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La fiesta de los locos, el carnaval de invierno que trajeron los europeos a Andalucía

El 28 de diciembre se desarrolla cada año en Gilena la fiesta de los Tontos, una tradición ancestral recién recuperada que fue traída a Andalucía por inmigrantes europeos. En la provincia de Sevilla hay registros escritos de esta fiesta desde Marchena a Gilena, Ecija o Luisiana y que arraigó especialmente en los pueblos de repoblación.
Pudieron traerla las colonias de genoveses que llegaron al Marquesado de Estepa desde el XVI según David Ruiz, director de la colección Museográfica de Gilena con origen en el medievo europeo y antecedentes en la antigua Roma con las fiestas de la Lupercales y Saturnales. Su intención era entonces invertir el orden social y que por unas horas el pobre pudiera mandar al rico y viceversa.
Gilena está celebrando, esta mascaradas de invierno arraigadas y reconocibles de la localidad. Desde primeras horas del día, la actividad ha comenzado en la Colección Museográfica de Gilena, donde se ha llevado a cabo el proceso de vestimenta y preparación de los participantes, siguiendo fielmente los usos tradicionales.

A partir de las once de la mañana, los Tontos de las Cañas recorren las calles del municipio, ataviados con ropas antiguas heredadas de abuelas y bisabuelas y portando las cañas recogidas en los jardines de la propia Colección Museográfica. El ambiente festivo y popular ha ido ganando presencia en el casco urbano, despertando la curiosidad de vecinos y visitantes que se acercan a presenciar una tradición única en la comarca.
Esta celebración forma parte del conjunto de las Mascaradas de Invierno de la Península Ibérica y está catalogada como fiesta singular por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, reconocimiento que subraya su valor como patrimonio cultural inmaterial. Gracias a esta tradición, Gilena es conocida con orgullo como el “Pueblo de los Tontos”, un apelativo que refuerza su identidad cultural y su proyección exterior.
La edición de este año está contando con una amplia participación, una de las más numerosas desde la recuperación de la mascarada, y está siendo documentada por el fotógrafo extremeño Diego J. Casillas Torres para un catálogo ilustrado que recogerá el proceso, los recorridos y los detalles etnográficos de la fiesta.
Al caer la noche, tras un alegre pasacalles musical, todo el pueblo se congrega en el Paseo de Andalucía para un baile popular amenizado por orquesta y un concurso de disfraces que premia las caracterizaciones más ingeniosas. La fiesta suele prolongarse hasta la madrugada, tanto que el 29 de diciembre es fiesta local en Gilena: nadie trabaja al día siguiente, en reconocimiento tácito de que los excesos inocentes de la noche merecen una resaca sin prisas.
No muy lejos de Gilena, otra localidad sevillana ha hecho del 28 de diciembre un símbolo festivo, aunque de forma más reciente. En la pedanía de Los Rosales (municipio de Tocina, Sevilla) cada año se organiza una animada Fiesta de Disfraces de los Inocentes, tradición iniciada hace unas cuatro décadas y ya plenamente arraigada. Aquí no hay reminiscencias de varas ni azotes: lo que comenzó a principios de los años 80 como una simple convocatoria para que los vecinos se disfrazasen el Día de los Inocentes, se ha consolidado en un evento comunitario intergeneracional. Niños, jóvenes y mayores se engalanan con sus mejores ocurrencias –desde sátiras de personajes famosos hasta trajes humorísticos de cosecha propia– y salen a recorrer las calles en pasacalles llenos de colorido.
El 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes, se elegía en la iglesia al obispo de los locos con el fin de pronunciar un discurso grotesco. Después acontecían una serie de excesos o desenfrenos donde los prelados ponían en guardia a sus clérigos. Los locos, salían por la calle provocando verbalmente a las damas que encontraban, abucheaban a los cornudos y paseaban públicamente al marido dominado montándolo en un asno al revés.
Nave de los locos. El Bosco.
Los tontos de Gilena van vestidos con trajes sencillos de campo y armados con cañas van molestando a todo aquel que ven en la calle por pura diversión hasta que suenan las campanas de la hora del angelus, cuando siguiendo la tradición, los locos o tontos deben cesar sus bromas. Por la tarde noche la fiesta se convierte en carnaval.
La Fiesta de los Locos fue una celebración de corte popular propia de la Edad Media y el Renacimiento europeos e inscrita entre las libertates decembricae, un conjunto de festividades de raigambre pagana que se desarrollaba entre los últimos y los primeros días del año.
«Hay breves referencias al origen de la fiesta en publicaciones y siempre con fuentes orales. Los locos invadían las casas ajenas, las muchachas se escondían debajo de las camas. Esta fiesta fue prohibida por la Guardia Civil durante la dictadura, supuestamente por los desmanes cometidos en algunas ocasiones» indica David Ruiz García, director de la Colección Museográfica de Gilena.
Referencias escritas de la Fiesta de los Locos se conservan en los Villancicos de la Iglesia de San Juan de Marchena escritos en 1712.
Caro Baroja señaló que el ciclo carnavalesco arranca con el día de S. Nicolás (6 de diciembre) y la elección del «obispillo», hallando también conexión de máscaras con las Cofradías de Ánimas como es el caso de Ecija.
El villancico de la fiesta de locos de San Juan de Marchena presenta a varios personajes o locos, el primero quiere ser emperador. «Este primero es un loco, que como es su devaneo, scr Emperador de Niños, también lo querrá ser vuestro. (..) Dicen que soy Loco, y mienten; que yo cuerdo soy». Este primer loco cumple con el precepto de la Fiesta de los locos que era nombrar un obispo ficticio.
Julio Caro Baroja en su obra “Comparsas de locos y cofradías de las Ánimas” describe así la Fiesta de Locos que se desarrollaba en la Ciudad de Écija organizada por la hermandad de Animas para recaudar fondos para hacer cultos a las Animas. En algunos lugares se denomina Carnaval a la fiesta de la cofradía de Animas.

En medio de una gran expectación se oye a lo lejos el tamboril y la gaita de los “locos”, y en esto aparece entre la masa de gente apretada el grupo de escopeteros de a pie y a caballo que custodian a aquellos y los anuncian. Los “locos” son trece: doce “locos” propiamente dichos y una “loca”. La “loca” es un mozo con “zagalejo y chaquetilla, grandes zarcillos y pulseras de latón dorado”.
“Los “locos” van vestidos de blanco “enaguas puestas a modo de toneletes, en las que sirven de adornos las puntas, bordadas con primor por las novias y las esposas”. A la cintura llevan la faja moruna, y en el pecho, sobre camisolines y pecheras rizadas, un sinnúmero de lignumcrucis, amuletos y antiguos relicarios.