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Marchena ante el regreso a los pueblos: vivienda barata, servicios suficientes y una conexión con Sevilla mejorable

Marchena reúne buena parte de las condiciones que buscan quienes desean abandonar las grandes ciudades, pero necesitaría ampliar el alquiler estable, mejorar el transporte público y generar empleo cualificado para convertir ese interés en nuevos vecinos

 Frente a unos alquileres cada vez más difíciles de asumir en Sevilla y su área metropolitana, municipios como Marchena aparece en el mapa de quienes buscan una casa asequible sin renunciar a los colegios, la sanidad, el comercio o la conexión con una gran ciudad.

La oportunidad existe. Una encuesta realizada por Fotocasa Research durante el primer semestre de 2026 señala que seis de cada diez personas planean trasladarse a una zona rural o desearían hacerlo. Sin embargo, el precio de la vivienda ya no basta: el 76% exige servicios esenciales cercanos; el 64%, buenas infraestructuras de transporte; el 62%, conexión a internet y fibra óptica; y la mitad considera imprescindible encontrar oportunidades de empleo acordes con su perfil. Fotocasa Research.

¿Está Marchena preparada para aprovechar este cambio? La respuesta corta es que parte con ventaja, pero todavía no dispone de una estrategia completa para atraer y retener a esa nueva población.

Marchena no es un pequeño pueblo aislado

Con 19.416 habitantes en 2025, Marchena no encaja exactamente en la imagen de la llamada España vaciada ni en la categoría de localidad de menos de 10.000 habitantes utilizada en muchos estudios. Su posible fortaleza está precisamente ahí: conserva la escala humana y el carácter de un pueblo, pero dispone de servicios propios de una pequeña ciudad.

Marchena se encuentra a 58 kilómetros de Sevilla y ocupa una posición estratégica en la Campiña, próxima a la A-92 y dentro del eje que comunica la capital andaluza con Málaga y Granada. Dispone además de estación ferroviaria, autobuses interurbanos con Sevilla, Madrid y Cádiz, centro de salud, centros educativos, comercios, instalaciones deportivas y una intensa vida asociativa y cultural.

No sería, por tanto, un destino pensado para quien busca aislamiento, sino para familias, teletrabajadores, profesionales y personas mayores que desean una vivienda más asequible dentro de una localidad con actividad cotidiana y servicios cercanos.

La vivienda, su principal oportunidad

El primer argumento a favor de Marchena está en el precio de compra. En julio de 2026, la vivienda anunciada en el municipio se situaba en una media de 839 euros por metro cuadrado. Una casa o piso de cien metros cuadrados tendría así un valor teórico aproximado de 83.900 euros, aunque el precio final depende del estado y la ubicación de cada inmueble.

El dato se encuentra muy alejado de los mercados urbanos más tensionados. Además, el precio marchenero seguía un 31,4% por debajo de su máximo histórico, registrado en febrero de 2012, según el informe inmobiliario de Idealista.

Marchena cuenta con 7.051 viviendas familiares principales, según la última cifra recogida por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. En 2025 se realizaron 276 operaciones de compraventa de viviendas usadas, frente a solo dos de obra nueva. El mercado se sostiene, por tanto, fundamentalmente sobre casas y pisos ya construidos.

Esa abundancia de vivienda usada puede convertirse en una oportunidad si se acompaña de programas de rehabilitación, eficiencia energética y adaptación de inmuebles antiguos. El casco histórico y los barrios consolidados contienen casas de gran tamaño que podrían recuperarse para familias, jóvenes o proyectos de vivienda compartida.

El problema está en el alquiler. Una cosa es que Marchena sea barata para comprar y otra que exista una oferta suficiente de viviendas en alquiler permanente. Los anuncios disponibles en los portales inmobiliarios son pocos y cambian rápidamente. Parte de las viviendas vacías no llega al mercado debido al temor de los propietarios, la necesidad de reformas, problemas hereditarios o la preferencia por mantenerlas cerradas.

