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De los Mauri de Roma al Marruecos actual: la identidad amazigh que sobrevivió a siglos de arabización

Los romanos dieron el nombre de Mauri a poblaciones norteafricanas que habitaban al otro lado del Estrecho. Dos mil años después, sus descendientes culturales y lingüísticos forman parte esencial de Marruecos. La cultura amazigh, durante décadas relegada por la construcción de una identidad nacional predominantemente árabe, vive ahora un proceso de recuperación que ha llegado a la Constitución, las escuelas, las administraciones y hasta el calendario oficial.

Hay una palabra que atraviesa dos mil años de historia y une de una manera inesperada las dos orillas del Estrecho: Mauri.

Mucho antes de que en la Península Ibérica medieval se utilizara la palabra «moro» para designar de manera general a los musulmanes de Al-Ándalus y del Magreb, los autores grecorromanos empleaban Mauri para referirse a determinadas poblaciones indígenas del noroeste africano.

No eran árabes. El Islam ni siquiera existía.

Eran poblaciones norteafricanas pertenecientes al complejo mundo que hoy denominamos amazigh, tradicionalmente conocido en Europa como bereber.

La antigua Mauretania, de hecho, recibió su nombre de los Mauri y ocupaba territorios correspondientes principalmente al actual Marruecos y al oeste de Argelia. No debe confundirse con la moderna República Islámica de Mauritania, situada mucho más al sur. Con Roma, aquel territorio acabaría dividido, entre otras demarcaciones, en Mauretania Tingitana, cuya principal ciudad era Tingis, la actual Tánger, y Mauretania Caesariensis, extendida fundamentalmente por el actual territorio argelino.

Pero incluso la palabra Mauri exige precaución. No existió en la Antigüedad un único «pueblo bereber» organizado como una nación moderna. El norte de África estaba compuesto por numerosas comunidades, confederaciones y grupos. Los autores antiguos utilizaron nombres como númidas, mauros, gétulos o, posteriormente, denominaciones tribales concretas. Los estudios actuales advierten además de que las categorías empleadas por romanos y bizantinos fueron cambiando y podían englobar realidades muy diversas.

Antes de ser árabe, Marruecos era amazigh

Ese detalle cambia por completo una percepción todavía muy extendida en Europa.

La población originaria del territorio del Marruecos actual no comenzó siendo árabe. Las lenguas amazigh pertenecen a una antigua rama de la familia lingüística afroasiática y estaban presentes en el norte de África mucho antes de las conquistas islámicas del siglo VII.

La llegada de ejércitos árabes musulmanes inició una transformación gigantesca, pero hay que distinguir dos procesos que a menudo confundimos: islamización y arabización.

Los pueblos amazigh fueron adoptando progresivamente el Islam, pero convertirse al Islam no significaba necesariamente convertirse cultural o lingüísticamente en árabe. La expansión de la lengua árabe fue un proceso mucho más largo, desarrollado durante siglos. La historiografía insiste precisamente en que ambos fenómenos no deben considerarse idénticos.

Los propios amazigh terminarían convirtiéndose en protagonistas fundamentales de la civilización islámica occidental.

De ese mundo surgirían posteriormente grandes poderes norteafricanos y andalusíes. Y por eso la imagen tradicional española según la cual los musulmanes que atravesaban el Estrecho eran sencillamente «árabes» oculta una realidad muchísimo más compleja.

Todavía en las fuentes medievales se percibía la diferencia. Un estudio publicado por Cambridge sobre las crónicas cristianas peninsulares muestra que la Crónica de 754 podía distinguir entre Mauri, norteafricanos, y «sarracenos» asociados a poblaciones procedentes de Oriente. Incluso las rebeliones amazigh del siglo VIII aparecen vinculadas a comunidades situadas a ambos lados del Estrecho.

La posterior palabra castellana «moro» heredó aquel viejo Maurus latino, pero amplió enormemente su significado hasta convertirse en una denominación religiosa y geográfica aplicada de forma mucho más general a musulmanes norteafricanos y andalusíes.

Por eso Mauri, amazigh y moro no son exactamente sinónimos, aunque exista entre las tres palabras una historia común.

El Marruecos amazigh nunca desapareció

La arabización tampoco borró completamente aquel mundo.

