En 1818 un oficial de la guarnición de Ceuta llegó hasta Marchena para reclamar ayuda económica destinada a sostener una plaza militar exhausta. Apenas dos años después, un cirujano formado en Ceuta era elegido médico titular de la villa. Los documentos municipales permiten reconstruir un pequeño puente histórico entre el Estrecho y la campiña sevillana.
En 1818 no había tren entre Sevilla y Marchena, ni carretera como hoy la entendemos, ni mucho menos una línea directa que uniera la campiña con Ceuta. Sin embargo, un día apareció ante las autoridades marcheneras un hombre que venía de aquella ciudad al otro lado del Estrecho. Se llamaba Josef Denis y no traía buenas noticias.
Era oficial relacionado con la administración de las tropas de Ceuta y llevaba consigo una orden de la Intendencia General de la Provincia. La misión que lo había conducido hasta Marchena se resumía en una cifra difícil de digerir para cualquier ayuntamiento de comienzos del siglo XIX: 30.000 reales.
La historia aparece recogida por José Alcaide Villalobos en Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo, obra editada por el Ayuntamiento de Marchena y construida a partir de la documentación histórica municipal. El capítulo dedicado a 1818 contiene incluso un apartado inequívoco: «La guarnición de Ceuta solicita ayuda económica».
Aquella petición convierte a Ceuta y Marchena en protagonistas de una misma escena histórica. Una plaza fortificada situada frente a Marruecos necesitaba dinero. Una villa agrícola de la campiña sevillana debía proporcionárselo. Y entre ambas viajaba un funcionario con una carta en la cartera.
«Grandes apuros» en Ceuta
El documento, tal como lo reproduce Alcaide, explica que las fuerzas militares y los empleados de Ceuta se encontraban en «tan grandes apuros y triste situación» que sus mandos habían enviado a los oficiales Josef Denis y Francisco Noguerol hasta la Intendencia de Sevilla para solicitar auxilio.
El problema era que la propia Tesorería del Ejército de Sevilla tampoco disponía de fondos suficientes.
La solución administrativa consistió en trasladar parte de aquella necesidad a los municipios. A Marchena le correspondieron esos 30.000 reales como contribución extraordinaria de guerra. El dinero debía ser entregado al comisionado Josef Denis para ayudar al sostenimiento de Ceuta.
La respuesta marchenera fue mucho menos épica y bastante más comprensible: el Ayuntamiento declaró que no podía pagar aquella cantidad.
No cuesta imaginar la escena. Denis atravesando caminos andaluces con una orden que hablaba de soldados, empleados, tesorerías vacías y urgencias militares; y, al final del viaje, los regidores de Marchena explicándole que por allí tampoco sobraban precisamente los reales.
No era una excusa improvisada.
Las investigaciones de Alcaide muestran una Marchena sometida durante aquellos años a continuas demandas fiscales, atrasos, suministros militares y contribuciones. En 1817, por ejemplo, al municipio todavía se le reclamaban 63.600 reales relacionados con el acopio de sal que se arrastraban desde 1810.
La Guerra de la Independencia había terminado en 1814, pero sus facturas seguían llegando.
¿Por qué era tan importante Ceuta?
La frase utilizada en la comunicación enviada a Marchena resulta reveladora: había que conseguir recursos para mantener «una plaza tan interesante al Rey nuestro Señor».
Durante siglos, Ceuta había sido fundamental para el control del Estrecho y para la política defensiva española en el norte de África. Los estudios históricos sobre sus fortificaciones destacan precisamente el enorme valor político y militar de aquella plaza, todavía más acusado después de que Gibraltar pasara a manos británicas a comienzos del siglo XVIII. El sostenimiento de Ceuta exigía tropas, fortificaciones, hospitales, suministros y una compleja administración militar.
La historiografía sobre la ciudad describe además el siglo XIX como el periodo durante el cual Ceuta fue transformándose lentamente de presidio y plaza fuerte cerrada en una ciudad cada vez más abierta, portuaria y mercantil. En 1818, sin embargo, aquella evolución apenas comenzaba: su condición militar seguía dominando la vida urbana.
Precisamente por eso resulta significativa la orden llegada a Marchena. Mantener Ceuta no era considerado un asunto exclusivamente ceutí. El coste de aquella frontera podía terminar repercutiendo sobre pueblos situados a cientos de kilómetros del Estrecho.
Y uno de ellos fue Marchena.
Ese mismo año Marchena también miraba hacia África
Hay otro detalle que da a 1818 un extraño aire de actualidad. Justo antes de relatar la petición económica de Ceuta, la documentación estudiada por Alcaide recoge la alarma provocada por una epidemia de peste en Tánger.
Llegaron comunicaciones a Marchena avisando de la expansión de la enfermedad por el norte de África. Se hablaba de Tánger y Fez y del peligro de contagio para Tarifa. La Junta de Sanidad Marchenera llegó a plantear medidas preventivas y patrullas de vigilancia.
Durante unos meses, por tanto, África dejó de ser algo lejano para los habitantes de una villa situada en plena campiña sevillana. Primero llegó una amenaza invisible desde Tánger: la enfermedad. Después apareció un funcionario procedente de Ceuta: la crisis económica de la guarnición. El Estrecho estaba bastante más cerca de Marchena de lo que sugieren los kilómetros del mapa.
Y después llegó Ramón Díaz
Pero existe una segunda conexión Ceuta-Marchena todavía más humana.
Dos años después de aquella petición de dinero, el Ayuntamiento marchenero necesitaba cubrir la plaza de médico-cirujano titular.