Educación y sanidad: una base favorable

La cercanía a servicios esenciales es la primera exigencia de quienes se plantean abandonar una ciudad. En este aspecto, Marchena presenta una posición razonablemente sólida.

Los últimos datos municipales disponibles contabilizan once centros de Educación Infantil, cinco de Primaria, tres con Enseñanza Secundaria Obligatoria, dos con Bachillerato y cuatro con ciclos formativos, dos de Grado Medio y dos de Grado Superior. También aparecen tres centros de educación de personas adultas y una biblioteca pública. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía.

En sanidad, Marchena dispone del Centro de Salud Ricardo Martínez Sánchez, con servicio de urgencias y dependencia del Área de Gestión Sanitaria de Osuna.  La atención primaria se presta en el propio municipio, pero una consulta especializada, una intervención o determinadas pruebas obligan a desplazarse. Esta circunstancia afecta especialmente a las personas mayores, a quienes no tienen coche y a las familias que necesitan tratamientos frecuentes.

Atraer población requeriría garantizar no solo la existencia formal del centro de salud, sino plantillas suficientes, citas accesibles y mejores conexiones de transporte con el hospital de Osuna.

Tener estación no es lo mismo que estar bien comunicado

Marchena cuenta con un activo que muchos municipios de tamaño parecido perdieron hace décadas: una estación ferroviaria en funcionamiento. También tiene acceso próximo a la A-92 y servicios de autobús interurbano.

Sobre el mapa, las comunicaciones parecen favorables. En la vida cotidiana, sin embargo, la cuestión decisiva no es si existe tren o autobús, sino cuántos servicios funcionan al día, cuánto tarda el viaje, si sus horarios permiten entrar a trabajar o estudiar temprano y si existe una vuelta a Marchena después de la jornada laboral.

Para atraer a personas que trabajen en Sevilla, el transporte debe permitir una movilidad diaria fiable. No basta con ofrecer algunos trenes de Media Distancia o autobuses distribuidos a lo largo del día. Se necesitan frecuencias suficientes en las primeras horas de la mañana, a media tarde y por la noche, además de puntualidad, abonos asequibles y coordinación entre tren, autobús interurbano y transporte urbano.

La dependencia del coche sigue siendo elevada. Marchena tenía registrados 10.563 turismos en 2025, prácticamente uno por cada dos habitantes. Esa cifra refleja tanto el nivel de movilidad de la población como la dificultad para resolver determinados desplazamientos mediante transporte público.

Fibra óptica y teletrabajo: la oportunidad menos aprovechada

La conectividad digital ocupa el tercer lugar entre las prioridades recogidas por Fotocasa. Marchena dispone de servicios de fibra ofrecidos por diferentes operadores, pero para diseñar una política de atracción de nuevos residentes sería necesario conocer públicamente la cobertura real por calles, barrios y diseminados, así como detectar zonas con menor velocidad o dificultades de acceso.

La fibra puede borrar parte de la distancia con Sevilla, pero solo si se combina con espacios de trabajo y servicios profesionales. Un centro municipal de teletrabajo o coworking permitiría atraer autónomos, periodistas, diseñadores, docentes, consultores y trabajadores de empresas ubicadas fuera del municipio.

El empleo, el principal freno

El gran límite del municipio sigue siendo la estructura laboral. Marchena registró una tasa municipal de desempleo del 18,3% en 2025, con 1.375 personas desempleadas: 876 mujeres y 499 hombres. La diferencia muestra además una brecha laboral especialmente desfavorable para las mujeres.

Durante ese año se formalizaron 7.364 contratos, pero 5.672 fueron temporales y 1.692 indefinidos. La temporalidad continúa vinculada en buena medida al peso de la agricultura y las campañas estacionales.

