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Oleand y Syngenta acercan en Marchena las nuevas variedades de girasol en un año clave para la Campiña sevillana

La sede San Isidro Labrador de Oleand Manzanilla Olive en Marchena ha acogido una jornada de campo organizada por Syngenta y centrada en el cultivo del girasol, una oleaginosa que este año gana protagonismo en la provincia de Sevilla tras una campaña marcada por las lluvias, los problemas del cereal y la apuesta creciente por las variedades alto oleico.

La sede San Isidro Labrador de Oleand Manzanilla Olive, en Marchena, ha sido escenario de una jornada de campo dedicada a la semilla de girasol, organizada por Syngenta en colaboración con la cooperativa. Durante el encuentro, los asistentes pudieron conocer sobre el terreno el comportamiento, desarrollo y potencial de distintas variedades de semilla, en una campaña en la que el girasol vuelve a aparecer como uno de los cultivos estratégicos para las explotaciones de secano de la Campiña sevillana. La convocatoria fue difundida por Oleand en sus canales sociales como una jornada técnica orientada a compartir experiencias y conocimientos sobre este cultivo.

La cita llega en un momento especialmente importante para el campo sevillano. Según Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, la campaña de girasol en la comunidad arrancó con “buenas expectativas generales” y con una superficie que podría consolidarse por encima de las 195.000 hectáreas en Andalucía, alrededor de un 20% más que en campañas anteriores, aunque la cifra definitiva dependerá de los datos PAC.

El aumento de superficie tiene una explicación clara: las borrascas de comienzos de año condicionaron la campaña de cereal de invierno, impidiendo la siembra de numerosas parcelas o provocando la pérdida de otras ya implantadas. Esa situación ha empujado a muchos agricultores a optar por el girasol como alternativa de primavera, especialmente en secanos donde el cereal no pudo salir adelante. ASAJA-Sevilla también subraya que este año el girasol ha adquirido un especial protagonismo en la provincia por ese efecto de sustitución tras los problemas del cereal.

La provincia de Sevilla vuelve a ocupar el primer lugar en Andalucía. Cooperativas Agro-alimentarias calcula que concentra unas 95.000 hectáreas de girasol, según datos de la Junta correspondientes a abril, y señala que en la Vega y la Campiña —con zonas como Alcalá de Guadaíra, Arahal o Marchena— las parcelas más tempranas se encuentran muy avanzadas, con plantas que superan entre uno y metro y medio de altura, panocha formada y entrada en plena floración.

En el informe semanal sobre cultivos difundido por ASAJA-Sevilla a partir de datos de la Consejería de Agricultura, el girasol sevillano aparece mayoritariamente entre las fases de floración y formación del fruto, con las parcelas más adelantadas ya entrando en maduración. Las altas temperaturas de las últimas semanas están acelerando el desarrollo del cultivo y en algunas fincas se observa pérdida de turgencia y cambio de color del receptáculo.

La campaña, por tanto, se presenta con buenas perspectivas agronómicas, pero no exenta de incertidumbre. El agua acumulada durante el invierno y la primavera permite esperar rendimientos superiores a los años de sequía, aunque el sector advierte de que los márgenes siguen muy condicionados por los costes de producción —semillas, gasóleo, fertilizantes— y por la volatilidad de los mercados internacionales. Cooperativas Agro-alimentarias resume el momento con una idea: puede haber buena cosecha en volumen, pero la rentabilidad dependerá del precio final y de los costes soportados por cada explotación.

Uno de los elementos centrales de esta campaña es la apuesta por el girasol alto oleico, más demandado por la industria aceitera. Cooperativas Agro-alimentarias estima que alrededor del 75% del girasol sembrado en Andalucía corresponde a variedades alto oleico, una orientación que explica el interés de jornadas como la celebrada en Marchena, donde la elección de semilla, ciclo, tolerancia y comportamiento en campo resulta decisiva para el agricultor.

En cuanto a precios, las referencias nacionales del Ministerio de Agricultura para la campaña 2025/26 sitúan la última cotización del girasol convencional en 471,84 euros por tonelada y la del girasol alto oleico en 555,83 euros por tonelada, con medias de campaña de 461,35 y 547,41 euros por tonelada respectivamente. Son referencias de mercado, no necesariamente el precio final que perciba cada agricultor en cooperativa, que dependerá de calidad, grasa, contrato, momento de entrega y condiciones comerciales.

El mercado del aceite también muestra estabilidad en las últimas referencias consultadas: Olimerca sitúa en Andalucía el aceite de girasol crudo en 1.300 euros por tonelada, el refinado en 1.450 euros, el alto oleico crudo en 1.500 euros y el alto oleico refinado en 1.630 euros, tanto en la semana del 25 de junio como en la del 2 de julio.

En este contexto, la jornada celebrada en Marchena no es solo una presentación técnica de variedades. Refleja el peso de la Campiña sevillana en un cultivo que funciona como alternativa dentro de la rotación con los cereales, que aprovecha mejor determinadas ventanas de siembra y que este año se ha convertido para muchas explotaciones en una especie de cultivo refugio tras una campaña de invierno complicada. ASAJA-Sevilla ha convocado además para el 14 de julio una jornada monográfica en la Cámara de Comercio de Sevilla para analizar la situación actual del girasol, la evolución de la cosecha, las previsiones de producción y calidad, y el impacto del contexto internacional en la formación de precios.

La fotografía del girasol en la Campiña es, por tanto, la de un cultivo con buen desarrollo, favorecido por el agua acumulada, adelantado en las parcelas más tempranas por el calor y pendiente ahora de dos grandes incógnitas: cómo rematará el grano en las próximas semanas y qué precio permitirá cerrar la campaña con rentabilidad para el agricultor. En Marchena, donde el girasol forma parte del paisaje agrícola de verano, la respuesta empieza en el campo: en la semilla, en la variedad elegida y en la capacidad de cada explotación para adaptarse a un año tan prometedor como incierto.