Había tres aspirantes. Uno de ellos se llamaba Ramón Díaz. Su solicitud tenía una particularidad: procedía de Ceuta. Según la documentación recopilada por Alcaide, Díaz ejercía como médico militar vinculado al Regimiento de Infantería de Irlanda, de guarnición en Ceuta, y trabajaba también en el hospital militar de la plaza y en el hospital de mujeres.
El 14 de junio de 1820, después de examinar los méritos de los candidatos, el cabildo de Marchena decidió nombrarlo cirujano titular de la villa. La conexión ya no consistía en una carta, una contribución o una necesidad militar. Ahora era una persona.
Un ceutí que echó raíces en Marchena
La biografía de Ramón Díaz puede reconstruirse con bastante mayor precisión gracias al estudio de Ramón Ramos Alfonso sobre la escritora Antonia Díaz, publicado dentro de las Jornadas sobre Historia de Marchena.
Ramón Díaz y Giráldez había nacido en Ceuta el 11 de abril de 1792. Se formó en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de Cádiz y fue revalidado como cirujano en diciembre de 1815. Ese mismo estudio señala que fue nombrado cirujano del Segundo Batallón Fijo de Ceuta y que trabajó también en el Real Hospital de la ciudad.
Aquí encontramos una pequeña cuestión todavía abierta para la investigación: Alcaide lo vincula en 1820 al Regimiento de Irlanda, mientras Ramos documenta su anterior nombramiento en el Segundo Batallón Fijo de Ceuta. Las dos fuentes coinciden en lo esencial —su actividad médica y militar en Ceuta—, pero con los datos disponibles no conviene asegurar si se trató de destinos sucesivos sin consultar su expediente militar.
El dato resulta especialmente interesante porque el Archivo Histórico Nacional conserva documentación sobre los regimientos irlandeses al servicio de la Monarquía española. PARES recuerda que existieron tres grandes unidades de tradición irlandesa —Irlanda, Hibernia y Ultonia— y que el Regimiento de Irlanda estuvo activo hasta 1818, circunstancia que aconseja estudiar con detalle las fechas concretas del expediente de Díaz.
Ahí queda una pequeña puerta entreabierta para otro día de archivo.
De médico de Ceuta a médico de los marcheneros
Lo cierto es que Ramón Díaz terminó integrándose en la vida de Marchena. En 1821 se casó en la parroquia de San Sebastián con María de los Dolores Fernández Vázquez, natural de la localidad.
Y pocos años después nació una niña en la calle San Pedro que terminaría ocupando su propio espacio en la historia cultural andaluza. Era Antonia Díaz Fernández, nacida en Marchena el 31 de octubre de 1827, futura poeta y escritora del siglo XIX. La Real Academia de la Historia la incluye hoy en su repertorio biográfico y confirma que era hija de Ramón Díaz y Giráldez y María de los Dolores Fernández.
Así que uno de los vínculos más curiosos entre Ceuta y Marchena terminó escribiéndose, literalmente, en versos. Un cirujano ceutí llegó desde el mundo militar del Estrecho a la campiña sevillana, formó allí una familia y fue padre de una de las escritoras marcheneras más destacadas del XIX.
También dejó su huella en la salud pública
Ramón Díaz no fue únicamente un nombre en la nómina municipal.
Durante sus años en Marchena aparece interviniendo en problemas sanitarios de la localidad. En una crisis epidémica posterior fue encargado de coordinar el trabajo de los facultativos en el interior de la población.
Incluso encontramos su nombre relacionado con un asunto que puede parecer menor pero habla de la medicina del momento: las aguas medicinales de Marchena.
Una investigación académica de la Universidad de Sevilla recuerda que Pascual Madoz atribuyó a Ramón Díaz un análisis realizado en 1831 de las aguas de los antiguos baños marcheneros, consideradas entonces útiles para determinadas dolencias.
El médico llegado desde Ceuta terminó, por tanto, examinando hasta las aguas que brotaban del subsuelo de Marchena.
Saber más
La principal fuente marchenera es Marchena siglo XIX. Absolutismo versus Constitucionalismo, de José Alcaide Villalobos, editado por el Ayuntamiento de Marchena. La obra recoge la petición de 30.000 reales realizada en 1818 para la guarnición de Ceuta y el nombramiento posterior de Ramón Díaz. El autor documenta entre sus fuentes los Libros de Actas Capitulares del Archivo Municipal de Marchena, con la signatura 22 para 1815-1818 y la 23 para 1819-1825, además de registros de órdenes y correspondencia municipal.
Marchena siglo XIX: Absolutismo versus Constitucionalismo — Biblioteca Pública Municipal de Marchena
Para la biografía del médico ceutí resulta fundamental el trabajo de Ramón Ramos Alfonso, “Mujer y creatividad en la segunda mitad del siglo XIX. La poetisa Antonia Díaz”, publicado en las Jornadas sobre Historia de Marchena y conservado por la Biblioteca Pública Municipal.
Estudio de Ramón Ramos Alfonso sobre Antonia Díaz y la familia Díaz Giráldez
Para contextualizar el papel histórico de Ceuta como plaza fuerte puede consultarse el trabajo de Juan Aranda Doncel, publicado en Aldaba, revista académica del Centro Asociado de la UNED, sobre el sostenimiento de la plaza ceutí y su valor estratégico.
Finalmente, PARES, Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura, conserva información y documentación sobre los regimientos irlandeses que sirvieron en el Ejército español, una línea especialmente interesante para comprobar el expediente militar de Ramón Díaz.