Marchena posee 1.573 establecimientos con actividad económica. El comercio constituye el grupo más numeroso, con 413; seguido por agricultura y ganadería, con 300; construcción, con 149; industria manufacturera, con 121; y hostelería, con 102. Los datos muestran una economía diversa para la escala municipal, aunque todavía muy apoyada en sectores tradicionales y pequeñas empresas.

La llegada de nuevos residentes podría beneficiar al comercio, la restauración, la rehabilitación de viviendas, las academias, los cuidados, la cultura y los servicios profesionales. Pero ese crecimiento no se producirá únicamente mediante campañas publicitarias. Hace falta suelo productivo, apoyo a empresas, formación adaptada, oficinas para profesionales y una política capaz de atraer actividades que no dependan exclusivamente de la agricultura.

Una localidad con vida propia

Marchena posee otro elemento difícil de medir en las estadísticas: no es una ciudad dormitorio. Tiene patrimonio, Semana Santa, flamenco, fiestas, asociaciones, instalaciones deportivas, comercio tradicional y una identidad cultural reconocible.

Quien se traslada a una localidad no busca únicamente una vivienda barata. Necesita encontrar relaciones, actividades y lugares donde integrarse. La existencia de una comunidad activa puede ser una ventaja frente a urbanizaciones periféricas más cercanas a Sevilla, pero sin un verdadero centro social.

Su patrimonio histórico también podría atraer perfiles vinculados a la cultura, la restauración, la artesanía, el turismo, la creación audiovisual o las industrias creativas. Sin embargo, para aprovechar ese potencial se necesitan espacios de creación, programación cultural estable y facilidades para iniciar proyectos.

Qué debería hacer Marchena

Marchena necesita dejar de confiar en que sus ventajas se promocionen por sí solas. Sería necesario elaborar una estrategia municipal de vivienda y atracción de población que comenzara por saber cuántas casas permanecen vacías, cuáles podrían alquilarse, qué reformas necesitan y qué propietarios estarían dispuestos a incorporarlas a una bolsa con garantías.

A partir de ese diagnóstico, el municipio podría impulsar ayudas a la rehabilitación vinculadas al alquiler asequible, mediación entre propietarios e inquilinos, seguros frente a impagos y programas específicos para jóvenes y nuevos residentes.

El segundo pilar tendría que ser el transporte. El Ayuntamiento, la Junta y el Estado deberían reclamar conjuntamente más frecuencias ferroviarias y mejores conexiones con Sevilla y Osuna, especialmente en horarios laborales, educativos y hospitalarios.

El tercer eje sería el empleo. Marchena necesita captar pequeñas empresas, favorecer el teletrabajo, ampliar la formación profesional ligada a las necesidades reales de la comarca y apoyar proyectos vinculados a la agroindustria, la atención a mayores, la rehabilitación patrimonial, la cultura y el turismo.

También sería conveniente crear una oficina de acogida para nuevos residentes. No se trataría simplemente de entregar información turística, sino de ayudar a encontrar vivienda, colegios, servicios sanitarios, transporte, espacios de trabajo y oportunidades para participar en la vida local.

Preparada para competir, pero no todavía para ganar

Marchena reúne mejores condiciones que muchos municipios rurales: vivienda en venta asequible, centro de salud, colegios, institutos, formación profesional, estación ferroviaria, proximidad a la A-92, comercio y vida cultural. Además, los datos de 2024 ofrecen una señal moderadamente positiva: se registraron 454 llegadas frente a 398 salidas.

Pero la población descendió un 2,8% entre 2014 y 2024, mientras que en 2024 hubo 143 nacimientos y 177 defunciones. El crecimiento no está garantizado y el envejecimiento demográfico continúa avanzando.

La conclusión es clara: Marchena podría beneficiarse del creciente deseo de abandonar las grandes ciudades, pero no basta con ser más barata. Necesita convertir la vivienda cerrada en alquiler disponible, la estación en una conexión realmente útil, la fibra en empleo y el patrimonio en actividad económica.