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El Cristo de San Pedro y las Angustias llenan de silencio, saeta y solemnidad la noche del Viernes Santo en Marchena

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La Archicofradía del Santísimo Sacramento, del Santísimo Cristo de San Pedro, María Santísima de las Angustias, Nuestra Señora del Rosario y San Juan Evangelista realizó este Viernes Santo su estación de penitencia desde Santo Domingo en una tarde de gran afluencia de público, marcada por el buen tiempo, la sobriedad del cortejo y la emoción contenida en uno de los momentos más esperados de la Semana Santa marchenera.

A las ocho y media de la tarde comenzó a abrirse paso la cruz de guía por Rojas Marcos, dando inicio a una salida que volvió a mostrar el sello propio de esta corporación: compostura, silencio, orden y una estética reconocible que sigue siendo una de las más personales de la Semana Santa local. Desde los primeros tramos de nazarenos quedó patente la importante participación de hermanos en la cofradía, con una presencia especialmente numerosa tanto en el tramo del Cristo como en el de la Virgen.

El Santísimo Cristo de San Pedro fue asomando poco a poco al dintel de Santo Domingo en una maniobra siempre compleja y medida, hasta quedar definitivamente en la calle entre el incienso, el recogimiento de la plaza y la expectación del público. El paso de misterio, escoltado por la Guardia Civil, lucía un exorno floral en tonos rojos y morados, con claveles color sangre de toro y una composición de aire silvestre que reforzaba el carácter penitencial del conjunto.

La cofradía avanzó después por San Francisco con esa forma de andar apretada y compacta de sus nazarenos, en una estampa de gran fuerza visual. La seriedad del cortejo, el respeto de los tramos y la madurez con la que se afrontó volvieron a poner de relieve el oficio y la experiencia de una hermandad veterana, con una nómina amplia de hermanos y una participación intergeneracional muy visible en sus filas.

Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con el tránsito del Cristo de San Pedro hacia San Andrés. Allí se renovó una de las escenas más íntimas y conmovedoras del Viernes Santo marchenero: la presentación de los titulares ante el convento de clausura. El paso se adentró ante la puerta del cenobio, mientras el silencio de la plaza se hacía aún más denso y brotaban las quintas y saetas propias de la corporación, uno de los rasgos más singulares de esta hermandad.

La música de capilla y el canto de versículos del Miserere acompañaron también el discurrir del crucificado, reforzando esa atmósfera austera y litúrgica que distingue a la cofradía. A ello se sumó la belleza oscura de enclaves como la calle Obispo Salvador Barrera, uno de los rincones más esperados por los aficionados a la saeta, donde la penumbra, el silencio y la estrechez del callejero convierten el paso de la hermandad en una escena de especial intensidad.

Tras el Cristo llegó el turno de María Santísima de las Angustias, cuya salida estuvo igualmente cargada de expectación. El paso de palio, que avanzó con cierto ritmo para recuperar el tiempo perdido en la salida del Cristo, dejó una de las imágenes más celebradas de la jornada al ganar la calle entre aplausos del público. La Banda Villa de Marchena volvió a acompañar a la dolorosa, manteniendo esa unión ya inseparable entre la formación musical y la Virgen de las Angustias.

El tramo del palio presentó varias novedades en su conjunto de orfebrería, con reforma del juego de varas del regimiento y nuevas piezas realizadas por Orfebrería JMG Cobo, además del lábaro de la juventud donado por el grupo joven. También destacó el plateado y dorado de varales y respiraderos, así como la incorporación de ramilletes de flores de talco, inspirados en la ornamentación conventual antigua. En lo floral, la Virgen volvió a lucir el tradicional clavel blanco, acompañado por otras especies que subrayaban el sentido de pureza y elegancia del paso.

No pasó desapercibido tampoco el rostrillo de la Virgen, uno de los elementos que más comentarios despertó entre los presentes, dentro de un conjunto que volvió a mostrar el gusto de la hermandad por una línea estética cuidada y coherente. Todo ello se vio reforzado por el impecable trabajo de la cuadrilla y por una selección musical de tono sobrio y fúnebre, en consonancia con el carácter de la corporación.

La noche dejó además una imagen clara: la de una Marchena volcada con su Viernes Santo. La plaza del Ayuntamiento presentó un lleno notable desde mucho antes de la salida, y distintos puntos del recorrido mostraron una afluencia de público especialmente alta, en una Semana Santa que está registrando una importante presencia de vecinos y visitantes en las calles.

Con el Cristo de San Pedro abriéndose paso entre el recogimiento de las saetas y la Virgen de las Angustias alejándose con la candelería encendida, Marchena volvió a vivir uno de esos Viernes Santos en los que la tradición no solo se contempla, sino que se respira. La archicofradía volvió a convertir la noche en un espacio de memoria, fe y belleza severa, dejando estampas de gran hondura en el corazón del municipio.