Un plano conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza permite recorrer, casi habitación por habitación, el antiguo Colegio de la Encarnación de Marchena pocos años después de la expulsión de los jesuitas. El documento, trazado a tinta y aguada y firmado por fray Antonio Ramírez, no es una simple planta arquitectónica: es una radiografía de cómo funcionaba uno de los grandes complejos religiosos y educativos de la villa en el siglo XVIII.
La pieza aparece en PARES con la signatura OSUNA,CP.18,D.2 y el título Plano del colegio, iglesia y huerta de los ex-jesuitas de Marchena (Sevilla) para su futura reforma. El catálogo del Ministerio de Cultura precisa que está realizado a tinta y aguada a color, con escala en varas castellanas, y atribuye su autoría a fray Antonio Ramírez. El propio registro lo integra en el fondo del Ducado de Arcos, dentro del Archivo de los Duques de Osuna. Ver ficha original en PARES.
Un edificio que aún conservaba la huella de los jesuitas
El plano permite entender algo que hoy cuesta imaginar cuando se contempla el conjunto de Santa Isabel: el antiguo colegio era mucho más que una iglesia y un claustro. La investigación de Manuel Antonio Ramos Suárez sobre el Colegio de la Encarnación identifica este plano con un encargo realizado en 1780, cuando el edificio estaba siendo reorganizado tras la marcha de la Compañía de Jesús. Esa fecha no figura en la ficha catalográfica de PARES, por lo que conviene diferenciar ambos niveles de información: el archivo confirma el documento y su autor; la datación de 1780 procede del estudio histórico publicado sobre Santa Isabel.
La imagen muestra una enorme huerta ocupando buena parte del recinto y, junto a ella, la planta del edificio. El acceso se hacía desde la calle Compañía a través de un pórtico o compás. Desde allí se llegaba a la llamada primera escuela, a la iglesia y al patio de las escuelas, desde el que se distribuían la segunda, tercera y cuarta escuela.
Uno de los detalles más llamativos aparece junto a esas dependencias docentes: una taberna con patio interior, con entrada propia desde un callejón de la calle Compañía y sin comunicación con el edificio. No se trata de una interpretación moderna ni de una licencia narrativa: esa dependencia está descrita expresamente en el estudio del plano.
Claustro, rector, cocina, bodegas y caballerizas
El recorrido continúa hacia el interior del colegio. Desde el compás se accedía a la portería y al claustro principal. Alrededor de ese patio se distribuían los aposentos de la comunidad y las dependencias de gobierno. Cerca de la portería estaba el cuarto del procurador; en el lado opuesto se encontraba el aposento del rector, que comunicaba con un jardín de uso propio.
El plano permite seguir después la vida cotidiana del edificio. Desde el claustro se pasaba a la sala de profundis y, desde allí, a la cocina y a las oficinas domésticas: refectorio, bodegas de tinajas, una bodeguilla pequeña, bodega de toneles, despensa, cuarto para los mozos de cocina y fregaderos. Más allá se abría la huerta, donde había dependencias para los trabajadores, caballerizas y una puerta de salida al campo. El inventario espacial llega incluso a mencionar un cuarto para recoger pájaros.
Ese nivel de detalle es lo que convierte el documento en algo más que una pieza técnica. Nos permite reconstruir una jornada posible dentro del colegio: escolares entrando por la calle Compañía, religiosos circulando por el claustro, mozos trabajando en cocinas y bodegas, animales en las caballerizas y jornaleros entrando y saliendo de una huerta que ocupaba una parte esencial del conjunto.
Del colegio jesuita al Real Colegio de Santa Isabel
El plano pertenece a un momento de transición. Tras la expulsión de los jesuitas de los dominios de Carlos III en 1767, sus bienes fueron reorganizados y reutilizados. El estudio sobre Santa Isabel recoge que en 1769 se fijaron nuevos destinos para muchos edificios de la Compañía y que el Cabildo de Marchena consideró el antiguo colegio adecuado para escuelas de primeras letras, clases de gramática y habitaciones para maestros.
La cronología documentada en esa misma investigación señala un paso decisivo en abril de 1779, cuando una Real Cédula entregó el edificio a las Educandas. En abril de 1780 se aprobaron las Constituciones del Real Colegio de Santa Isabel y al mes siguiente el templo pasó a funcionar como oratorio público. Es justamente en ese contexto cuando el plano de fray Antonio Ramírez adquiere todo su sentido: no describe una ruina abandonada, sino un complejo que estaba siendo reinterpretado para una nueva etapa educativa.
Una fundación clave en la historia urbana de Marchena
El origen del colegio se remonta al siglo XVI. La Diputación de Sevilla sitúa la iglesia entre 1556 y 1588 y atribuye la fundación del Colegio de la Encarnación al II duque de Arcos, Luis Cristóbal Ponce de León, y a María de Toledo. La Junta de Andalucía, en la delimitación del Conjunto Histórico de Marchena, destaca además que esta fundación jesuita tuvo un peso especial en la transformación religiosa y cultural de la villa durante la Contrarreforma.
Hoy sobreviven la iglesia y el claustro, pero el plano permite recuperar mentalmente el conjunto completo: las aulas, la huerta, las bodegas, las cocinas, las caballerizas y todos esos espacios cotidianos que normalmente desaparecen de la historia monumental. Ahí está precisamente su valor: no enseña sólo cómo era un edificio, sino cómo se organizaba una institución que durante siglos estuvo ligada a la educación de generaciones de marcheneros.
Fuente documental exacta
Archivo Histórico de la Nobleza, fondo Ducado de Osuna, sección Señorío de Marchena. Signatura OSUNA,CP.18,D.2. Título: Plano del colegio, iglesia y huerta de los ex-jesuitas de Marchena (Sevilla) para su futura reforma. Autor: fray Antonio Ramírez. Tinta y aguada a color. Escala en varas castellanas. Digitalizado en PARES.
Para ampliar: PARES; Manuel Antonio Ramos Suárez, El Colegio de la Encarnación de Marchena; Turismo de la Provincia de Sevilla; Junta de Andalucía, delimitación del Conjunto Histórico de Marchena.