En la noche del pasado viernes, la Casa Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Marchena se convirtió en el epicentro de la presentación del nuevo libro de Álvaro Romero Bernal: El pan de Emaús.
Acompañando al autor, el editor del libro, Eduardo Pastor Barrera, asumió el papel de presentador con sinceridad y emoción. “Pido disculpas de corazón”, confesó ante la ausencia inesperada del prologuista anunciado, Antonio García Barbeito, por causas familiares y se refirió a “Una obra justa, rotunda, escrita desde la pureza del corazón, sin artificios”.
El pan de Emaús, publicado por la joven editorial La Baja Andalucía, se presenta como un «quinto evangelio», en palabras del propio Barbeito. Una suerte de catequesis literaria que recoge el testimonio de personajes considerados secundarios en los Evangelios, y que aquí, por primera vez, toman la palabra en primera persona: desde la suegra de Pedro hasta Nicodemo, pasando por la madre de Juan el Bautista, Dimas o el centurión romano.
Romero Bernal, profesor de literatura, periodista y escritor natural de Los Palacios, desgranó con emoción el origen de esta obra nacida “en mitad de su cuarta novela” y fruto de una experiencia de fe que hunde sus raíces en la infancia, en la parroquia de Santa María la Blanca. “Jesús de Nazaret me hechizó por su palabra”, afirmó con convicción, para luego desplegar una reflexión profunda sobre la conexión entre la literatura, la fe y el humanismo: “Sin la Iglesia no se puede entender la historia del arte ni de la palabra en Occidente”.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la lectura del testimonio ficcionado de Isabel, madre de Juan el Bautista, narrado con una voz desgarradora y materna. Con una prosa viva, repleta de ternura y realidad, la voz de Isabel nos arrastra desde la sorpresa del embarazo hasta el dolor silenciado de la muerte de su hijo. Un lamento envuelto en pan, leche escasa y una mecedora desde la que observa, desde lejos, a su hijo en el Jordán.
La velada cerró con otra lectura breve y certera: el testimonio de la suegra de Pedro, quien, tocada por Jesús, se levanta de la cama para servir la mesa. Una escena doméstica que se convierte en signo de fe y revelación.
Don Daniel Mariño, al tomar la palabra final, valoró la obra como una herramienta de catequesis, pero también como un acto de encarnación: “Álvaro le quita los faroles y los claveles a la imagen, y deja solo la cara. La cara humana. Y eso es lo que nos hace mirar a Jesús cara a cara”. El sacerdote comparó el libro con los textos místicos de María de Jesús de Ágreda o Ana Catalina Emmerich, subrayando su valor como literatura que acerca, enternece y despierta la fe.
La presentación culminó con la firma de ejemplares por parte del autor, cuya venta destina parte de sus beneficios a la Bolsa de Caridad de la Hermandad, reafirmando que allí donde hay caridad, allí está también el Señor.