La historia del bandolerismo en Marchena aparece vinculada a caminos, cortijos, estaciones de tren, fugas, juicios y persecuciones por la campiña sevillana. El reportaje gráfico fotografiado recoge varios episodios que sitúan a la localidad dentro de una geografía del delito que, entre el siglo XIX y los primeros años del XX, conectaba Marchena con Casariche, Estepa, Utrera, Arahal, La Puebla, Pedrera y Jerez.
Uno de los episodios más destacados es el juicio celebrado en Marchena contra Juan Cano y su familia, relacionados en el texto con el amparo a bandoleros. Según el reportaje, Juan Cano, alcalde de Casariche y vinculado al Partido Progresista, fue acusado de dar cobijo a bandoleros y de convertir ese entorno en una red de secuestros que pedía rescates y operaba por media Andalucía.
El proceso se celebró en Marchena porque, según se explica, Juan Cano era una persona muy relacionada en la Sierra Sur, con contactos entre jueces, autoridades, familias nobles y conocidos bandoleros de la comarca. Por ello, el texto señala que se consideró más seguro que el juicio tuviera lugar en Marchena.
La acusación particular fue ejercida por Antonio Álvarez Chocano, empresario agrícola, abogado y periodista afincado en Estepa. En el juicio, que según el reportaje se conserva íntegro, Álvarez sostuvo que buena parte de los raptos y asesinatos se verificaban en el campo de Casariche o en sus inmediaciones, que los planes salían de Casariche y que los delitos se consumaban a mayor o menor distancia de dicho pueblo.
El reportaje cita entre los bandoleros relacionados con ese entorno a figuras como Caparrata, el Chato Talavera, José María el Tempranillo, Pedro el de Utrera y otros nombres vinculados a Casariche y su área de influencia. También se señala que el juicio de Marchena constaba de 1.200 folios y que Juan Cano fue condenado a doce años de cárcel.
La doble página sitúa el fenómeno en una cronología más amplia. En 1814 se recoge el asalto de los Siete Niños de Écija a un grupo de carreteros en Marchena, el 20 de agosto, en La Tinajuela. En 1842, diez bandidos a caballo hacían incursiones en Marchena. En 1853 aparece el juicio contra los Cano en Marchena, con varios miembros de una familia condenados a cárcel. En 1883, tres hombres robaron y ataron a los empleados de la estación de Ojuelos. En 1906, la Guardia Civil avisó de que había visto a Pernales cerca de Palomate. Y en 1908 se sitúa el caso del bandolero marchenero Laureano Conejero.
Laureano Conejero ocupa la parte central del segundo reportaje. Según el texto, en 1908 el bandolero marchenero, acompañado por Juan Martínez Barragán, conocido como “el Cojo de Bailén”, y Juan Gómez Rivera, “el Herrero de Utrera”, eran tres presos conducidos en tren hasta Jerez cuando huyeron del convoy. En la fuga murieron dos guardias civiles: Antonio Rodríguez Márquez y Jerónimo Ramírez Morón.
El reportaje explica que los presos aprovecharon que les habían cambiado los grilletes de las manos a los pies para comer. En ese momento arrebataron a uno de los guardias civiles su machete. Tras neutralizar a los agentes, se hicieron con sus armas y saltaron del tren en marcha. La gravedad de las heridas provocó la muerte de un agente en Jerez el mismo día y del otro cuatro días después.
A partir de entonces comenzó una persecución policial por la campiña sevillana que se prolongó durante semanas y terminó con los presos nuevamente en la cárcel. El texto recoge que fueron detenidos los padres de Conejero, según publicó El Pueblo el 28 de octubre. También señala que uno de sus compañeros, “el Herrero”, natural de Utrera, estaba siendo perseguido por un robo en Marchena.
El reportaje indica que ambos fueron localizados el 27 de octubre en una finca de Utrera y que, tras un encuentro con la Guardia Civil, huyeron hacia Marchena. Poco después fueron vistos en otro punto del recorrido, mientras la Guardia Civil localizaba una carta dirigida a Conejero en un cortijo de Jerez.
La carta, reproducida parcialmente en el texto, estaba escrita en tono familiar. En ella se le decía: “Querido hijo: me alegraré estés bueno; nosotros, buenos. Laureano, no haberte escrito, ha sido porque dijeron a mamá que tú no estabas ya en Sevilla; de modo, que cuando leas ésta, de seguida escribas, para mandarte lo que dijiste a papá. Recuerdos de tu hermano, besos de tus sobrinos y padres”.
El periódico El País también aparece citado en el reportaje mediante una reproducción de prensa titulada “Los matadores de los guardias”. Según el texto, la Guardia Civil encontró pertenencias de los fugitivos en un pinar a tres kilómetros de La Puebla y poco después fueron vistos entre Marchena y Arahal, de lo que se dedujo que iban a pie y cansados por el acoso policial.
Diez días después de la huida del tren, “el Cojo de Bailén” y Laureano Conejero fueron apresados en Pedrera por dos guardias jurados, Isidoro Fernández y José Verger, en la Villa del Carnero, una finca de la localidad. Fueron llevados ante el alcalde Macedonio Luna, quien ordenó la conducción de los fugitivos.
Desde Pedrera fueron trasladados en tren hasta Sevilla, custodiados por tres parejas de la Guardia Civil. El reportaje añade que las estaciones de salida, llegada o paso del tren estaban ocupadas por la Benemérita y por una multitud de curiosos.
Uno de los momentos más significativos del relato se produce al pasar por Marchena, localidad natal de Laureano Conejero. Según el texto, un guardia le indicó la población donde llegaban y él respondió: “¿Y qué me importa ya ese pueblo?, ya no tengo que pensar dónde nací, sino dónde me van a matar, que será pronto”.
El reportaje cierra el perfil de Conejero con una referencia familiar. Según el texto, en 1884 un tío suyo, hermano de su padre, asesinó y robó en el campo a un hombre apellidado Baeza, por lo que fue condenado a muerte y ejecutado en la Plaza del Ayuntamiento de Marchena. El Consejo de Guerra lo condenó a ser ejecutado el 3 de febrero por garrote vil.
La historia de los bandoleros en Marchena queda así presentada como una memoria áspera, hecha de caminos rurales, trenes vigilados, cortijos, persecuciones y nombres que pasaron de la crónica judicial a la memoria popular. No se trata solo de leyenda: en los datos recogidos por el reportaje aparecen fechas, procesos, condenas, fugas y muertes que muestran hasta qué punto Marchena formó parte de aquella geografía andaluza del bandolerismo.

