Un cortocircuito en la batería de una barredora mecánica incendió ayer tres capillas de la Mezquita‑Catedral de Córdoba. El techo de la capilla de la Anunciación colapsó y otras dos, San Nicolás de Bari y la capilla 37 donde se guardaban las barredoras, sufrieron daños, pero el alcalde recordó que «no será una catástrofe» gracias a los simulacros y al plan actualizado, que funciona como exige la Norma Básica de utoprotecciónd de hidrantes, que funcionó como exige la Norma Básica de Autoprotección.
La consejera de Cultura Patricia del Pozo ha resaltado que «la rápida actuación conforme a los protocolos establecidos permitió extinguir las llamas y perimetrar el fuego evitando su expansión a otras zonas del monumento». En este sentido, ha agradecido la gestión del Cabildo-Catedral y la labor de los bomberos y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por su «pronta respuesta ante la situación de emergencia».

«El sistema de autoprotección de la Mezquita-Catedral, que se controla periódicamente en colaboración con el Cuerpo de Bomberos de Córdoba y que está sujeto a permanente revisión, ha funcionado», ha indicado Del Pozo. Dicho sistema contempla, entre otras medidas, un procedimiento de detección y una red de hidrantes en las cubiertas que permite la actuación de los equipos de extinción.
Esa norma estatal establece que cualquier edificio que pueda verse afectado por situaciones de emergencia debe elaborar, implantar y mantener operativo un plan de autoprotección.
Un plan de autoprotección es un documento técnico que establece cómo prevenir y actuar ante emergencias en un monumento, incluyendo protocolos de evacuación, sectorización, medidas contra incendios y coordinación con Protección Civil.
En la Mezquita-Catedral de Córdoba, el plan vigente desde 2017 fue clave en el incendio del 8 de agosto de 2025, permitiendo desalojar rápido a los visitantes, cerrar accesos y activar sistemas internos de agua.
La ley obliga a analizar y evaluar los riesgos, adoptar medidas preventivas y de control y coordinar la actuación con los planes de protección civil. Incluso permite a las administraciones exigir un plan a actividades no incluidas en el catálogo cuando presentan un especial riesgo o vulnerabilidad. La elaboración y revisión de esos planes corresponde al titular de la actividad y debe ser realizada por un técnico competente. En el caso de la Mezquita, fue precisamente esa preparación la que evitó una tragedia mayor.
Los municipios con un patrimonio histórico tan rico como Marchena deben elaborar planes específicos que tengan en cuenta los artesonados de madera, los retablos, las cubiertas antiguas y el calor extremo que ya es habitual. En nuestras propias iglesias de Marchena. ¿Contamos con planes de autoprotección?, ¿Se revisan periódicamente las instalaciones eléctricas?, ¿Existe una red de hidrantes accesible y se realizan simulacros?.
La ley está ahí para ayudarnos. No se trata de llenar nuestras iglesias de aspersores, sino de estudiar los riesgos, instalar sistemas de detección, formar al personal y coordinarse con los bomberos.
A menudo los edificios antiguos, carecen de normativa de seguridad específica y a menudo reciben a muchos visitantes, por lo que hay que establecer pautas básicas de prevención, planificar procedimientos de actuación y convertir la prevención y el mantenimiento en una labor cotidiana.
En iglesias patrimoniales de ciudades como Marchena, el proceso es similar: el Obispado o parroquia contrata técnicos, analiza riesgos y define rutas de evacuación y medios de intervención. Es obligatorio si el templo tiene afluencia pública o gran valor patrimonial, y debe incluir simulacros periódicos.
La clave es que la respuesta inicial la da el propio personal del monumento antes de la llegada de bomberos, minimizando daños. Este sistema busca preservar bienes culturales especialmente vulnerables, como las cubiertas de madera de muchas iglesias andaluzas.

