Las famosas bolas rellenas que convirtieron al pastelero sevillano Gonzalo Díaz Alba en un fenómeno de las redes sociales ya pueden encontrarse en Marchena. El producto ha comenzado a venderse en varios quioscos de la localidad y en el supermercado Covirán situado en la calle San Pedro, acercando al público marchenero uno de los dulces más virales nacidos en Andalucía durante los últimos años.
La historia comenzó de manera espontánea. Gonzalo, integrante de una familia dedicada a la repostería en Coria del Río desde 1992, apareció entregando un pedido a su amiga Rocío en un vídeo de TikTok. Una frase pronunciada con naturalidad —«te traigo mis bolas»— desató los comentarios, las bromas y una difusión que nadie había previsto.
De aquel momento nació el personaje de “Gonzalo el de las bolas”. El pastelero abrió sus propios perfiles en las redes sociales y comenzó a recibir pedidos procedentes de distintos puntos de España. Según explicó el propio Gonzalo a Radio Sevilla, el obrador familiar llegó a producir alrededor de 5.000 unidades diarias durante el momento de mayor expansión del fenómeno.
Más allá del juego de palabras que impulsó su popularidad, el producto responde a una fórmula reconocible: bollería de elaboración tradicional, masa esponjosa y un relleno abundante que se desborda al abrirla o morderla. La firma ha elaborado variedades de chocolate, Kinder, chocolate blanco y pistacho, aunque la disponibilidad concreta puede variar en cada establecimiento.
El éxito también ha generado vídeos de degustación, retos para intentar comer una pieza en menos de un minuto y apariciones en programas radiofónicos y perfiles de creadores de contenido. Lo que comenzó como una conversación entre amigos terminó convertido en una pequeña marca popular vinculada directamente con el rostro y la simpatía de su creador.
Ahora el fenómeno alcanza Marchena. Los consumidores interesados pueden preguntar por las existencias en los quioscos que han incorporado el producto y en el Covirán de la calle San Pedro. Al tratarse de un artículo sometido a una demanda considerable, conviene confirmar previamente su disponibilidad.
La llegada de las bolas de Gonzalo también demuestra cómo las redes sociales pueden transformar un producto de un obrador familiar en un fenómeno comercial. En este caso, la viralidad no nació de una campaña publicitaria calculada, sino de una frase espontánea, una cámara encendida y una tradición repostera que llevaba más de tres décadas funcionando antes de que llegara la fama.