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Los “papeles de Marchena” que se conservan en Toledo: el Archivo de la Nobleza se dió a conocer en Marchena

La novena Jornada sobre el Patrimonio de Marchena, organizada por la asociación Acupamar, cerró su programa con una sesión tan densa como emocionante: la visita de la directora del Archivo Histórico de la Nobleza, Aránzazu La Fuente Urién, y del técnico de archivo Ismael Mora Oliva, que desgranaron ante el público por qué buena parte de la historia de Marchena se conserva hoy en Toledo y qué tesoros documentales guarda el archivo sobre la villa y la Casa de Arcos.

La cita tuvo lugar en el antiguo Hospital de la Misericordia, sede habitual del ciclo, ante un salón lleno en el que no faltaron historiadores locales, miembros de Acupamar y vecinos interesados en conocer mejor el pasado señorial de Marchena.

“No pienso jubilarme: los papeles me encantan”

El presidente de Acupamar, Pepe Díaz, abrió el acto presentando a los ponentes como “dos de las personas que más saben de papeles de la Casa de Arcos”. Recordó que el Archivo Histórico de la Nobleza nació como sección del Archivo Histórico Nacional y hoy es uno de los diez archivos estatales dependientes del Ministerio de Cultura, especializado en documentación de familias nobles.

La Fuente, al frente de la institución desde su creación, se definió como “historiadora y archivera por vocación” y confesó entre risas que, aunque por edad le iría tocando pensar en la jubilación, “no pienso jubilarme, porque los papeles me encantan”. Animó incluso a los presentes a donar documentación: “quien tenga papeles y no sepa qué hacer con ellos, que nos los envíe; nosotros vivimos de recoger papeles”.

Con un lenguaje muy cercano, explicó qué hace tan singular a este archivo: más de cinco kilómetros lineales de documentación nobiliaria, organizada, descrita y digitalizada en buena parte. No se trata de papeles producidos por ayuntamientos o ministerios, sino por las grandes familias que durante siglos acumularon poder, cargos y territorios: “conservar sus archivos es conservar la historia de España y, en nuestro caso, la historia de Marchena”.

¿Por qué la historia de Marchena está en Toledo?

Una de las preguntas que más escucha la directora es precisamente esa: “¿Por qué la historia de Marchena no está en Marchena, sino en Toledo?”. La respuesta exige un viaje por siglos de herencias, matrimonios y pleitos.

La Fuente recordó que los Ponce de León, inicialmente llamados Ponce de Cabrera, se asientan en Marchena a partir del siglo XIV tras las campañas de Fernando III y Alfonso X. El documento más antiguo conservado en el archivo sobre la villa es una confirmación de merced de Alfonso X, hoy en mal estado pero accesible en versión traslada. A partir de ahí, el linaje va acumulando señoríos —Marchena, Rota, Los Palacios, Zahara…— hasta convertirse, con Rodrigo Ponce de León, en una de las casas más poderosas de la Corona de Castilla.

Ese poder se refleja en los papeles: ordenanzas, cuentas, pleitos, visitas de control, privilegios y nombramientos que documentan cómo los Ponce de León ejercían la jurisdicción señorial —gobierno, justicia y recaudación de impuestos— sobre Marchena y su entorno. La directora recordó un dato llamativo: la casa llegó a tener hasta 23 patronatos en la villa, desde el Hospital de la Misericordia al colegio de los jesuitas, pasando por conventos como San Agustín o la Merced.

Pero el archivo, como la propia casa, también sufrió avatares. Hubo un primer archivo en Carmona que ardió durante las guerras del siglo XIV, lo que obligó a los Ponce de León a pedir copias a la Cancillería Real. Más tarde, cuando desaparece la línea directa de los Ponce de León en el siglo XVIII, el duque de Arcos muere sin descendencia y comienza un pleito gigantesco entre distintas casas nobiliarias. Lo gana Josefa Pimentel, condesa-duquesa de Benavente, que reúne en sus manos los patrimonios de Arcos, Osuna, Béjar, Gandía y otros muchos títulos.

Esa duquesa ordena trasladar todos los papeles a un palacio madrileño, encarga a un monje benedictino que inventarie los archivos y deja como legado una serie de volúmenes que hoy son la guía imprescindible para entender qué llegó a reunir la Casa de Arcos antes de las pérdidas posteriores.

Cabras, leones y “papeles sin importancia”

Entre las anécdotas que más llamaron la atención del público estuvo la del escudo primitivo de los Ponce de León. Antes de adoptar el león en su heráldica, explicó La Fuente, eran los Ponce de Cabrera y su emblema era precisamente una cabra. En el archivo se conserva un documento iluminado con ese animal, testimonio de un pasado que la familia dejó atrás cuando se emparentó con la casa real leonesa y, más tarde, con linajes aragoneses que añadieron las barras de Aragón al escudo.

