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La virgen que tiene 377 gemas en su traje de plata

Un estudio interdisciplinar liderado por la Universidad Pablo de Olavide y realizado con participación del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ha arrojado nueva luz sobre el vestido de plata de la Virgen del Rosario de Granada, una pieza excepcional para entender tanto la moda femenina cortesana de los siglos XVI y XVII como la historia material de las gemas que la adornan. La investigación ha sido publicada en la revista científica npj Heritage Science y se ha desarrollado en colaboración con la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario de Granada.

El trabajo ha combinado historia del arte, gemología y análisis químico no invasivo para estudiar las 377 gemas conservadas en la indumentaria. A partir de la comparación con retratos de reinas e infantas de la colección del Museo Nacional del Prado, las investigadoras concluyen que el vestido sigue los modelos de la moda femenina de la corte española de la Edad Moderna, con esa silueta rígida y troncocónica característica de los siglos XVI y XVII.

Uno de los hallazgos más relevantes es que las piedras no pertenecen a una única etapa. El análisis de sus cortes, su disposición y su composición química apunta a, al menos, tres grandes momentos de intervención en la obra: una fase ligada probablemente a la manufactura original, otras reformas posteriores y una incorporación más reciente de determinados materiales, entre ellos algunos vidrios rojos que podrían situarse ya en época contemporánea.

Desde el punto de vista material, el estudio ha identificado tanto gemas naturales como amatistas, citrinos, cuarzos, berilo incoloro o goshenita y un rubí, como imitaciones en vidrio y composiciones dobles o triples usadas para simular piedras de mayor valor. La investigación subraya además que, en el conjunto actual del vestido, predominan los vidrios y materiales compuestos sobre las gemas naturales, lo que refuerza la idea de una historia compleja de restauraciones, añadidos y transformaciones acumuladas con el paso del tiempo.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo empleó técnicas portátiles no destructivas como la espectroscopía Raman, la espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier y la fluorescencia de rayos X, un enfoque que permite conocer con precisión la composición de los materiales sin alterar la pieza. Ese carácter no invasivo resulta especialmente valioso en patrimonio histórico, donde cada análisis debe conjugar conocimiento y conservación.

Más allá del caso concreto de la Virgen del Rosario, el estudio confirma el valor de los enfoques interdisciplinares para reconstruir la biografía material de las obras de arte. La combinación de fuentes iconográficas, examen gemológico y técnicas científicas abre nuevas vías para entender cómo fueron creadas estas piezas, cómo cambiaron con el tiempo y cómo deben preservarse en el futuro.

La referencia científica es el artículo Interdisciplinary study of 16th-century Spanish court woman fashion, gemstones, and Virgen del Rosario dress, publicado en npj Heritage Science, volumen 13, artículo 624, en 2025.

Existe una tradición devocional muy arraigada en Granada: la propia Archicofradía sostiene que Álvaro de Bazán llevó a la Virgen del Rosario a Lepanto en 1571 y que desde entonces quedó asociada a aquella victoria. Pero la mejor base académica que he encontrado, el estudio de Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, introduce una corrección importante: afirma que esa presencia en Lepanto es una lectura posterior, que la creencia se fue fraguando después, y llega a decir que la imagen “probablemente nunca estuvo” allí. Además, subraya que las dimensiones de la imagen actual, de 162 cm, la hacen poco verosímil como imagen embarcada, sobre todo comparada con otras imágenes navales mucho más pequeñas.

Y aquí está la clave que desmonta tu hipótesis del metal: el vestido de plata está documentado en 1628, es decir, 57 años después de Lepanto. La Archicofradía indica que fue entonces cuando unas terciarias dominicas regalaron a la imagen ese traje de plata y pedrería, siguiendo la moda de la corte española. El estudio científico reciente de la UPO y el IAPH coincide en esa lectura: el vestido responde a la moda femenina cortesana de los siglos XVI y XVII, no a una solución técnica para navegar o resistir ambientes marinos.

De hecho, la propia Archicofradía explica que antes de esa transformación la Virgen era una talla menor, “de bulto redondo, con ropajes tallados y estofados”, y que en 1628 hubo que adaptar la imagen al nuevo vestido metálico. O sea: si aceptáramos la tradición de Lepanto, lo que habría ido a la batalla sería, en todo caso, una forma anterior de la imagen, no la Virgen tal como hoy la vemos revestida de plata.

El camarín de espejos la Virgen del Rosario de Granada es una obra colectiva del barroco granadino cuya traza exacta sigue sin estar documentada con certeza. Sí consta que en su larga ejecución intervinieron los arquitectos Melchor de Aguirre y José de Bada y Navajas, mientras que en su decoración participaron otros artífices del siglo XVIII, entre ellos el pintor Domingo Chavarito; además, la propia bibliografía reciente subraya que el tracista sigue siendo desconocido. Revestido y ornamentado con espejos, bolas de cristal, talla dorada, mármoles y pinturas murales es una superficie fragmentada de espejos y cristal pensada para producir un fuerte efecto visual.