Las redes sociales diseñadas para polarizar a la población, los alimentos formulados para generar dependencia y una generación cada vez más expuesta a las pantallas desde edades tempranas. Estas son algunas de las advertencias lanzadas por el catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y profesor visitante de Harvard, Miguel Ángel Martínez González, durante una extensa entrevista en la que analiza los principales desafíos sanitarios y sociales de nuestro tiempo.
Más allá de las cuestiones ideológicas presentes en algunos momentos de la conversación, el interés periodístico de la entrevista reside en la denuncia de mecanismos económicos y tecnológicos que, según el investigador, están contribuyendo al deterioro de la salud física y mental de la población.
Uno de los aspectos más llamativos es su afirmación de que la polarización social se ha convertido en un modelo de negocio. Martínez González sostiene que los algoritmos de las grandes plataformas digitales favorecen los contenidos que provocan reacciones emocionales intensas porque mantienen a los usuarios más tiempo conectados. Cuanto mayor es la indignación o la confrontación, más interacción generan los contenidos y mayores son los ingresos publicitarios.
El experto sitúa este fenómeno dentro de una economía basada en la atención, donde las empresas tecnológicas compiten por captar el mayor número posible de horas de consumo digital. A su juicio, esta dinámica está teniendo consecuencias sobre la salud mental, especialmente entre adolescentes y jóvenes.
Otro de los puntos más noticiables de la entrevista es su análisis de la industria alimentaria. Martínez González describe cómo las empresas llevan décadas investigando la combinación exacta de azúcar, grasa y sal capaz de aumentar el deseo de seguir consumiendo un producto. Este fenómeno, conocido en la industria como bliss point o “punto de felicidad”, consiste en ajustar la formulación de los alimentos para maximizar su atractivo y fomentar el consumo repetido.
El investigador recuerda que numerosos productos procesados contienen azúcar añadido incluso cuando el consumidor no lo espera. Salsas, refrescos, alimentos preparados o productos infantiles incorporan cantidades significativas de azúcar que contribuyen al aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y otras enfermedades metabólicas.
En este contexto, relata además un episodio personal especialmente relevante. Según explica, tras publicar una investigación que relacionaba el consumo de bebidas azucaradas con la obesidad, recibió una propuesta de financiación por parte de representantes de Coca-Cola para crear un observatorio sobre obesidad. Martínez González interpretó aquella oferta como un posible conflicto de intereses y rechazó la financiación directa de la compañía.
La entrevista dedica una atención especial a la salud mental juvenil. El catedrático afirma que nunca había observado cifras tan elevadas de ansiedad, depresión, trastornos alimentarios e ideación suicida entre adolescentes y adultos jóvenes. Recuerda que aproximadamente un 8 % de la población española consume antidepresivos y señala que el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte entre los jóvenes.
Buena parte de este problema, sostiene, está relacionada con la hiperconectividad digital. Según explica, la reducción de las horas de sueño provocada por el uso nocturno del móvil afecta directamente a la memoria, al aprendizaje y al rendimiento académico. Cita además estudios que vinculan la sobreexposición a pantallas con dificultades de concentración y con un empeoramiento de diversos indicadores de bienestar psicológico.
En este sentido, respalda las recomendaciones de asociaciones médicas y movimientos ciudadanos que proponen retrasar el acceso de los menores a los teléfonos inteligentes con conexión a internet. Menciona iniciativas como Adolescencia Libre de Móviles y recuerda que diversas entidades científicas españolas han planteado que los menores no dispongan de smartphones antes de los 16 años.
Otro aspecto relevante es su reflexión sobre el autocontrol y la llamada «gratificación inmediata». Martínez González considera que gran parte de los modelos de negocio actuales se basan en explotar impulsos humanos básicos, desde el consumo compulsivo de contenidos digitales hasta la alimentación ultraprocesada. Frente a ello, defiende la necesidad de educar en hábitos que permitan posponer recompensas y fortalecer la capacidad de decisión individual.
El investigador recurre a una metáfora recurrente durante toda la entrevista: la figura del salmón que nada contracorriente. Con ella describe a quienes intentan reducir el consumo de pantallas, mejorar su alimentación o recuperar hábitos de vida más saludables en una sociedad que, según sostiene, favorece constantemente el consumo impulsivo.
La principal conclusión que deja la conversación es que muchos de los grandes problemas sanitarios actuales —obesidad, adicción a las pantallas, deterioro de la salud mental o pérdida de hábitos saludables— no pueden entenderse únicamente como decisiones individuales. Para Martínez González existe detrás una poderosa estructura económica basada en captar atención, generar dependencia y maximizar beneficios, una realidad que, a su juicio, debería abordarse desde la salud pública con la misma contundencia con la que se combatieron en el pasado el tabaquismo o dete


