La Verbena de Madre de Dios volvió a dejar en Marchena una de esas estampas que no se miden solo por el cartel de actuaciones. Durante varios días, del 14 al 17 de mayo, el barrio recuperó su condición de punto de encuentro primaveral, con música, convivencia vecinal, ambiente familiar y esa mezcla tan marchenera de silla en la puerta, barra cercana, escenario encendido y conversación larga bajo la noche.
La fiesta arrancó el jueves con el tradicional “Pescaito de Verbena” en el Bar Leño, con Miguel Talaverón y Ana Vílchez, abriendo un fin de semana que se presentaba como uno de los más animados de la primavera local. La programación se repartió entre el recinto principal de la Verbena de Madre de Dios, el Bar Leño y la Verbena del Cepo, convertida ya en otro de los focos musicales del barrio.
El viernes fue la primera gran noche. La Banda Sagrado Corazón abrió el ambiente con un pasacalles por las calles del barrio, antes de que el escenario recibiera a Arte y Compás, Isaac Cruz y Pepe Begines en solitario. La verbena tomó entonces ese tono de fiesta popular en el que la música no solo se escucha: acompaña, llama, reúne y convierte una calle conocida en un pequeño teatro abierto.
El sábado llegó uno de los momentos más esperados, con el encierro infantil por la tarde y una noche de fuerte contenido flamenco y popular. Pasaron por la programación la Asociación Cultural El Roete, Miguel Talaverón con “De la Vega a la Campiña” y La Húngara, una de las artistas más reconocibles del flamenco-pop actual, que figuraba como uno de los grandes nombres del cartel.
La Verbena del Cepo y el Bar Leño completaron el mapa festivo con sesiones DJ, conciertos y ambiente musical paralelo. DJ Kike Botano, DJ Growler X, Nacho Oropesa, Vericuetos Swing y nombres como DJ Baste, Bad Bitch, Malkerer, Los Niños del Sur, DJ Hilario y Lola Pop formaron parte de una programación que extendió la fiesta más allá del escenario principal.
El domingo, la verbena bajó el pulso sin perder vida. Fue el día más familiar, con espectáculo de magia a las siete de la tarde y la actuación humorística de Chely Capitán a las nueve de la noche. Después de las noches largas, el cierre tuvo sabor de despedida: ese momento en que las luces siguen encendidas, pero el barrio sabe que la fiesta ya empieza a guardarse hasta el año siguiente.
La pasada Verbena de Madre de Dios dejó, en definitiva, algo más que una sucesión de conciertos. Dejó la imagen de un barrio que volvió a reconocerse en su propia fiesta. Entre el olor de la comida, los niños corriendo, las voces de los artistas, la gente entrando y saliendo de los bares y las conversaciones de madrugada, Madre de Dios volvió a demostrar que una verbena no es solo un escenario: es una forma de ocupar la calle, de encontrarse con los vecinos y de recordarle a Marchena que mayo también se celebra en los barrios.


