La calle Obispo Salvador Barrera vuelve a convertirse este Corpus Christi en uno de los rincones más destacados del recorrido procesional gracias al altar levantado por la Hermandad del Dulce Nombre, presidido este año por una imagen muy querida por los marcheneros: la Virgen del Carmen de la iglesia de San Sebastián.
La presencia de esta talla añade un especial valor histórico y artístico al montaje. No se trata de una imagen cualquiera. Según la investigación publicada por Marchena Secreta, la Virgen del Carmen está firmada por el escultor Manuel Gutiérrez Cano, uno de los imagineros más interesantes del siglo XIX sevillano y autor también de la Virgen de las Lágrimas de la Hermandad de Jesús Nazareno. La imagen fue realizada hacia 1860, conservando en su pecho la firma de su autor, circunstancia poco habitual en la imaginería religiosa de la época.
La historia de esta Virgen está estrechamente ligada a una de las grandes familias de la Marchena decimonónica. La hermandad carmelita fue fundada por Juan Ternero Olmo, destacado propietario agrícola y miembro de una saga que ejerció una enorme influencia en la vida económica y social de la localidad. Desde 1866, Juan Ternero descansa en una cripta situada ante el altar de la propia Virgen del Carmen, junto a otros miembros de su familia.

La devoción carmelita marchenera también quedó vinculada a una curiosa página de la historia local relacionada con la navegación y la Armada española. Bajo el altar de la Virgen reposan igualmente miembros de la familia Pérez de Vargas-Ternero, entre ellos Luis Pérez de Vargas Díez de la Cortina, marino de guerra que participó en campañas y viajes por Filipinas, China y Cuba. Esta circunstancia convirtió a la imagen en un símbolo especialmente querido por los llamados «marinos de Marchena», un aspecto poco conocido de la historia local.
Otro de los detalles singulares que recoge la investigación de Marchena Secreta es que la Virgen conserva entre sus enseres la mantilla perteneciente a Cayetana Pérez de Vargas Ternero, fallecida en 1937, una pieza que forma parte de la memoria familiar vinculada a la devoción carmelita.
La elección de esta imagen para presidir el altar del Corpus en la calle Obispo Salvador Barrera supone así un homenaje no sólo a una advocación profundamente arraigada en Andalucía, sino también a una parte importante de la historia de Marchena.
En este enclave trabajan en la elaboración de sus alfombras las hermandades de la Humildad, el Dulce Nombre, Jesús, la Hermandad del Rocío de Marchena, la Borriquita y la Hermandad de San Isidro.

