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Propaganda o información: claves rápidas para no dejarse manipular

La educomunicación es el enfoque que une educación y comunicación para formar ciudadanía crítica ante los mensajes que recibe y produce. Impulsa competencias como verificar fuentes, interpretar datos, reconocer sesgos y crear contenidos responsables (en aulas, medios y redes). No se limita a “enseñar a usar” herramientas: busca comprender cómo se construye la información y cómo nos afecta.

En plena saturación de mensajes, distinguir información de propaganda es ya una habilidad cívica. La primera se rige por hechos contrastables y transparencia; la segunda busca moverte (votar, odiar, comprar una idea) usando selección interesada de datos y emoción.

La propaganda impone un único marco de interpretación y suele seleccionar o fabricar pluralidad aparente. Puede citar “muchas fuentes”, pero a menudo son dependientes entre sí, descontextualizadas, de autoridad autopromovida o parte de campañas coordinadas (astroturfing). La información periodística, en cambio, contrasta fuentes independientes, ofrece datos verificables y admite matices.

¿Qué es propaganda?

Comunicación persuasiva orientada a moldear creencias y conductas en favor de una causa o ideología. Suele ocultar la fuente real, exagerar logros, simplificar el conflicto y presentar un “ellos vs. nosotros”.

¿Qué es información?

Relato de hechos verificables con contexto, fuentes identificadas y apertura a la incertidumbre. Explica cómo sabe lo que dice (metodología), separa datos de opinión y rectifica si se equivoca.

Señales de alarma (huele a propaganda si…)

  1. Fuente opaca o interesada que no se declara.

  2. Un solo dato o gráfico sin contexto ni metodología.

  3. Lenguaje emocional: indignación, miedo, urgencia (“comparte ya”).

  4. Falsos dilemas y enemigos difusos (“o con nosotros o contra nosotros”).

  5. Cherry-picking: elige casos extremos y oculta el resto.

  6. Imágenes impactantes sin fecha, lugar ni autor; recortes engañosos.

  7. Promesas absolutas o causalidades mágicas (“esto demuestra que…”).

  8. Llamadas a la identidad antes que a la evidencia.

  9. No admite matices ni publica correcciones.

  10. Mensajes calcados repetidos por cuentas coordinadas.

Señales de buena información

  • Múltiples fuentes independientes, citadas con nombre y cargo.

  • Datos trazables (informes, BOE/BOJA, AEMET, INE…) y enlaces.

  • Fechas y lugar claros; fotos con autor y pie.

  • Diferencia hechos/análisis y explica límites de los datos.

  • Historial de correcciones y políticas editoriales visibles.

Rutina de verificación en 60 segundos

  • ¿Quién lo dice? Busca el autor/entidad y posibles conflictos de interés.

  • ¿De dónde sale el dato? Pide documento original.

  • ¿Cuándo y dónde? Revisa fecha y lugar.

  • ¿Otros medios serios lo confirman?

  • Imagen/Vídeo: haz búsqueda inversa y mira encuadres recortados.

Conclusión. La información comprueba; la propaganda convencen sin comprobar. Si un mensaje te hace sentir antes de pensar, frena, contrasta y decide con datos.