Las comunidades amazigh conservaron especialmente su fuerza en grandes territorios montañosos y rurales: el Rif, el Atlas Medio, el Alto Atlas, el Anti-Atlas y el Souss, aunque las migraciones interiores han llevado desde hace décadas a población amazigh a Casablanca, Rabat, Tánger y otras grandes ciudades.

Actualmente destacan tres grandes expresiones lingüísticas en Marruecos: tarifit, especialmente vinculada al Rif; tamazight, muy presente en zonas del Atlas; y tachelhit, característica sobre todo del Souss, Alto Atlas occidental y Anti-Atlas.

Y aquí aparece uno de los datos que mejor permite entender el Marruecos contemporáneo.

El último gran censo oficial, realizado en 2024 por el Haut-Commissariat au Plan (HCP), señala que aproximadamente el 24,8 % de la población utiliza alguna de las expresiones lingüísticas amazigh. La proporción asciende al 33,3 % en el medio rural y se mantiene en un significativo 19,9 % en las ciudades.

Al mismo tiempo, el 91,9 % utiliza darija, el árabe marroquí. Los porcentajes se solapan: no describen dos poblaciones herméticamente separadas, sino una sociedad profundamente mestizada y multilingüe.

Esa es probablemente la mejor respuesta a la pregunta de cómo se han integrado los bereberes en el Marruecos actual.

En realidad, hablar de «integración» puede resultar engañoso porque los amazigh no son una población extranjera que haya tenido que integrarse en Marruecos: forman parte de su población histórica constitutiva.

Durante siglos se han mezclado poblaciones arabófonas y amazighófonas, se han compartido religión, ciudades, matrimonios, mercados, instituciones y formas culturales. Una persona puede tener raíces familiares amazigh y expresarse habitualmente en darija; otra puede utilizar ambas lenguas; y otra puede mantener como primera lengua el tarifit o el tachelhit.

La frontera entre «árabe» y «bereber» es, por tanto, mucho menos nítida de lo que una lectura étnica europea podría sugerir.

Cuando el nuevo Marruecos quiso ser principalmente árabe

El problema moderno surgió especialmente después de la independencia de Marruecos en 1956.

Como ocurrió en otros países del Magreb, las nuevas élites buscaron reforzar una identidad nacional que permitiera dejar atrás el dominio colonial francés. La lengua árabe se convirtió en uno de los principales instrumentos de aquella construcción nacional.

La arabización pretendía recuperar una lengua y una cultura que habían quedado subordinadas al francés durante el Protectorado, pero tuvo una consecuencia importante: la cultura y las lenguas amazigh quedaron durante décadas en una posición secundaria dentro del sistema educativo, la administración y el relato oficial de la nación.

La historiografía sobre el Marruecos contemporáneo ha documentado esa marginación. Un estudio de Cambridge sobre la construcción de la nación marroquí señala que la lengua y cultura amazigh quedaron relegadas después de la independencia en favor del arabismo y de una concepción de unidad lingüística y cultural.

Lo amazigh sobrevivió fundamentalmente porque continuaba vivo en las familias, pueblos, canciones, tradiciones orales, comunidades rurales y redes sociales locales.

No desapareció.

Pero durante mucho tiempo tenía mucha más presencia en una casa del Atlas que en un ministerio de Rabat.

El giro histórico de 2001

El cambio comenzó a hacerse visible a finales del siglo XX y adquirió una dimensión institucional decisiva en 2001, cuando se creó el Institut Royal de la Culture Amazighe, IRCAM, institución encargada de estudiar, preservar y promover la lengua y cultura amazigh.

Posteriormente comenzó la introducción del amazigh en el sistema educativo y se adoptó el tifinagh como escritura institucional.

Pero el gran salto se produjo en 2011.

La nueva Constitución marroquí reconoció al amazigh como lengua oficial del Estado junto al árabe.

El cambio iba mucho más allá de una cuestión lingüística. El propio discurso constitucional pasó a definir Marruecos como el resultado de la convergencia de componentes árabe-islámicos, amazigh y saharo-hassaníes, enriquecidos además por influencias africanas, andalusíes, hebraicas y mediterráneas.

