La imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada en el convento de San Agustín de Marchena, ha sido restaurada tras una intervención completa destinada a frenar su deterioro y devolverle estabilidad material y lectura estética, en un proyecto subvencionado al 80% por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la Dirección General de Patrimonio Histórico y Documental.
La intervención ha sido realizada por la restauradora Paloma Maza Lara, en coordinación con la comunidad religiosa del convento.
Según la memoria divulgada del trabajo, la talla mariana fue imagen titular de una antigua ermita fundada por Luis Pérez al final de la calle Santa Clara. La escultura se atribuye a Hernández Díaz al escultor Roque Balduque y se fecha hacia 1558, año relacionado con la construcción de aquella ermita. Con el traslado de la comunidad agustina en 1616 al actual emplazamiento del convento, la imagen fue trasladada también al templo, donde ha mantenido su papel como pieza de culto y patrimonio artístico local.

La restauración se ha llevado a cabo tras constatar un estado de conservación preocupante, con daños acumulados tanto en el soporte como en la policromía. Entre las principales alteraciones detectadas figuraban grietas, aperturas en juntas de unión, mutilaciones y lagunas de material, además de la presencia de elementos metálicos sin funcionalidad que perjudicaban el original. En el plano estético, el informe señala suciedad generalizada, levantamientos, lagunas, repintes y una fuerte oxidación de los barnices, que habían oscurecido notablemente el conjunto.
La metodología aplicada incluyó una fase previa de estudios y análisis exhaustivos y, una vez definidas las conclusiones, se ejecutó un proceso técnico con actuaciones como la eliminación de polvo y suciedad superficial, desinfección preventiva, fijación de la policromía, limpieza química del dorado y de las capas pictóricas, así como la eliminación de repintes burdos. Además, se trabajó en la consolidación del soporte, la reconstrucción volumétrica, el estucado y desestucado, la reintegración cromática y la aplicación de una capa de protección final, acompañada de documentación fotográfica y la elaboración de la memoria final.
El resultado final muestra una recuperación evidente en la expresividad del rostro, la definición del modelado y la riqueza de los tonos dorados, devolviendo a la imagen su condición de pieza destacada dentro del patrimonio religioso y artístico de Marchena, y reforzando su valor dentro del itinerario cultural de la localidad.
