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Cuando Marchena y Arcos tuvieron puerto en Rota: una historia de trigo, duques y mayetes

A primera vista, Marchena y Rota parecen dos mundos distintos. Una mira a la campiña sevillana, la otra se abre al Atlántico, a las mareas, a los corrales de pesca, a las huertas de arena y al viento salado.

Sin embargo, durante siglos, ambas formaron parte de un mismo mapa de poder: el de la Casa de Ponce de León, señores de Marchena, Rota y más tarde duques de Arcos.  Todo arranca con una unión nobiliaria entre Isabel de Guzmán y Fernán Pérez Ponce de León, que incorporó Rota y Chipiona al ámbito de los señores de Marchena, creando un eje interior-litoral que duró hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX e influenció la cultura andaluza.

La historia no es solo una cuestión de apellidos ilustres. Es, sobre todo, una historia de territorio. Marchena fue durante siglos una gran pieza agrícola del señorío, una tierra de cereal, olivar y rentas. Rota, en cambio, ofrecía una salida al mar. De esa combinación nació una economía señorial que enlazaba los campos del interior con el comercio atlántico y puerta de América.

Uno de los documentos clave conservados en PARES, con signatura OSUNA,C.121,D.148-153, alude a provisiones de Carlos I de España y V de Alemania relacionadas con los señoríos de Chipiona y Rota y menciona documentación otorgada por el duque de Arcos al escribano de Marchena. 

El hilo más sugerente es el del cereal. En el Archivo Histórico de la Nobleza, conserva una provisión real de Carlos I, fechada entre 1526 y 1528, por la que se ordenaba a Jerez de la Frontera permitir el paso, sin cobro de derechos, de los cereales del duque de Arcos hacia su villa de Rota.

El conflicto enfrentó a la Casa Ducal (los Ponce de León, duques de Arcos, cuya sede principal estaba en Marchena) con la ciudad de Jerez de la Frontera.

El duque producía inmensas cantidades de trigo, harina y cebada en la rica campiña (Marchena y Arcos) y necesitaba enviarlo hacia sus villas costeras (Rota y Chipiona) para su abastecimiento o embarque. Sin embargo, para llegar a la costa había que cruzar el gigantesco término municipal de Jerez de la Frontera. Las autoridades jerezanas intentaron bloquear el paso del cereal («el paso del pan») o cobrar impuestos abusivos por dejar transitar a las carretas.

Documentos del Fondo Osuna. Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional
Digitalización de microfilm de 35 mm

Dentro de ese mismo expediente en PARES (en el Documento 152) se conserva el poder legal otorgado por el duque de Arcos su escribano en Marchena el 27 de octubre de 1526, enviado para defender los intereses ducales y evitar que Jerez confiscara sus carros.

Al final, la Casa de Arcos ganó el pulso: la provisión real del emperador Carlos V exigió a Jerez bajo amenaza de duras penas que permitiera el tránsito de los cereales del duque hacia Rota «sin cobro alguno».

El documento sitúa el tránsito entre Arcos y Rota, y muestra cómo los dominios de la Casa de Arcos funcionaban como una red económica en la que las villas del interior y la costa estaban conectadas por caminos, arrieros, escribanos, pleitos y mercancías. La presencia de un escribano de Marchena en el expediente confirma además el papel administrativo de la villa marchenera dentro del engranaje señorial de los Ponce de León.

También el mar roteño quedó dentro de esa lógica señorial. Los corrales de pesca, esas arquitecturas de piedra que atrapan el pescado con la bajamar, forman parte de la memoria litoral de Rota. El corral llamado La Cuba fue comprada en 1399 por Pedro Ponce de León al Monasterio de Regla, un dato que vincula el control de los recursos marítimos con el patronazgo religioso y económico de la nobleza.

Pero quizá donde la conexión se vuelve más humana es en una palabra: mayete en Marchena, mayeto en Rota. En la costa gaditana, el mayeto fue el hortelano de las arenas, el hombre de la huerta pequeña, de la calabaza, el tomate y el pimiento, de la choza y el trabajo familiar. En la campiña sevillana, el mayete designó al pequeño o mediano propietario agrícola, situado entre el jornalero sin tierra y el gran señorito. No eran exactamente lo mismo, pero los dos nombres parecen hablar de una misma cultura agraria: la del esfuerzo, la propiedad modesta, el orgullo campesino y la supervivencia.

Ese mundo mayeto no ha desaparecido del todo. En Rota, el Centro de Recuperación de la Mayetería funciona hoy como espacio de interpretación para conocer las chozas, los huertos, los animales y el modo de vida de los antiguos agricultores roteños. El Ayuntamiento de Rota lo presenta como un punto de interés turístico, cultural y ambiental que recibe visitas, especialmente en primavera y verano.

El vínculo entre Rota y Marchena también se escribió en piedra y devoción. La Casa de Arcos impulsó iglesias, conventos y espacios religiosos en sus dominios. En Rota, la importancia de la Iglesia de Nuestra Señora de la O y del convento mercedario. En Marchena, destaca el peso de San Juan Bautista, San Agustin Santa Maria, y Santo Domingo.