Posteriormente, la Ley Orgánica 26-16 estableció las etapas para hacer efectiva esa oficialidad e integrar progresivamente el amazigh en la enseñanza y en distintos ámbitos prioritarios de la vida pública.

Es una transformación histórica: aquello que durante décadas había permanecido principalmente en la esfera familiar y regional comenzó a convertirse jurídicamente en patrimonio de todo Marruecos.

Tifinagh entra en los ministerios

Hoy el cambio puede verse literalmente en las calles.

Las letras geométricas del tifinagh aparecen junto al árabe en numerosos edificios oficiales, carreteras, estaciones, instituciones y carteles públicos.

El Gobierno marroquí ha comenzado además a incorporar personal amazighófono a la administración. Según datos difundidos oficialmente en 2025, se habían incorporado 464 agentes amazighófonos para facilitar la comunicación con ciudadanos en distintos servicios públicos y otros 69 trabajaban en diez centros de llamadas. La Administración había introducido además amazigh en unos 3.000 rótulos y paneles, y estaba preparando nuevas incorporaciones de personal y proyectos con decenas de municipios.

La integración también ha llegado al calendario.

Desde 2024, el 14 de enero, Año Nuevo Amazigh o Yennayer, es día festivo oficial y remunerado en Marruecos. La decisión había sido anunciada por Mohamed VI en mayo de 2023. En el calendario oficial marroquí de 2026 figura ya junto a las grandes festividades nacionales.

En ciudades como Agadir, el Yennayer se ha convertido además en una importante celebración cultural pública con conciertos, exposiciones, gastronomía, cine, artesanía y actividades dedicadas a la identidad amazigh.

Una lengua oficial que todavía se escribe poco

Pero sería un error convertir esta recuperación en una historia completamente resuelta.

El contraste más revelador vuelve a estar en el censo.

Mientras el 24,8 % de los marroquíes utiliza expresiones amazigh, únicamente alrededor del 1,5 % de la población alfabetizada declara saber leer y escribir amazigh en grafía tifinagh, según los resultados nacionales del censo de 2024.

La distancia es enorme.

Muestra una lengua que continúa teniendo una poderosa transmisión oral pero cuya alfabetización institucional es todavía relativamente reciente.

La investigación académica sigue señalando dificultades para extender plenamente su enseñanza: disponibilidad de profesores, materiales, implantación territorial y diferencias sobre el papel que debe desempeñar dentro del sistema educativo. Más de una década después de obtener reconocimiento oficial, los estudios continúan hablando de obstáculos estructurales para su aplicación efectiva.

Incluso las propias instituciones marroquíes reconocen que quedan desafíos. El rector del IRCAM, Ahmed Boukous, señalaba en 2025 la necesidad de acelerar la generalización de la enseñanza del amazigh y su incorporación a la administración.

Por eso quizá sea más preciso hablar de una cultura históricamente marginada y actualmente en recuperación que de una cultura olvidada.

Marruecos recupera una parte de sí mismo

La historia contiene finalmente una paradoja.

Durante siglos Europa llamó «moros» a los habitantes musulmanes situados al otro lado del Estrecho. La palabra procedía de aquellos antiguos Mauri que Roma encontró en el norte de África.

Pero aquellos Mauri no eran árabes.

Pertenecían al antiguo sustrato norteafricano del que proceden las culturas amazigh.

Después llegaron Roma, el cristianismo, el Islam, las dinastías árabes y amazigh, Al-Ándalus, los imperios magrebíes, el colonialismo europeo, la independencia y la arabización. Cada época dejó una capa nueva.

La cultura amazigh sobrevivió debajo de todas ellas.

Hoy un joven del Rif puede hablar tarifit con su familia y darija con sus amigos; otro del Souss puede vivir en Casablanca sin renunciar a sus raíces; una administración de Rabat puede colocar en su fachada palabras escritas en tifinagh y una familia arabófona celebrar Yennayer como una fiesta de todo Marruecos.

Ese probablemente sea el cambio más profundo.

Lo amazigh está dejando de presentarse exclusivamente como la cultura de determinados pueblos de montaña para recuperar oficialmente su lugar como una de las raíces de la identidad marroquí.

No se trata simplemente de que los bereberes se hayan integrado en Marruecos.

En buena medida, Marruecos está empezando a reconocer que nunca habría existido como realidad histórica sin