañamiento musical de formaciones de primer nivel en sus tres pasos. La corporación volvió a congregar a numerosos vecinos y visitantes en el centro de la localidad, especialmente en enclaves como los Cuatro Cantillos, San Sebastián, Orgaz y Obispo Salvador Barrera.
La salida volvió a confirmar el poder de convocatoria de una cofradía que, aun partiendo desde el recinto de Santa María, lejos del tránsito ordinario del centro, moviliza cada Sábado Santo a centenares de marcheneros y visitantes. Durante la mañana ya se había constatado el ambiente extraordinario en el entorno del templo, con una gran presencia de fieles y curiosos que acudieron a contemplar los preparativos, los cambios de guardia y el patrimonio dispuesto para la jornada.
La cruz de guía comenzó a andar por la puerta que da al antiguo Palacio Ducal, abriendo paso a los primeros tramos de pequeños nazarenos que acompañan al Triunfo de la Santa Cruz, uno de los signos más característicos de esta corporación. La hermandad volvió a exhibir así uno de sus rasgos más reconocibles: la importancia del tramo infantil, convertido no solo en promesa de futuro, sino en presente vivo de la cofradía. Según se señaló durante la retransmisión, solo las pequeñas cruces que portan los niños rondaban las doscientas.
Uno de los estrenos de este año fue el nuevo estandarte del Triunfo de la Santa Cruz, pieza que precede al primero de los pasos. La insignia recupera un modelo de origen francés del siglo XIX y presenta un bordado en seda color marfil sobre terciopelo negro. En su centro figura la Santa Cruz con el Santo Sudario, rodeada por motivos florales y enriquecida con antiguos elementos de plata, todo ello montado sobre vara octogonal lacada en negro. El estreno se inserta en la línea de recuperación patrimonial que mantiene la hermandad en los últimos años.
El primero de los pasos en salir fue, precisamente, el del Triunfo de la Santa Cruz, conocido popularmente como la Escalerilla, que volvió a dejar la imagen de un paso escuela avanzando entre la emoción de familias y devotos. Tras él se fue desplegando el extenso cortejo, en el que también figuraban las tradicionales representaciones evangélicas de la Fe, la Verónica y las Tres Marías, uno de esos elementos que la hermandad ha conservado como parte esencial de su identidad.
Poco después se produjo la salida del Santo Entierro, otro de los momentos de mayor fuerza visual del Sábado Santo marchenero. El paso, obra de Guzmán Bejarano, volvió a mostrarse como uno de los conjuntos más impresionantes del patrimonio procesional de la localidad. Bajo la urna del Cristo Yacente pudo apreciarse además una de las novedades patrimoniales de este año, la llamada Cama del Señor, una pieza realizada por las bordadoras de Santa María con diseño de José Librero Fernández. La obra, concebida como último lecho del cuerpo de Cristo tras la crucifixión, toma elementos del estandarte de plata de la Virgen y refuerza el discurso simbólico del conjunto.
La estación de penitencia arrancó con una importante variación en el itinerario inicial. La hermandad evitó en esta ocasión el paso por las calles Coullaut Valera y San Juan, accediendo al centro por Padre Marchena y San Francisco hasta llegar a los Cuatro Cantillos. A partir de ese punto, la cofradía retomó su recorrido habitual por San Sebastián, Obispo Salvador Barrera, Santa Clara, San Pedro, Las Torres, Carrera, San Francisco, Padre Marchena, Sastres, Plazuela de la Cárcel y subida por el Tiro hasta Santa María.
La cofradía volvió a poner de relieve la singularidad de su cortejo, uno de los más extensos y completos de la Semana Santa marchenera. La Hermandad de la Soledad procesiona con tres pasos: el alegórico del Triunfo de la Santa Cruz, conocido popularmente como la Escalerilla; el del Santo Entierro de Cristo; y el palio de Nuestra Señora y Madre de la Soledad Coronada. Ese despliegue, unido a la amplitud del cortejo, provocó en algunos puntos la imagen tan característica de esta jornada, con la cruz de guía y el tramo final de la cofradía aproximándose en el mismo entorno urbano.
Uno de los estrenos de la jornada estuvo en el paso del Triunfo de la Santa Cruz. Durante la mañana fue bendecido un nuevo estandarte donado por el grupo joven de la hermandad, concebido para preceder este paso y enriquecer el patrimonio simbólico de la corporación. El conjunto volvió a presentarse además como uno de los grandes espacios de formación cofrade de la localidad, al estar portado por costaleros jóvenes en lo que se considera tradicionalmente un paso escuela.
El acompañamiento musical reforzó el relieve de la procesión. El Triunfo de la Santa Cruz marchó con la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de la Merced, de El Viso del Alcor, formación que mantiene una estrecha vinculación con este paso y que incluso le ha dedicado una marcha propia. El Santo Entierro volvió a avanzar con la banda del Nazareno de Arahal, mientras que el paso de palio de la Soledad Coronada llevó tras de sí a la banda de música de la Cruz Roja de Sevilla, que puso sones a algunos de los momentos más intensos de la noche.
El paso del Santo Entierro volvió a dejar algunas de las imágenes más impactantes del Sábado Santo marchenero. La urna del Cristo Yacente, sobre el gran paso diseñado por Guzmán Bejarano y estrenado en 2001, avanzó entre muestras de respeto y recogimiento. Este año, además, lució una nueva cama o bastidor realizada por el grupo de costureras de la hermandad, en terciopelo negro y bordados dorados. Según se anunció durante la jornada, la imagen del Señor Yacente, atribuida a Jerónimo Hernández, será restaurada próximamente gracias a una subvención de la Junta de Andalucía destinada a conservación patrimonial.
Especial carga devocional tuvo igualmente el paso de Nuestra Señora y Madre de la Soledad Coronada, que volvió a concitar una gran expectación en cada revirá y en cada presentación ante otras corporaciones. La Virgen procesionó bajo uno de sus dos techos de palio, el conocido como Palio de las Estrellas, y volvió a dejar escenas de especial emoción al detenerse ante personas mayores, enfermos y vecinos con movilidad reducida. La candelería, prácticamente encendida al completo durante buena parte del recorrido, realzó aún más la estampa del palio en calles como Orgaz y Obispo Salvador Barrera.
La jornada también sirvió para subrayar algunos rasgos históricos y patrimoniales de la hermandad. El Triunfo de la Santa Cruz, hoy integrado en la Soledad, fue en otro tiempo una corporación independiente. En cuanto al paso de palio, volvió a llamar la atención uno de sus detalles más característicos: la media luna descolgada en la trasera, un rasgo muy reconocible en la memoria visual de la cofradía.
En el plano interno, la estación de penitencia se vivió además en un contexto significativo para la vida de la hermandad. La actual junta de gobierno encara el final de su mandato tras una etapa marcada por la coronación de Nuestra Señora y Madre de la Soledad, uno de los hitos recientes más relevantes para la corporación.
La procesión se desarrolló en una tarde y noche de temperatura agradable, con gran presencia de público y sin incidencias reseñables. El Sábado Santo volvió así a confirmar el peso específico de la Soledad en la Semana Santa de Marchena, no solo por la dimensión de su cortejo y su patrimonio, sino por su capacidad para convertir el centro del pueblo en un escenario de devoción, memoria y solemnidad popular.