También relató la emoción del equipo cuando, revisando un fondo granadino, encontraron una carpeta rotulada como “papeles sin importancia para la familia”. Dentro apareció documentación de los Padilla, protagonistas de la revuelta de las Comunidades de Castilla, cuyo archivo se creía destruido. “Son hallazgos que te cambian el día —reconoció—. Lo que para una familia era irrelevante hoy es clave para reconstruir la historia”.

Otro ejemplo curioso son los pergaminos reutilizados como encuadernaciones. A veces, al restaurar un libro, los técnicos descubren que las tapas están hechas con documentos medievales que en su momento se consideraron obsoletos: “te encuentras desde partidas firmadas por Alfonso X a privilegios altomedievales usados como simple cartón”.

El lujo, el jabón de Marchena y el duque que arruinó la casa

La exposición se detuvo también en la vida cotidiana y económica de la Casa de Arcos. Los inventarios de bienes revelan un gusto refinado por la música y el arte: una capilla musical propia, partituras de compositores como Antonio de Cabezón, cuadros de Tiziano y otros pintores europeos, grandes colecciones de tapices y objetos de lujo.

Al mismo tiempo, los duques explotaban rentas como los hornos, carnicerías y, muy especialmente, el jabón de Marchena, producto que aparece citado una y otra vez en la documentación por su calidad y por el volumen de negocio que generaba. “A mí me ha impresionado la cantidad de papeles sobre el jabón de Marchena —admitió La Fuente—; debió de ser un jabón extraordinario”.

Ese brillo, sin embargo, tenía un coste. La directora recordó cómo los administradores de Marchena escribían cartas desesperadas a Madrid pidiendo contención en el gasto. El momento más crítico llega en el siglo XIX con el XII duque de Osuna, Manuel Téllez Girón, personaje novelesco al que los cronistas describen como un dandi despilfarrador. Entre las anécdotas que circularon en la sala, La Fuente citó algunas de las que recoge la historiografía: caballos a los que se daba champán, vajillas arrojadas al río tras los banquetes, viajes en tren para recuperar una simple corbata olvidada en París mientras el duque estaba en Rusia.

La consecuencia fue devastadora: la casa entró en quiebra, arrastró al Banco de Castilla y sus bienes —palacios, tierras, obras de arte, bibliotecas y archivo— cayeron en manos de una comisión de acreedores que se dedicó a tasarlos y venderlos. Muchas obras acabaron en el Museo del Prado o en colecciones privadas; de los 12.000 legajos que llegó a tener el archivo, solo unos 9.000 se conservaron cuando el Estado lo adquirió finalmente en 1927 gracias a un donante anónimo.

Cómo buscar “Marchena” desde casa

En la segunda parte de la sesión, Ismael Mora tomó la palabra para convertir la charla en una especie de taller práctico de investigación. Con la ayuda de proyecciones, mostró cómo cualquier persona puede entrar en el Portal de Archivos Españoles (PARES), escribir “Marchena (Sevilla)” en el buscador, filtrar por “Archivo Histórico de la Nobleza” y acceder a centenares de documentos digitalizados.

Mora enseñó algunos ejemplos especialmente significativos:
– La confirmación de la merced de Marchena por Alfonso X.
– La toma de posesión de Paradas, que en 1389 figuraba todavía “en el territorio de la dicha villa de Marchena”.
– Una relación de tropas de Marchena enviadas a la guerra de Granada, con nombres y apellidos de vecinos que marcharon a Ardales.
– Pleitos entre el concejo y el duque por cuestiones fiscales o jurisdiccionales.
– Breves papales que concedían indulgencias a quienes acudieran a la parroquia de Santa María de la Mota o regulaban la gestión del Hospital de la Misericordia.
– La Constitución del Colegio de Niñas Educandas, que aprovechó el antiguo edificio de los jesuitas tras su expulsión y donde se educaba a niñas de familias nobles, las llamadas “niñas borgias”.
– Un curioso inventario de los libros trasladados desde Madrid a la “librería alta” del Palacio Ducal de Marchena.

El técnico recordó que el archivo es “histórico, pero vivo”: siguen ingresando fondos de otras casas emparentadas con los Ponce de León, como la de Santa Cruz, donde se conserva un monumental árbol genealógico que enlaza a los Ponce marcheneros con reyes de Castilla, o cartas del duque de Arcos escritas desde Marchena felicitando al marqués de Santa Cruz por sus victorias en las Azores.

Un regalo y un mensaje: la cultura necesita impulso

La sesión concluyó con un prolongado aplauso y la entrega de un detalle institucional por parte de Acupamar a Aránzazu La Fuente e Ismael Mora. La directora no ocultó su emoción al abrir el obsequio en el estrado y agradeció la acogida recibida en Marchena.

Antes de despedirse, Mora aprovechó para lanzar un mensaje: “Los archivos y la cultura necesitan un gran impulso. Lo que guardamos no es solo papel viejo, es la memoria de todos. Que una asociación local como Acupamar apueste por esto dice mucho de Marchena”.