Marchena vuelve a mirar a María en clave de espera. La Hermandad de la Santa Vera-Cruz celebra del 16 al 18 de diciembre el solemne triduo en honor a Nuestra Señora de la Esperanza Coronada, en su sede (calle San Francisco), con un altar concebido como “catequesis plástica y visual” sobre el misterio de María como Madre de la Esperanza, en pleno Adviento.
La imagen de la Esperanza Coronada preside el centro del montaje portando en el vientre un broche en forma de sol con el Niño Jesús en su interior, símbolo que subraya la “dulce espera” del Nacimiento: María como aurora, y Cristo como Luz que viene al mundo. El conjunto se remata con un dosel de terciopelo verde y, al fondo, un cuadro de la Asunción incorporado de manera destacada para recordar el 75 aniversario del dogma proclamado por Pío XII el 1 de noviembre de 1950.
Bajo el dosel aparece el trono como signo de la realeza de María: sobre él, una pequeña corona y un sonajero descansan sobre una mantilla blanca, guiños domésticos y teológicos a la cercanía del nacimiento de Jesús. A ambos lados se disponen dos mesas credenciales presididas por espejos cornucopia: en una, la Inmaculada Concepción queda sugerida mediante una vela decorada con su imagen, una espada como emblema de defensa del dogma y la leyenda “Sine Labe”; en la otra, la virginidad perpetua se evoca con un cofre cerrado acompañado de la inscripción “Virgo Mariae”.
El exorno floral completa el discurso visual con cuatro jarras de anthurium, lisianthus, claveles en tonos rosa y champán, astromelias, hipéricum, limonium morado y un armazón vegetal de pino, helecho de cuero, minoclaudos y grevilleas.
La festividad del 18 de diciembre que enmarca estos cultos —conocida también como la Expectación del Parto o la Virgen de la O— es una celebración antigua del calendario hispano que coloca en primer plano el sentido del Adviento: esperar al Señor que ha de venir, contemplando a María en los últimos días de la “buena esperanza”. La tradición la sitúa litúrgicamente en el 18 de diciembre, vinculada al Concilio X de Toledo (656) y al carácter de “octava antes de Navidad”.

